#37 Psicólogo

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KENDALL

— Eres un amargado —  cruzo sus brazos sobre su pecho.

Eso fue lo primero que dijo Sam al negarme a salir con ella. Hace menos de dos horas que la rubia había llegado a mi casa con la idea de salir a tonar aire fresco.

— Estoy bien aquí... — renegue.

— Solo sera un rato, por amor a Dios — estrujó mi cara exasperada — andale, ¿si?.

— Esta bien — suspire derrotado.

Sam chillo con alegría.

Espero que valga la pena.

Media hora después me encontraba conduciendo con las indicaciones que la rubia me daba. No debía ser un genio para no darme cuenta que nos dirigiamos al parque de atracciones. Un recuerdo con aquella chica de cabello marrón surco mi mente, cerré por un momento los ojos para alejar tal recuerdo.

— Los ojos en la carretera, Kendall — hablo Sam — aun soy muy joven para morir.

— El semáforo sigue en rojo.

— No importa... — hizo una mueca — además de que te tengo una cosa que contar — sonrió con inocencia.

— ¿Qué hiciste ahora? — avance cuando el semáforo dio a verde.

— ¿Yo? — pregunto indignada — como crea — sonrió con nerviosismo — bueno como te decía, ¿te acuerdas de ese día que llegó Josh a tu casa?.

— Si, aquel día que saliste huyendo.

— Ese no es el punto —cambio de tema — el chiste que no me fui a mi casa, antes pase a la casa de Kimberly.

— ¿Para qué fuiste?.

— Quería ver si le podía sacar un poco de información — se encogió de hombros — debo decir que no fue un gran reencuentro — río entre dientes.

— Como si no lo supieras.

— Aún esta resentida — rodo los ojos — como si me importara.

— Creeme que nunca me cansare de agradecerte por lo que hiciste.

— Ya te dije que no fue nada.





(...)

— Oh por Dios, ¡vamos a la casa de los espantos! — sujeto mi brazo y me arrastro hasta dicha casa.

— ¿Qué comiste, mujer? — frunci mi ceño — desde que llegamos no hemos parado.

— Venimos a divertirnos no ha amargarnos — rodó los ojos — vamos.

Se podría decir que casi nos subimos a todos lo juegos, esta chica si que tenia energía. Era como la hermana que siempre quise tener para poder estar con ella cada vez que lo necesitara, ser aquel hermano mayor quien cuida su hermana menor. Lo irónico era que ella era quien me cuidaba a mi.

Eran pasado las diez de la noche cuando deje a Sam a fuera de su casa, para luego ir rumbo a la mía. A decir verdad la salida había servido para mantener mi cabeza en otra cosa que no fuera Amber Maslow.

El fin de semana paso, para darle la entrada a el lunes. Esta sería la ultima semana de clases. La ultima. Con pereza me metí a la ducha para después de cambiarme bajar a tomar un vaso con leche, en la cocina me encontré a Kevin bebiendo un poco de café.

— ¿No deberías estar en la oficina?.

— Buenos días también para ti hermanito — alzo la taza en forma de brindis.

— Buenos días — murmure con molestia.

— No tengo nada que hacer hasta dentro de media hora — contestó — se te hará tarde.

— Como si me importara.

— Sabes que lo haces — alzo una ceja — papá me pregunto que si ya tramitaste la ficha para la universidad.

— Que buen chiste Kevin — la ironía se filtro en mis palabras — como si a ese hombre le importara lo que hago con mi vida.

— El esta cambiando Kendall.

— No te creo — serví leche en un vaso.

— Hace cerca de un mes que esta yendo a... — vacilo.

— ¿A qué?.

— El no quiere que aun lo sepas, pero creo que es momento de que lo sepas.

— Habla de una vez.

— Aproximadamente como dos meses que fue tu novia a hablar con nuestro padre — lo mire con atención ¿mi novia? — no se mucho, solo se que hablaron cerca de una hora o menos...

— Al punto Kevin.

— Bueno, Amber fue a proponerle a Kent que fuera a una consulta con su madre, la psicóloga.

Podría jurar que su no tuviera mi mandíbula en mi rostro, ahora esta misma estaría en el suelo.

¡¿Qué ella hizo que?!

— ¿Qu-ué haz dicho?.

— Y lo impresionante fue que un mes después él aceptara, ¿sabes lo que significa, no? — dejo la taza que había ocupado en el lavaplatos — ella ha hecho lo que el abuelo, Kenneth o yo no hicimos desde el principio, tienes una gran persona a tu lado.

La boca se me había secado, saber que Amber había hecho todo eso, se me hacia imposible, no creíble, no en estos momentos.

— Tenía — la palabra salió con amargura de mi garganta — tenía una una gran persona, ya no somos nada.

Kevin guardo silencio unos momentos.

— ¿Qué fue lo que paso?.

— Ya no tiene importancia.... — negué.

— Claro que la tiene — contradijo — ahora ya tiene explicación tu actitud de un tiempo para acá, parecías un muerto viviente.

— Tonterías.

— Sabes que cuentas conmigo — poso su mano sobre mi hombro — para eso están los hermanos.

Dude por unos momentos, pero finalmente le conté.
Después de que dejara de hablase el se quedo pensando unos instantes.

— Te voy ayudar — sonrió — y ya se por donde empezar.

Y sin más se fue de la cocina, dejandome más confundido que nunca.

Misión || Kendall Schmidt Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora