Regresé a mi casa con cierta irritación gracias a la noticia que nos dio nuestra querida profesora de historia.
¿Qué rayos va a tener de divertido que mis 47 compañeros de clase vengan al bosque a jugar a mi lugar favorito mañana en la noche? ¡Nada! ¡Para mí no será divertido!
—¿Por qué esa carita, mi niña? —me preguntó mi abuela con diversión al ver mi cara de pocos amigos.
—Mañana es Halloween... —musité con los brazos cruzados sobre mi pecho hundiéndome más en el sillón marrón de terciopelo que teníamos en la sala.
—¡Grandioso! —exclamó dando un aplauso con emoción.
—No es ni de cerca grandioso abuelita, mañana en la noche vendrán al bosque a celebrarlo —le expliqué con disgusto.
—¿Y eso qué tiene de malo? —me cuestionó riendo.
—Que jugaremos en el bosque y también en el laberinto. Y lo peor, disfrazados de algún personaje característico de Halloween.
¡Ay, no!
—¿Cómo sabes que hay un laberinto aquí? —me preguntó con su ceño fruncido.
—Bueno... eso dijo la profesora, creo que todo Kentucky sabe de ese laberinto —me excusé rápidamente.
—¿Y tú quieres ir? —me preguntó sonriendo con complicidad.
Algo trama esta mujer.
—¿Me dejarías ir? —le regresé la pregunta atónita.
—Por supuesto que sí, ¿acaso quieres quedarte aquí y aburrirte en una fecha tan importante?
—Es una simple fiesta mundana ligada a los placeres y con un fin meramente de mercadotecnia —respondí sin relevancia.
—El Halloween va más allá de eso querida, no seas aguafiestas.
—¿Y qué voy a usar de disfraz? No tengo nada.
—Por eso no te preocupes, corazón —me contestó sonriendo—. Tú tienes tu capa roja y yo podría ponerle un corset bonito a aquel vestido blanco con rojo que tienes para hacerlo parecer al de Caperucita Roja —finalizó con emoción.
—¡Pero abuela, ese vestido me queda cuatro dedos arriba de la rodilla! —le repliqué alterada.
Ni loca uso ese vestido en la noche con veintiséis compañeros VARONES dentro del laberinto.
—Puedes usar medias negras, mi niña —me respondió con tranquilidad—. Ahora, ve por el vestido para que le empiece a poner el corset.
Subí refunfuñando a mi habitación y comencé a buscar en mi closet el vestido que quería mi abuela. Ciertamente es un vestido bastante lindo, pero es corto y atrevido a mi parecer. Cuando encontré la dichosa prenda, la saqué de mi armario con todo y gancho, salí de mi habitación y bajé nuevamente las escaleras corriendo para dárselo a mi abuelita.
—Quedará más lindo el vestido de lo que ya está —comentó mi abuela en cuanto se lo entregué.
—Lo dejo en tus manos, abuelita —le dije con voz melancólica—. Subiré a mi habitación a leer —le informé comenzando a subir las escaleras.
—¡Bajas a las nueve para cenar! —me comentó dirigiéndose hacia la sala para empezar a trabajar en mi vestido.
—¡Sí! —exclamé desde la puerta de mi habitación.
Acostada en mi cama, hojeaba lentamente mi libro cuando terminaba de leer sus páginas. Noche de Epifanía, eso era lo que leía. Tal vez simplemente soy una fanática de Shakespeare.
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El lobo
FantasiEl destino es un encadenamiento que está siempre presente en nuestras vidas, sabemos que es completamente necesario, pero también fatal. No sabía lo mucho que el destino se aferraba a que SeHun y yo estuviéramos juntos. Es curioso descubrir que la...
