La cabellera pelirroja era la atención de todos los espectadores. Vestía un traje de aeromoza, quizás por eso paso desapercibida para el personal.
Su presencia no solo alteraba la situación sino que también el arma que portaba en su mano derecha, que apuntaba hacia la castaña.
Todos estaban incrédulos ante su llegada.
— ¿Conocen a la señorita? — pregunto el comandante a los chicos, ambos asintieron.
— Es mi ex ....— susurro Kendall, puesto que su atención estaba ante la escena delante de sus ojos.
El comandante tomó el megáfono, la situación se complicaba.
— Baje el arma — ordeno con voz potente — ponga las manos donde pueda verlas.
Una risa sonó por toda la sala, la pelirroja tomo con más fuerza el arma que poseía en su mano, asegurando que su pulgar estuviera en el gatillo.
— ¿Creen que soy idiota? — grito — no voy a permitir que esta perra se quede con Kendall, porque el es ¡mio! — dijo con recelo la última palabra.
— Baje el arma — volvió ha decir el comandante — no complique más su caso, podría hacer que su cargo sea menor — trato de negociar.
— ¡He dicho que no! — grito con enojo — tengo que asegurarme que esta maldita no viva, no me importa los años que este en la cárcel, siempre y ciando ella ya no viva.
Aquellas palabras alertaron a todos los presentes. Carlos maldijo en voz baja por haber confiado en esa lunática.
La tensión era evidente, nadie hacia un movimiento, el comandante pensaba la manera para que nadie saliera lastimado.
Pero entonces se oyó...
Un disparo
Un grito
Un llanto
Un herido.
En un abrir y cerrar de ojos todo se hizo un caos.
El comandante corrió hasta donde estaba Kimberly, le quito la pistola y la esposo. Mientras Kendall y James corrían hasta donde Amber quien no paraba de gritar y llorar.
— ¡Una ambulancia!.
El rubio se tiro al piso junto a Amber, la estrecho entre sus brazos mientras esta no paraba de sollozar.
— Amber ...— se escucho un quejido.
Las castaña deshizo el abrazo para ver al chico moreno.
— ¿Por qué lo hiciste Carlos? — más lágrimas corrían por sus mejillas — esa bala no era para ti.
— ¿Eso se hace cuando se ama, no? — susurro con dificultad — aunque esto no se compara a lo que te hice — hizo una mueca — ¿crees qué algún día me perdonarás?.
— Lo que hiciste estuvo mal — dijo Amber — pero no era para que ahora estés así...
— Gracias — se escucho decir — gracias por haber salvado a Amber — se sincero Kendall.
— Tienes un gran tesoro en tus manos — empezó a toser Carlos — ¿cuidala, si? — susurro con su último aliento.
La bala había perforado más allá de la piel, uno de sus pulmones había sido el dañado. La ambulancia había llegado tarde.
Aquel día un chico había perdido la vida. Esperando que su alma no estuviera tan perdida como esperaba, esperanzado de que pudiera descansar en paz, esperando que aquella castaña lo hubiera perdonado.
Porque por amor se cometen muchas locuras.
(...)
Había pasado cerca de un mes desde aquel suceso. Ahora todos estaban tratando de seguir adelante, de dejar aquel incidente en el pasado donde no dañara más de lo que ya había hecho.
La tranquilidad poco a poco volvía en sus vidas.
Al siguiente día después de la tragedia habían hecho el funeral de Carlos, sus padres estaban devastados ante la noticia. Se culpaban por no haberle dado la atención que merecía su hijo, habían vuelto de inmediato del viaje de negocios, ahora el trabajo importaba muy poco, nadie podía devolverles a su hijo.
Ha Kemberly no le habían servido las influencias de su padre, ahora debía enfrentarse a las consecuencias de sus actos. No, no fue a la cárcel sino a un psiquiátrico, donde tratarían su obsesión.
— ¿Qué buscas? — pregunto Amber cuando vio a su hermano fisgonear por el refrigerador.
— Buscando un pastelillo... — dijo aun con la cabeza dentro de electrodoméstico.
— ¿Cuáles?.
— De esos que quedaron del día de tu boda — una punzada de dolor atravesó el pecho de la castaña.
Su boda.
Le causaba melancolía y tristeza aquella palabra.
— Se terminaron hace una semana — aseguró Amber.
— Hubieran durado más — se quejo James — si no hubiera tenido ayuda no requerida de alguien.
Antes de que Amber contestara, un rubio apareció por la puerta de la cocina.
— Hablando del rey de Roma ....— Amber rodó los ojos con diversión, le causaba gracia aquella faceta infantil de su hermano.
— Hola — se saludaron mutuamente, con un beso.
— Aún sigo aquí — hablo James mientras se llevaba un fresa a la boca.
— ¿De dónde las sacaste? — las encontré por ahí — se encogió de hombros.
— Ha este pasa ya no vas a tener que caminar sino que rodar — se burlo Amber, el castaño la miró con fingida ofensa — además de que esas fresas son las que Mily va a ocupar para el postre.
James abrió los ojos como platos.
— Tu no me has visto — salio corriendo directo al auto, debía comprar más fresas, no iba a arriesgarse a quedarse sin postre.
Kendall y Amber estallaron a carcajadas, puesto sabían que su nana era de armas tomar cuando se trataba de su cocina.
— Alguien no se quiere quedar sin postre — dijo con burla Kendall.
— Que te lo digo yo — aseguró Amber.
La cocina quedo en un silencio, no uno incómodo sino y todo lo contrario. Pero aunque todo estuviera en tranquilidad, una mente no lo estaba.
Kendall tomo el nudo de su corbata y lo dejo más ligero. Se encontraba nervioso, pues no sabía como Amber se tomaría la noticia que le diría.
— ¿Estas bien? — pregunto Amber.
Ella ya sabia los tics nerviosos de su novio, no era muy bueno ocultando sus preocupaciones.
Kendall por otro lado no encontraba las palabras adecuadas, rendido, dijo las palabras tal cual como se las había dicho su padre.
— Me voy a Londres.
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Misión || Kendall Schmidt
Fanfiction"Después de la tormenta viene el arco iris" Mi abuelito siempre me decía que todos tenemos una MISIÓN en esta vida y por ende se traza nuestro destino. Cuando el murió me prometí encontrar mi misión para poder seguir mi destino, esperó que la mía se...
