La vista de la oficina hacia la calle era perfecta. Un lujo que muy pocos podían disfrutar. Pero que para Simon Collins no era algo imposible. Su oficina estaba en un decimonoveno piso que contaba con grandes paneles de vidrio a su alrededor, lo cual permitía un mejor ingreso a la luz natural y, sobre todo, ver todo lo que pasa afuera. Si hoy hubiera sido un día común, Simon estaría sentado en su escritorio, revisando desde la computadora los proyectos o negocios que faltan concretar. Hubiera hablado con su secretaria para que le tenga todo listo para la reunión que tenía hoy día. Tal vez, hubiera ido a buscar a su esposa para almorzar juntos, ya que sus centros de trabajo quedaban a 10 minutos de distancia. Pero no. Hoy no era uno de esos días comunes.
<<Hoy era un día distinto>>.
Simon estaba en una esquina de la oficina sentado en el oscuro sofá de cuero de estilo inglés, mientras miraba por la enorme ventana la hermosa ciudad que lo rodeaba. Pero su mente no estaba ahí. Bueno el trataba de que así sea, sin embargo, de una mente uno no se escapa ni cerrando los ojos. Él estaba pensando en Hanna. Su linda Hanna.
Se supone que estaba enojado con ella, y no debería estar pensando en correr hacia sus brazos y abrazarla. Preguntarle si se siente bien o si quiere algo. Pero el orgullo podía más. Quería que ella se diera cuenta del gran error que había cometido al negarle la existencia a un hijo de ellos dos. Sin embargo, él no iba a durar mucho en esa posición. Sabía que la chica estaba arrepentida. Además, él le debía mucho a ella. Hanna le había dado la oportunidad de volver a estar juntos después de todo lo que él le había hecho. Todo por lo que la había hecho sufrir.
Cogió la taza de la pequeña mesa de café que estaba al frente del sofá y bebió un poco de su té de durazno. A ella también le encanta ese sabor de té. Sonrió para sus adentros recordando aquellos momentos en los que ambos solían compartir bebiendo té durante sus años de enamorados. Pero había un momento, que jamás olvidaría. Cuando ella lo esperaba con una taza de té en la noche después de un pequeño viaje de negocios que había tenido. Sin embargo, ese día, él le confesó que no la amaba. Que idiota que había sido. Cerró los ojos tratando de olvidar aquel episodio. No le hacía bien pensar en eso. Bebió otro poco de su té y su mente volvió a implantarle esos recuerdos que de joven había cometido. Era inevitable no recordar aquello. Principalmente, la conversación que tuvo con su padre hace 6 años.
Flashback
Acababa de dejar a Hanna en su casa después de haber celebrado sus once meses juntos el día de ayer. Estaba encantado con aquella chica. Hace apenas dos meses que le había dicho "Te amo". Simon había querido tomarse su tiempo y decirlo en el momento preciso. Ella había saltado a sus brazos y después habían hecho el amor de una manera más íntima y pasional. Bueno ayer tampoco había sido la excepción, ya que celebraban un mes más de estar juntos. Pero en la mañana habían tenido que despertar y volver ambos a sus casas. Hannah a la casa de sus padres ya que estaba de vacaciones por la celebración de las fiestas navideñas y además estaba en su último año en la universidad en Liverpool, mientras que Simon ya se había graduado hace un año y vivía solo en un departamento en la ciudad. Por eso, cuando sentía esa soledad y Hanna no estaba, corría hacia la casa de sus padres. Pero en estas fechas era diferente porque su hermana mayor que era bióloga que vivía en Australia venía de visita con su esposo y su hijo de 6 años. Tenía tantas ganas de hablar con Taylor, su hermana.
Con una sonrisa entró a la casa de sus padres y se topó con su pequeño sobrino jugando con el nuevo perro que su madre había comprado.
-¡Payton, llegó tu tío favorito! – Simon le habló emocionado al niño rubio de ojos oscuros.
-¡Tío Simon! ¡Estás aquí! – El infante corrió hacia sus brazos y él lo alzó.
-¿Cómo has estado? Te he extrañado – se separó un poco de él para verlo.
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La de la mala suerte
RomanceHanna tenía 21 años cuando se casó con el joven empresario Simon Collins. Su matrimonio creció con falsas ilusiones y ahora 4 años más tarde lleva la vida que jamás imaginó. Simon Collins la amaba, pero aquel sentimiento cambió cuando fue prácticam...
