Capítulo 28: Hanna & Simon

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Hanna

           
Desde que había dejado ese consultorio, sentí como mi alma pedía a gritos que avanzara y dejara todo ese drama que por años había vivido. Pero no es fácil...

<<Necesitaba de tiempo>>.

Entré a la casa sola, ya que había dejado a Katie en el kínder, porque un día anterior había pedido permiso para que pueda faltar las primeras dos horas.

Colgué mi blazer en el closet y también me saqué los botines. Últimamente, los pies me dolían.

-¿Simon?  - lo llamé al no verlo en la sala.

-Oh ya regresó, señora Hanna. – Ana, había aparecido.

-Hola Ana. – le sonreí. - ¿Simon ha salido?

-No. Ha subido hace una hora al dormitorio de usted. Se le veía algo cansado. – El departamento era un dúplex.

-Debe ser por el viaje. – dije preocupada y algo culpable.

Lo primero que había hecho al llegar a Londres, fue venir a vernos.

-Gracias Ana. Avísame cuando la comida esté lista. – con esto último subí las escaleras con cuidado, ya que estaba en medias.

Cuando llegué a la siguiente planta, entré a mi habitación y ahí estaba él. Recostado y descansando sobre mi cama Queen. Tenía los ojos cerrados, los labios semis abiertos y su respiración era tranquila. Sonreí al recodar lo hermoso que era mi esposo. Lentamente, me acerqué hasta la orilla de la cama y acomodé mi mano derecha sobre una de sus mejillas. Quería que se despertara calmado.

-Hanna... - mencionó mi nombre con los ojos aún cerrados.

-Hola Simon. – él sonrió. - ¿Qué haces acá arriba? Sabes que ya no compartimos habitación.

-Lo sé. Pero estaba demasiado cansado.

-¿Cómo ha estado tu viaje? – cambié de tema.

-Muy bien. Cerramos el contrato. Aunque algo agotado. – aún mantenía los ojos cerrados.

-¡Que bueno! Necesitas descansar... Pero antes, tenemos que hablar. - abrió los ojos de golpe.

-Cada vez que dices esa frase, es porque algo no anda bien. – me miró y después se levantó con cuidado de la cama. – Los he extrañado. – Me envolvió entre sus brazos y después acarició mi vientre. Lo cual sólo lograba que quisiera lanzarme sobre él. Malditas hormonas del embarazo. - ¿Y Katie? Pensé que no había ido a clases y estabas con ella. – deshizo nuestro abrazo.

-No. – respondí. – La acabo de dejar en el Kinder. – Asintió algo inseguro. Se notaba que tenía millones de preguntas. – Es mejor que nos sentemos. – Caminé hacía el sofá de dos cuerpos que tenía en mi habitación. Justo al lado de la ventana.

-¿Qué es lo que ha pasado?  ¿En dónde estuviste? – Después de sentarse a mi costado, empezó a cuestionarme.

-Tranquilo. – Me recosté en el respaldar del sofá. – Fui al psicólogo con Katie.

- ¿Qué? ¿Por qué? – sus ojos que de por sí eran grandes, estaban mucho más.

-Noté un comportamiento algo extraño en Katie y decidí llevarla. – Vi sus intenciones de preguntarme, pero levanté la mano para que me dejará hablar. -Ella piensa que una mujer sólo es feliz cuando esta con un hombre al lado. Cree que ella necesita de un hombre para recién "ser alguien". Piensa que es normal que los padres peleen continuamente. Cree que la relación que mantuvimos tú y yo es normal. Lo de tener habitaciones separadas, no besarnos, entre otras cosas. – Simon se había quedado en shock. – ¡Y sólo tiene cuatro años! – me pasé una mano por el rostro.

La de la mala suerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora