Había llovido toda la noche, pero por suerte, cuando amaneció, el cielo ya estaba despejado. Me desperté muy temprano, aunque no tenía la fuerza suficiente para salir de la cama. Aun así, debía hacerlo.
Si no sales de aquí, no podrás recuperarte, me había repetido Woohyun más de una vez.
Él pasaría a recogerme en media hora, así que tenía que apurarme.
Después de un rato, me senté frente al espejo y comencé a maquillarme. Las ojeras y el descuido de mi piel eran evidentes. El maquillaje me quedó demasiado cargado, pero era eso o enfrentarme a la realidad sin armadura.
Me quité el uniforme y opté por algo sexy. Si quería volver a ser como antes, tenía que deshacerme de esa fea ropa que me hacía ver débil. Justo en ese momento, me llegó un mensaje de Woohyun.
Estaba afuera.
Por suerte, Nana y Hyemin no se habían dado cuenta de sus visitas nocturnas.
—Pero qué hermosa estás —dijo al verme salir de casa—. Así dan ganas de faltar. —Sonrió, juguetón.
—Llegas demasiado caliente —le respondí coqueta, mientras deslizaba mis dedos por su torso. Se sorprendió ante mi comentario.
—No me digas que...
—Bebé, ya estoy de vuelta —dije divertida, colocándome el casco antes de subir a la moto.
Durante el camino, Woohyun hizo varias maniobras con la moto que me hicieron gritar de emoción. Fue divertido... al menos hasta que nos detuvimos frente a la universidad.
Mi tranquilidad comenzó a desmoronarse y la tristeza se apoderó de mí.
—Ve entrando. Tengo que dejar la moto en otro lado. Vuelvo en un segundo —dijo.
—Claro, bebé.
No podía creer lo bien que estaba actuando, pero en cuanto lo vi alejarse, me temblaron las piernas y el corazón me empezó a doler.
Voy a estar bien, me repetí.
Al entrar al aula, todos voltearon a mirarme. Sus miradas eran incómodas, como si mi presencia les estorbara.
—¿¡Qué miran, idiotas!? —solté molesta antes de dirigirme a mi asiento.
No aguanté mucho tiempo ahí. Antes de que llegara el maestro, decidí ir al baño. En el camino me crucé con Mireia. Intenté regresar, pero ella me detuvo.
—Por lo visto, ya te enteraste —dijo con una sonrisa maliciosa—. Esa cara tuya... ni con todo el maquillaje del mundo podrías disimularlo.
—¿Qué quieres? —pregunté, con el poco ánimo que me quedaba.
—Solo mantente alejada de Sungyeol. Ya que estás de vuelta, no quiero que te pongas de resbalosa con mi novio.
—¿Novio? —mi voz comenzó a quebrarse.
—Solo aléjate de él. Para que veas que soy buena amiga y no quiero que sigas ilusionada, le hice unas preguntas sobre ti... y me dijo que nunca estuvo interesado. Que no eres su tipo.
—Tú tampoco eres su tipo —respondí, apretando los puños.
—Somos novios. Eso ya responde muchas de tus dudas, querida —dijo mientras se alejaba entre risas.
Contuve las lágrimas y caminé directo al patio trasero. Necesitaba un cigarro. Urgente.
Al llegar, me apresuré a encender uno. Mis manos temblaban, y el encendedor parecía burlarse de mí.
—¡Mierda! ¡Enciende, carajo! —balbuceé, desesperada.
En ese instante, alguien me quitó el cigarro de la boca. Alcé la mirada, furiosa.
Era Sungyeol.
—Esto no es bueno para ti —dijo. El enojo me recorrió el cuerpo como una descarga eléctrica.
—Nadie pidió tu opinión —respondí entre dientes. Intenté arrebatárselo, pero fue inútil.
—Está prohibido fumar en la universidad —sentenció, antes de pisar el cigarro.
—¿Cómo te atreves? —lo miré con rabia—. ¡Deja de comportarte como un idiota y deja de aparecerte frente a mí! —le grité, al borde del colapso.
Intenté irme, pero me tomó del brazo. En ese momento, escuché la voz de Woohyun.
—¡Suéltala, imbécil! —dijo, acercándose furioso.
Pero antes de que pasara a más, lo detuve con mis palabras:
—Bebé, no gastemos tiempo con este idiota. Sabes qué... mejor vámonos de aquí. De pronto, este lugar apesta.
ESTÁS LEYENDO
Queriendo ser NERD
RomantikSin duda mi reputación de chica mala comenzó a tener una grieta. ----- Esta prohibido cualquier plagio o adaptación.
