Capitulo 27: Te tiro un sillazo

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Al entrar al colegio, solo miró burlonamente a sus amigos y compañeros de aula, que estaban reunidos afuera del aula de Tutoría. Dentro de ella, se encontraban sus padres, que habían sido citados porque sus hijos intentaron convertirse en arcoiris vivientes.

Por las caras de terror de los muchachos, Kassandra supuso que a más de uno le iban a marcar el trasero a correazos, pero ella, lejos de sentir pena por sus amigos, se reía al solo imaginar sus gritos desgarradores.

—Buenas tardes—saludo Kassandra a Gianella, tímidamente, entrando al salón de clases donde su profesora ya se encontraba. Esa mujer si que amaba la puntualidad.

Aún no olvidaba del todo el día en el que ella le gritó, así que se sentó sin hacer mucho ruido y intentando no tener ningún tipo de contacto visual con su profesora.

—¿Crees que es ridículo intentar hacer clase con solo una alumna?—preguntó Gianella, levantando la vista de su libro y mirando a Kassandra.

Ahora estaba mucho más feliz que la última vez, al parecer su mal humor se había esfumado por completo. Kassandra ya no se sintió tan intimidada y se animó a mirar a su profesora, para descubrir que ella le sonreía de oreja a oreja.

—Creo que sí—contestó Kassandra, devolviendole la sonrisa—¿Que está leyendo?—Kassandra se levantó de su mesa y se fue a sentar en la que estaba al frente del escritorio de Gianella.

Gianella levantó su libro y se lo pasó a Kassandra, que lo cogió con mucha curiosidad.

La ciudad y las bestias... Interesante, ¿de qué trata?

—De gatos intergalácticos que intentan dominar el universo con atún—respondió Gianella, sarcásticamente.

—Si, ya se, ha sido una pregunta algo tonta....

—Es bueno que lo reconoz... disculpame un momento...—Gianella cogió su celular y contesto la llamada.—Sí... ¿Esta noche? ¿Hablas en serio, Na...?—Se detuvo y miró con timidez a Kassandra.

A la chica no le gustaba para nada escuchar conversaciones ajenas y menos que creyeran que lo estaba haciendo, intentó desviar su atención y fijó su mirada en una de las ventanas, tarareando suavemente una de las canciones de Alejandro Sanz, la misma que su madre había escuchado hasta el cansancio esa mañana. Fue cuando se dio cuenta que Gianella había colgado que volvió la mirada hacia su profesora.

—Invitandome a salir así de repente, que se ha creído...—murmuró, fingiendo estar molesta pero la verdad es que sus mejillas se habían sonrojado un tanto, haciéndola más linda de lo que ya era.—Aunque, no estoy tan segura... No se si ir, aunque bueno...

—¿Su novio?—adivino Kassandra, mirandola picaramente.

—Mi... pareja...—contestó Gianella, fijando la vista en sus zapatos de tacón, como si fueran la cosa más interesante de el universo.—No, no... si, mi novio...

Tal vez pensó que había dicho de más con la persona equivocada, por eso había dicho esas dos últimas palabras, pero Kassandra tenía un cerebro que le permitía entender que un solo tipo de personas en este mundo seria muy aburrido.

—Profesora, no piense en las diferencias como un obstáculo...—dijo Kassandra, muy lentamente—Solo piense en... como si ellas fueran una oportunidad para aprender más, para practicar la tolerancia y el respeto... Para... Para abrir nuestra mente al mundo...

Gianella la escuchó muy atenta, cuando Kassandra término de hilar sus ideas, le dedicó una gran sonrisa, tan típica de ella.

—¿Cuantos años tienes?—quiso saber Gianella, poniendo las manos en su escritorio y mirando a su alumna directamente a los ojos.—Haces que vuelva a tenerle fe a la juventud actual—confesó.

¡La culpa es de Kassandra!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora