Maratón 3/3.
Asiento dándole a entender que recuerdo la conversación en la que me amenazaba con hacer algo de lo que no iba a arrepentirse si se me ocurría abrir la boca y comentar lo que ocurría entre nosotros cada día. Pasa su mano por mi mejilla, mi primer impulso es alejarme, pero lo pienso unos segundos y para no aumentar su enojo, me quedo en el lugar.
—Genial entonces.
Su sonrisa es soberbia y aterradora. Siento las ganas de llorar punzando en mi interior, pero reprimo los sollozos para no demostrarle que cada vez soy más débil de lo que parezco.
—Voy a salir.
Asiento moviendo la cabeza hacia adelante, vacila un segundo antes de apartarse de mí. Me quedo de pie frente a la puerta del baño, inmóvil y con los ojos fijos sobre el cuerpo de mi marido retirándose de la casa. Sale por la puerta y cierra con llave tras sus pasos. Aflojo los músculos al sentir el motor del auto fuera de nuestra casa, cierro los ojos y dejo caer el móvil sobre la alfombra. Todos los intentos por mantenerme de pie son en vano cuando las rodillas se me aflojan y caigo al suelo lamentando el día en que me casé con esta bestia.
El móvil suena a unos centímetros de mi rostro bañado en lágrimas, hago un esfuerzo por tomarlo y veo el nombre de Jeff sobre la pantalla, atiendo sin darme cuenta de lo horrible que suena mi voz.
—Dios mío, ¿Qué te ocurre?
—No importa.
—Isa, primero la llamada. Ahora esto. ¿Qué ocurre? ¿Quieres que vaya hasta tu casa?
Me siento en el suelo.
—Ni se te ocurra.
Carraspea.
—Está bien, ven al bar.
—No puedo, tengo trabajo.
—Dije que vengas al bar. ¿Por qué lloras?
Me seco las lágrimas con el puño de mi saco y sorbo la nariz.
—No me siento bien.
—Entonces ven al bar.
La llamada se corta en ese instante. Mis manos tiemblan cuando dejo el móvil sobre mi pierna abrigada. Suspiro dejando caer más y más lagrimas antes de ponerme de pie y dirigirme hacia la cocina, busco una pastilla para mi irremediable dolor de cabeza diario y me sirvo un vaso de agua. Trago la pastilla a duras penas apoyando la cabeza en la mesada derramando aún más lágrimas, como si fuera posible. Las piernas siguen temblándome y los ojos se sienten como dos bolas pesadas. Respiro profundo y lavo el vaso antes de salir de la cocina para encaminarme hasta mi habitación. Me coloco ropa más cómoda, lavo mi rostro y lo maquillo para cubrir la masacre de mis lamentos y luego me ato el pelo en una trenza que cae naturalmente sobre mi hombro.
El bar se encuentra casi vacío, Jeff está sentado en la barra junto a su primo que parece no cansarse de estar allí. Me siento al lado de Jeff y suspiro para hacer notar mi presencia, gira a verme dejando su conversación a medias flotando en el aire. No dice nada, se limita a abrazarme y Brandon parece ponerse incómodo al punto de retirarse para dejarnos solos. Trago saliva asustada, luego de cuatro años por fin voy a confiar en alguien para contarle mi vida, mis temores, todo aquello que sufro día a día.
—¿Quieres tomar algo?
—Agua, nada más —murmuro.
Moriría si sigo tomando café de la manera en que lo estoy haciendo últimamente, y tampoco me apetece mucho, por eso agua estaría más que bien.
Jeff le pide a una de las mozas que me traiga una botella de agua y un vaso, ella se retira y a los segundos deja la botella frente a mí. Jeff vierte el líquido en el vaso y me lo tiende, lo tomo con manos temblorosas haciendo que el semblante preocupado de mi amigo se incremente.
—Isa, me estás asustando.
Cierro los ojos al alejar el vaso de mi boca. Mis manos siguen temblando, por lo que las coloco sobre mis piernas y suspiro.
—Jeff, necesito que me jures que no vas a decir nada, que vas a apoyarme, pero vas a quedarte completamente callado.
—No estoy entendiendo.
—Júrame tu silencio, por favor.
Alza una mano en el aire y acercando más su taburete al mío, asiente lentamente.
—Lo juro.
Asiento lentamente decidiendo que no podría ser apropiado decirle “mi marido me golpea”, pero quizá podría comenzar por mostrarle un poco de mis brazos y mi hombro. Él me mira atento, así que no pretendo hacerlo esperar más. Levanto las mangas de mi saco fijándome que nadie esté viéndonos atentamente. Jeff baja su mirada a los moretones en mis muñecas, son todos de distintos tamaños y formas, unos más morados que otros, unos pequeños rasguños por aquí y por allá. Lo veo abrir un poco más sus ojos marrones. Se obliga a parpadear y actúo rápido corriendo el cuello del saco para mostrarle mi clavícula. Parece querer saltar del taburete. Simplemente trago con fuerza y me limito a volver a cubrir mis lastimaduras.
—¿De dónde sale eso, Isa? —Pregunta casi aterrado.
—No te alteres —murmuro—. Mi marido es un golpeador compulsivo.
🌹Hola mis amores.
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Save Me. {j.b}
FanfictionPrólogo Sus manos toman mis muñecas con fuerza obligándome a ponerme de pie, sus ojos buscan los míos cargados de furia y rabia descomunal. Mis manos tiemblan, mis piernas se debilitan al oír sus gritos furiosos y escandalizados. Cierro los ojos com...
