Capítulo 15

552 50 0
                                        


A veces uno se desnuda con quien no debe, y no, no hablo de quitarse la ropa.

Ambos nos miramos de inmediato y nos levantamos al mismo tiempo. Sus padres habían entrado a la habitación, esperando explicaciones.

—Ve a cambiarte —ordenó, cortante.

No dudé en obedecer. Tomé mi ropa y me encerré en el baño. Traté de escuchar a través de la puerta, pero todo estaba en silencio, lo que me puso aún más nerviosa. ¿Qué estaría pasando allá afuera?

Terminé de vestirme lo más rápido que pude. Abrí la puerta del baño con cuidado, apenas asomando la cabeza, y confirmé mis peores sospechas: no había nadie.

Vaya mierda.
Le he causado problemas. Y esta vez en verdad no fue mi intención.

Me senté en la cama, con el estómago hecho un nudo, esperando que el nerd no estuviera demasiado molesto conmigo.

Cuando regresó, entró serio, sin mirarme siquiera. Su respiración pesada era lo único que rompía el silencio antes de que decidiera hablar.

—Te dije que no hicieras ruido, y fue lo primero que hiciste. —No levanté la cabeza. Me limité a observar cómo recogía lo que había botado, pedazos de cristal que aún no identificaba.

—Puedo ayudarte —ofrecí, tímida.

—Quédate quieta. Voy por un recogedor.

Esta vez me miró, y algo cambió en su expresión. Ya no parecía enojado, al contrario, parecía que intentaba no reírse. No entendí qué era lo gracioso, así que me quedé callada.

Cuando volvió, su sonrisa de oreja a oreja me desconcertó aún más.

—Mi madre dice que bajes a desayunar. Si no puedes, se lo diré.

Parpadeé varias veces, procesando lo que acababa de decir.

—¿Tu... tu madre qué?

—El desayuno está casi listo. —Me observó, divertido, mientras yo lo miraba incrédula.

—Pero... ¿así nada más?

—¿Esperabas algo más?

—No sé... gritos, peleas... algo.

Suspiró, ajustándose las gafas.

—Mis padres no son así. Espera un segundo.

Fue hasta la puerta y habló con alguien que parecía estar escuchando detrás.

—Mi abuela quiere conocerte. ¿Está bien?

Asentí, todavía tratando de entender toda esta surrealista situación.

De pronto, una adorable anciana apareció al otro lado del marco. Era elegante, pero no intimidante. Su sonrisa y su andar tranquilo me hicieron sentir un poco menos fuera de lugar.

—Hola —dije, intentando sonar segura.

—Encantada de conocerte, querida. Soy Minji, o mejor conocida como abue —dijo, tomando mis manos con calidez.

Intenté hacer una reverencia, pero ella me detuvo con una suave risa.

—Nada de formalidades. Ven, siéntate conmigo en la cama.

Mientras caminaba hacia ella, noté al nerd haciéndome señas con las manos para que no me preocupara. Me senté junto a la abuela, todavía algo rígida.

—Eres una joven muy bella. Pero dime, querida, ¿por qué le tienes tanto miedo a la oscuridad?

Sus palabras cayeron como un balde de agua fría. Fruncí el ceño y giré hacia el nerd, fulminándolo con la mirada. Estaba disfrutando demasiado mi incomodidad.

Queriendo ser NERDDonde viven las historias. Descúbrelo ahora