KENDALL
Le di una calada a mi cigarrillo ante la mirada de josh. El bebía una cerveza, nos encontrábamos en el patio trasero de mi casa bajo un gran árbol.
— Pensé que ya no fumabas — le dio un trago a su cerveza — desde que tienes mandil has dejado de hacer muchas cosas.
— No digas estupideces — expulse el humo de mi boca — y no te hable para que estés con tus mierdas.
— Vaya estas de humor de perros — dijo — ¿problemas en el paraíso?.
— Seras idiota — lo mire mal — apareció un ex.
— Estas jodido hermano — palmeo mi hombro.
— Y eso no es todo — volví a darle una calada al cigarrillo — Kimberly apareció en el instituto.
— Con razón no la había visto por los pasillos — dijo — mi más sentido pésame.
— No te llame para eso.
— ¿Ah, no? — negué — ¿entonces para qué?.
— Necesitó que me acompañes al centro comercial — le di la ultima calada al cigarrillo y lo bote — no se que comprarle a Amber.
—Es por el 14 de febrero ¿no? — asenti — nunca creí que te vería en estos trotes.
— Para todo hay una primera vez.
(...)
Estábamos recorriendo un sin fin de tiendas en el centro comercial. Todo era monótono y sin chiste. La mayoría de las cosas para ese día se reproducían por masa, debía encontrar algo diferente a lo que se suele regalar tal día.
— ¿Un oso de peluche? — señalo Josh un gran oso exhibido.
— Demasiado cliché — le dije — todo esto es una mierda.
— ¿Cuál es su animal favorito?.
— Las jirafas.
— Entonces comprale una jirafa de peluche y sus flores favoritas.
— Vaya, y yo que pensé que no pensabas.
— ja ja ja — río sarcástico — que gracioso Schmidt.
(...)
El dichoso día había llegado, el famoso 14 de febrero al fin había llegado. Le regalaría el peluche y un ramo floral a Amber ya que en dos días más sería nuestro 2do mes como novios.
— Quien lo diría, mi hermanito festejando un 14 de febrero — río Kevin — si me hubieran dicho esto hace unos meses probablemente no lo creiria, pero ahora lo veo y no lo creo.
— Callate Kevin.
— Pero no te enojes — palmeo mi hombro — parece que esa pequeña castaña te ha robado el corazón.
— Eso es lo que más me asusta.
— ¿Por qué lo dices?.
— En este juego del amor solo hay dos acciones — dije — sales herido o sales intacto.
— Debes dejar de tener miedo al amor Kendall — me miro — nuestra madre nunca hubiera querido que te cerraras a este sentimiento, mereces ser feliz.
— ¿Tu crees que yo pueda ser feliz?.
— Claro que si, esa chica esta haciendo un gran trabajo ¿sabes? — dijo — jamas te había visto así, eres feliz Kendall y eso es lo que importa.
Y nos abrazamos, hace años que no abrazaba a mi hermano. Los prejuicios habían dañado la relación hermano mayor-hermano menor. Pero debía cambiar eso, mejor tarde que nunca. El jamas me había dejado, jamas me había reclamado algo sobre la muerte de nuestra madre, pareciera que el era el único que me quería en esta casa.
— Ahora ve con mi cuñada — sonrió — anda que se hace tarde.
— Puntual ante todo — carcajee — nunca cambias.
Tomo rumbo a la escuela una vez que me subí a mi auto, en la padre de atrás traía la gran jirafa de peluche, esperaba que le gustara. Esta vez no pasaría por ella, nos veríamos en el aula, estacione el auto y una vez que puse el seguro tome rumbo al aula.
Por los pasillo se podía aprecias cientos de estudiantes con algo típico de este día, globos, peluches, tarjetas, flores, chocolates, etc. Fui a mi casillero por mi libro de la materia de la primera hora. Unos cálidos brazos me rodearon depositando un suave beso en mi hombro.
— Hola — susurro Amber contra mi espalda.
— Hola — me voltee para quedar frente a frente.
— Toma este es para ti — me entrego una caja decorada con fotos de nosotros dos, cada una de ellas de las citas que habíamos tenido y otras más que solo eran espontáneas de los momentos que habíamos tenido — ¿te gusta?.
— Es muy bonita, Ambs — bese suavemente sus labios — eres la mejor novia ¿lo sabias?.
— No seas mentiroso — río sobre mis labios — no soy la única pero tu si eres único.
— La única aquí eres tu — bese su mejilla — por eso me gustas mucho.
— Te quiero mucho Kendall — me abrazo.
— Yo también te quiero mucho pequeña Amber — la abrace como si sintiera que soltándose despertaría de esto que estaba viviendo.
La campana sonó y nos fuimos al salón, pero antes había abierto de nuevo mi casillero para guardar el regalo de Amber.
Las las clases fueron pasando hasta llegar la hora de descanso, espere a Amber afuera del salón para poder ir a darle su sorpresa.
— Chicos adelantense a la cafetería, Amber y yo los alcanzamos después — ellos asintieron.
— ¿A dónde vamos?.
— A que veas tu sorpresa.
— ¿Mi sorpresa? — asentí — ¿quién eres y que has hecho con mi novio?.
— ¿Yo?, nada te lo aseguro.
Un mensaje llego.
“ Ya estoy en el estacionamiento ....”
— Josh X
Fuimos hasta el estacionamiento donde estaba mi auto, sobre el capo estaba el arreglo de flores que había encargado y la enorme jirafa de peluche con un moño en el cuello. Y justo a lado de mi auto estaba mi mejor amigo.
— Oh por dios Kendall esto es hermoso — dijo Amber al ver la sorpresa.
— Ya se que soy hermoso — Josh hizo un pose de todo diva — pero prefiero que me digan guapo, ya sabes se escucha más varonil.
— Seras idiota — dije.
— Hola, soy Amber — lo saludo.
— Yo soy Josh, amigo de este — me señalo — hasta que por fin pude conocerte.
— No seas exagerado — rodé los ojos — ¿te gusto tu sorpresa?.
— Me encanto.
(...)
Narrador omnisciente:
Mientras la pareja y amigo de la infancia del chico hablaban animadamente, un chico los observaba. Un chico que ya había ocupado el corazón de Amber pero muy estúpidamente la dejo ir. El quería recuperarla y estaba dispuesto a todo para hacerlo.
— ¿Qué tanto estas dispuesto hacer para separarlos? — pregunto la pelirroja que también estaba observando la escena.
— Lo que sea — contestó el pelinegro.
— Eres de los mios — sonrió con malicia — tu obtendrás lo tuyo y yo recupero lo mio.
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Misión || Kendall Schmidt
Fan-Fiction"Después de la tormenta viene el arco iris" Mi abuelito siempre me decía que todos tenemos una MISIÓN en esta vida y por ende se traza nuestro destino. Cuando el murió me prometí encontrar mi misión para poder seguir mi destino, esperó que la mía se...
