Me quedé unos minutos esperando. Aún tenía la mente confundida, mientras mi corazón seguía latiendo de manera totalmente descontrolada.
Ya basta, corazón, deja de latir por alguien que solo está siendo amable con nosotros, me dije en voz baja.
Caminé de un lado a otro por un buen rato, hasta que un taxi se estacionó frente a mí. De aquel auto salió el Nerd; venía con la ropa empapada. Se acercó a mí y, con cuidado, me ayudó a subir al taxi.
—La lluvia está terrible —dijo, mientras se limpiaba el rostro—. ¿Cómo te sientes?
En ese momento tenía la cabeza recostada contra la ventana. Me dolía más el corazón que cualquier otra parte del cuerpo. Al no recibir respuesta, tocó mi frente con mucho cuidado.
—No te ves nada bien —susurró.
Al escucharlo, una pequeña lágrima resbaló por mi mejilla, pero por suerte logré disimularla bien.
—Umm... ¿te parece si paramos en una farmacia para comprar algún medicamento?
—No es necesario —dije, quitando su mano de mi frente—. Tengo medicina en casa.
—De acuerdo.
Después de esa breve charla, ambos permanecimos en silencio. Incluso el conductor podía sentir lo cargado e incómodo que estaba el ambiente.
Apenas el taxi paró frente a mi casa, me dispuse a bajar. La lluvia seguía cayendo, así que traté de cubrirme con mi mochila. Corrí hasta la puerta y noté que las luces de la casa estaban apagadas. Era extraño, porque Nana y Hyemin deberían estar aquí.
—¿Dónde están tus empleadas? —preguntó Sungyeol, sacándome de mis pensamientos.
—Seguro salieron a comprar. Gracias por acompañarme hasta aquí. Puedo entrar y cuidarme sola.
Apenas terminé de hablar, el taxi —que supuestamente esperaba a Sungyeol— se fue.
—Si estás tan agradecida, al menos dame algo abrigador, que me muero de frío. ¿Usas secadora? No puedo irme así a casa.
Y era verdad. Había estado ignorando por completo su estado: estaba mojado y tiritando de frío.
—Está bien, pero solo hasta que regresen.
Al entrar, Sungyeol me sentó en el sofá y dijo que se encargaría de todo, que solo debía decirle dónde estaban las cosas.
—Puedo hacerlo sola. No es para tanto.
—Sé que me odias, incluso te molesta mi presencia, pero solo estaré unos minutos. Bueno, hasta que aparezcan las que te cuidan. Además, luces triste y asustada... ¿por qué?
—Si vas a estar aquí, deja de hacer preguntas. Me duele la cabeza —dije, recostándome en el sofá.
—No trates de ocultarlo. Aún recuerdo que tienes miedo a la oscuridad y a quedarte sola en casa —dijo de repente.
—No lo olvidaste —dije, conmovida. Mis ojos seguían cerrados, pero mi mente ya había viajado a aquel momento con él.
—¿Por qué debería olvidarlo? De alguna forma es divertido saber eso...
—¿Divertido? —abrí los ojos de inmediato, furiosa. Luego recordé su absurdo miedo a los gatos—. ¡Ja! Al menos yo no tengo miedo a los gatos...
Comenzó a reírse.
—¿Ves? Ambos tenemos miedos absurdos. Así que no hay de qué avergonzarse. Buscaré algunas toallas y me secaré, luego buscaré el botiquín y te prepararé algo caliente.
Ya no le dije nada. Mi malestar realmente estaba empeorando. No sé en qué momento me quedé dormida, pero la voz de Sungyeol se escuchaba a lo lejos. Me ofrecía unas medicinas y un vaso de agua. Como mi cuerpo no respondía, me ayudó a sentarme. Luego de ese pequeño instante, volví a dormirme.
Al despertar, estaba recostada en mi cama, con unos pañitos sobre la frente. Ya me sentía mejor, así que intenté acomodarme, pero mi cuerpo chocó con algo... o alguien.
Era Sungyeol.
¿Estaré en un sueño?
Si es así, entonces no quiero despertar.
Lentamente me giré para poder verlo mejor. Tenía su rostro frente al mío. Mi corazón comenzó a latir solo de saber que se quedó a cuidarme.
—Qué manera la tuya de ilusionarme —balbuceé.
Recorrí con la mirada todo su rostro hasta detenerme en sus labios.
Realmente me gustaría poder besarte... susurré, mientras humedecía los míos e intentaba acercarme.
Entonces Sungyeol se movió. Con miedo de que me descubriera observándolo e intentando besarlo, volví a mi posición inicial y fingí estar dormida. En ese momento, Sungyeol se levantó de la cama, vio la hora y salió de la habitación.
Apenas se fue, traté de ver la hora en el reloj de mi mesa de noche: eran las 6:00 a.m.
¿A dónde habrán ido Nana y Hyemin? —me pregunté, sentándome.
Apenas escuché la puerta abrirse, volví a recostarme. Sentí cómo entraba la luz por la ventana. Al parecer, Sungyeol había abierto las cortinas. Abrí un ojo y lo vi hablando por teléfono. Lo vi sonreír... y me molesté al instante.
Lo primero que se me vino a la mente fue:
Mireia.
Me sentí mal. Aunque no podía escuchar la conversación, mi mente ya estaba inventando supuestos diálogos.
¿Ves, corazón? De esto te hablaba... —susurré mientras una lágrima escapaba de mis ojos.
Sungyeol se alistó, se aseguró de que me encontrara bien y luego se fue. Al salir de la cama, vi una nota pegada en mi puerta. Varias lágrimas resbalaron por mis mejillas al leerla.
Nota
Espero que hayas amanecido bien.
Te dejo mi número de celular, para que me avises si podrás ir hoy en la tarde. Realmente espero que te sientas mejor. Decidí quedarme porque nadie vino y tú necesitabas que alguien te cuidara. Espero no haberte incomodado.
No olvides abrigarte y tomar tus medicinas.
P.D.: Lamento irme tan temprano, tuve una emergencia. Llámame cuando despiertes, necesito saber que estás bien.
ESTÁS LEYENDO
Queriendo ser NERD
RomanceSin duda mi reputación de chica mala comenzó a tener una grieta. ----- Esta prohibido cualquier plagio o adaptación.
