Capitulo 21: Gianella Ortiz

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—¿Y todavía te sorprende que Flor se haya ido? Pobre mujer, ¡con el susto que le diste el año pasado!—recordó Rachelle, entrando por el portón junto a Kassandra.—No me extraña que haya desistido de enseñarte.

—Hablas como si...—Kassandra se iba a defender de esa acusación, pero al momento recordó que si, Rachelle tenía toda la razón, ella casi había inducido al suicidio a la profesora Flor—¡Bueno ya! ¿Te enteraste del chisme de la nueva?

Los primeros dos días los alumnos no dejaron de hablar de la nueva profesora, la que reemplazaría a Flor ese año, se hablaba de ella en los salones, en los pasillos y mientras se aplastaban unos con otros para comprar en la tienda. Algunos, como Julio, decian que habian visto a la nueva modelando en una pasarela de Miss Universo, otros, como Daniel, aseguraban haberla visto en su película porno favorita... ¿hace falta mencionar que Jessica casi lo tira de las escaleras cuando escucho eso? Al final confesó que era una broma, pero el susto de casi romperse el cuello en la caída se le quedó grabado en la mente.

Como les seguia diciendo, esos primeros días de clases se contaban maravillas sobre ella, los pocos que hasta ahora habían tenido clases con ella decían que tenía muy amplios conocimientos sobre los temas de los que les hablaba a sus alumnos. Claro, al principio Landra no entendió (inocente la nena), pero, como siempre, Kassandra llegaba a salvar el día... y ocasionar un nuevo trauma en su amiga.

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Caminaba entre las aulas, le gustaba ser una persona puntual, así que se dirigía a la aula en la que tendría que impartir clases antes de que toquen el timbre. Con cada paso que daba, sentía que alguien se le quedaba mirando, vigilando cada uno de sus movimientos, ¿y cómo no hacerlo? Si la condenada estaba guapísima.

No era baja, pero tampoco alta, una estatura promedio acompañada de una buena figura, de tez blanca, cabello negro y largo (aunque en estos momentos lo tenía amarrado en una cola de caballo) que brillaba al estilo de comercial de shampoo, ojos claros, cejas bastante espesas, labios finos... hagamos esto más fácil: Salma Hayek en sus mejores épocas, ¿ahora si se hacen una idea? Perfecto.

Apenas había terminado su carrera de docente hace dos años, su primer trabajo fue en una escuela particular, con muchos menos alumnos de los que contaba la República, su nuevo centro de trabajo. Hasta el momento todo iba genial, claro, eso hasta que conoció el aula de Quinto ''B''.

Sus nuevos colegas ya se lo habían advertido antes, muchas veces, pero ella solía creer que todo eso era una broma que ellos le gastaban, pero, tenían toda la razón. Lo comprobó ese día.

La primera cosa que vió al entrar a esa aula fue a los alumnos en una furiosa guerra de tizas, se quedó de piedra en la puerta, contemplando aquel escenario sin decir palabra alguna.

Uno a uno, los alumnos fueron cayendo en sus carpetas, derrotados, otros se escondían debajo de las mesas gritando que se rendian, al final solo quedo una. La reconoció de inmediato por las rápidas descripciones que otros profesores le habían dado.

Kassandra Gamín.

—¡Gané, gané!—gritaba, saltando encima de una de las mesas.

Se calló cuando vio a la nueva profesora parada en la puerta, se congeló en su lugar. Sus amigos levantaron la mirada para descubrir la razón por la que interrumpió sus cantos de victoria, fue cuando la vieron.

—Demonios, ¡es la nueva!—exclamó una chica, mientras las gafas se le caían de la sorpresa.

Al segundo de escuchar eso, todos se levantaron y, en apenas segundos, ordenaron sus carpetas, recogieron sus armas del suelo y se sentaron como todos unos angelitos. Incluso Kassandra, que maldecía sin dejar de reírse.

¡La culpa es de Kassandra!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora