#15 Realidad

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AMBER

Todos somos un ciclo en la vida de los demás, así como llegamos nos vamos. La vida no esta comprada, la muerte no respeta si eres rico o pobre, si eres hombre o mujer. Simplemente sucede.
A lo largo o corta vida conocerás a muchas personas o quizás pocas, pero cada una de ellas dejaran una lección en tu vida quizá buena tal vez mala. Pero sobre todo te das cuentas cuales son las personas que realmente valen la pena, esas personas que merecen estar en tu corazón.

Hay diferentes formas de morir. En accidente automovilístico, enfermedades, mutilado y cosas por el estilo, sin embargo hay personas que provocan su propia muerte, personas que se sienten vacías, rotas y con un corazón deshilachado latiendo en su muerto cuerpo. ¿Quién no se ha sentido solo? ¿quién no ha sentido que ya no puede más? ¿quién no se ha sentido derrotado?. La mentalidad de cada uno de los seres humano es un caja de sorpresas, jamas sabrás que hay detrás de una sonrisa o si hubo dolor al ver lágrimas recorrer su rostro. Si esta herido o si esta roto, si necesita ayuda o quizás no, ya no.

Destrucción o autodestrucción, dos palabras una solo conclusión: ambas terminan destruyendo.

El sonido del timbre resonó por toda la casa, me encontraba en la sala absorbida por mis pensamientos y recuerdos, que solo estrujan más mi corazón. Esperaba con ansias poder verlo, abrazarlo y quizá besarlo. Casi una semana sin tenerlo a mi lado, necesitaba de su apoyo para poder atravesar la tormenta que me estaba enfrentando.

Un par de pasos se escucharon, hasta tener frente a mi aquel chico rubio que tanto había extrañado. Sin pensarlo mucho me lance a sus brazos, quería llorar como niña pequeña y confesarle que no soy tan fuerte como el creía, que la impotencia y rabia me consumen al saber que estoy atada de manos, de no poder hacer nada. Sus brazos rodearon mi menudo cuerpo, increíblemente su cuerpo emanaba una tranquilidad inexplicable, quería aferrarme a sus brazos para así no poder volver a la realidad.

— ¿Cómo es posible que estas aquí? — susurré aun estando abrazados.

Querer es poderdijo — pero si no quieres que este aquí puedo irme...

No — por inercia me aferre más al abrazo — es solo que... — no sabia como explicarlo, tal vez si sabia pero no quería hacerme falsas ilusiones, no otra vez.

Me preocupas — se separo un poco de mi, pero solo lo suficiente para mantener contacto visual — me preocupa no saber si estas bien, si te ha pasado algo y porque no me gusta estar lejos de ti.













(...)

Tener su mano en contacto con la mía parecía ser un sueño, que su mano y la mis encajaran a la perfección era una sensación única. Sin embargo el ambiente no era el apropiado y la circunstancia no era la adecuada. Caminábamos por aquellos fríos pasillos, donde el color blanco predominaba a grandes rangos, el ir y venir de las personas. Estar en el lugar donde podías ver la primera luz de tu vida y quizá también la última, no era uno de mis preferidos. Nunca me ha gustado el ambiente de los hospitales, era uno de los lugares que prefería visitar solo cuando una vida nueva proclamaba por vivir.

No tenia recuerdos gratos de los hospitales salvo aquel día, cuando solo tenia 10 años de edad.
Nos detuvimos frente a aquella habitación, a la cual había asistido casi toda la semana.

— ¿Ahora si me vas a explicar que hacemos aquí? — pregunto Kendall con el ceño fruncido.

— Quiero que conozcas una de las personas importantes de mi vida — dije con calma — pueden que al atravesar la puerta tengas muchas preguntas que con gusto responderé, pero no estando allí dentro.

— Esta bien — asiente.

Respiro profundamente, dirijo mi mano hacia la perilla para poder abrir la puerta. Una vez abierta la puerta de la habitación se puede visualizar la típica camilla de hospital con aparatos rodeando esta, un pequeño sofá para las visitas y una televisión sujetada la pared. En la camilla descansa aquel chico de cabello con rulos rubio ceniza y ojos color hazel que por el momento lo cubren sus párpados.

Avanzo hasta estar lado de él, me duele verlo conectado a múltiples cables y tubos, ver aquella horrorosa aguja intravenosa incrustada en su piel, mi mano acarician los mechones rebeldes de Ashton quien por el momento se encuentra sedado.
Miro al chico que se encuentra a lado de la puerta viendo todo con confusión.

— El es Ashton — dije lo suficiente alto como para que el me escuchara — es un viejo amigo de mi niñez.

— ¿Qué tiene? — pregunto.

— Cáncer de páncreas — el dolor se filtraba por mi voz — esta demasiada avanzada y no saben si sobrevivirá — las lágrimas amenazan con salir una vez más, pero no las dejo salir.

— Lo siento — murmuro al no saber que decir.

— No lo sientas, chico — una voz ronca y apagada se escucho por la habitación — no es como si fuera tu culpa.

— Ashton ¿hace cuanto que estas despierto? — le regañe como si fuera su madre, a lo que el solo sonrió y negó levemente.

— Desde que jugueteabas con mi cabello — respondió a lo que yo me ruborice — me encanta cuando te ruborizas.

— Ash — Murmuré avergonzada.

— Esta bien ya no te molesto — sonrió — ¿y bien? ¿quién es este chico? — pregunto con ambas cejas alzadas.

— El es Kendall  Schmidt mi...

Amigo — termino el por mi.

— Un gusto Kendall, como sabrás yo soy Ashton, Ashton Irwin — sonrió.

— Amigo de Amber por lo visto — dijo Kendall.

— Lamentablemente lo soy — dijo Ashton — no lo mal interpretes lo digo en el buen sentido — agrego — hay decisiones de las cuales me arrepiento ¿sabes?.

— Todas las decisiones que tomamos tienen sus ventajas y desventajas — contesto Kendall.

— Así es — dijo Ashton — pero hay una en especial de la cual me arrepiento como no tienes idea.

— Ashton ya hablamos de eso — me apresure a decir.

— Necesito decirle Ams — me dijo — no quiero que el cometa el mismo error de dejar ir a la persona más extraordinaria, como lo eres tú.

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¡¿Qué creen que pase en el próximo capitulo?!

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—Liz❤ 

Misión || Kendall Schmidt Donde viven las historias. Descúbrelo ahora