Capítulo 51

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Jueves, un jueves devastador. Acabo de salir de la práctica de ballet y no siento las piernas. Son las cuatro de la tarde, solo tuve diez minutos para descansar desde las siete de la mañana y de verdad siento que voy a desmayarme en cualquier momento. Y digamos que Max ayudó a que me sienta así. Por su culpa me dormí a las tres de la mañana, y él también fue el causante de que no sintiera las piernas.

Tomo mi celular para revisar mi teléfono, pero no es necesario que lo haga porque veo el coche de Max al otro lado de la calle. Jueves, jueves y estoy cada vez más desesperada. Muero por ese viaje, pero también muero por él. Voy a extrañarlo como una loca, y es por eso que le he dicho que sí todas las veces que quiso. Quiero aprovechar cada segundo a su lado.

Cruzo la calle, abro la puerta del coche, me coloco el cinturón y después me volteo para verlo. Está algo sudado, se le nota en la camiseta, pero, por Dios, se ve malditamente sexy así.

—Hola —susurro después de besar sus labios.

—Hola —responde de la misma manera que yo, pero no hay nada más. Ni una sonrisita, nada. Max es más, y claramente ya me acostumbré por completo a él.

—¿A dónde vamos? —pregunto cuándo acelera por la avenida repleta de gente. Hay algunas gotas de lluvia sobre el parabrisas y la canción que suena de fondo es algo pesada para mi gusto, incluso para el gusto de Max.

—Tengo una sorpresa para ti —comenta sin apartar su mirada del camino.

Frunzo el ceño y lo miro por varios segundos, hasta que logro ver que sonríe, pero no, tampoco me mira. Lo está disfrutando, puedo notarlo, o en realidad está nervioso, no sé cuál de ambas exactamente.

—¿Almorzaste?

Miro la ventanilla rápidamente y finjo que no escuché lo que acaba de decirme.

Noto que sigue mirándome y por el rabillo del ojo puedo ver su mala cara.

—Kya... —me llama. Es ese tono frío de nuevo.

—No pude hacerlo, Max. No porque yo no quería, sólo que no me dieron tiempo, ¿de acuerdo? —digo un tanto molesta—. No lo hago a propósito.

Max suelta uno de esos suspiros que nunca sabes que significan exactamente, después dobla a la derecha y estaciona frente a un local de comida rápida.

Lo miro, y segundos después él me mira a mí.

—¿Tienes hambre? —pregunta aún con esa mirada dura y el cuerpo tenso. Después de lo de anoche él volvió a ponerse extraño, y trato de entenderlo.

—Tengo mucha hambre —aseguro en un susurro. Me acerco a él y con cuidado coloco mi mano en su mejilla—. Creo que sé cómo te sientes por lo de anoche, Max...

—Estoy tratando de...

—Estás tratando de no arruinarlo, lo sé, pero... —acerco mi boca a la suya y mi otra mano la pongo detrás de su cabeza. Él está aterrado, este no es su estilo, pero tiene que acostumbrarse—, cuando regrese a Londres voy a querer que todas nuestras veces sean como la de ayer, Max. Y sé que vas a poder hacerlo...

—Vamos a comer, Kya —me responde.

Lo miro unos segundos y asiento.

—Sí, vamos.

Lo beso levemente y él se baja con algo de prisa.

Esto será difícil, él sabe que me hizo el amor más de dos veces ayer, pero también sé que él está sorprendido por eso. No lo esperaba y yo tampoco.

 KYA - Deborah Hirt ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora