El ruido de una botella caer al suelo me quita el sueño, me siento en la cama y me coloco las pantuflas. Las palmas de mis manos sudan cuando intento atarme la bata de seda, mis ojos se abren desmesuradamente disparando mis pupilas alertas. Enciendo la luz de la lámpara y abro solo un poco la puerta para observar por allí, Justin se sienta en el último escalón de la escalera y se ríe. Sacude la ceniza del cigarrillo en el suelo y se lleva la botella a la boca.
¿Otra vez?
Mis ojos se llenan de lágrimas, va a volver a la cama en cualquier momento y volveré a ser víctima de sus maltratos. Como por instinto mis manos bajan hasta mis piernas cubriendo mi más reciente moretón, cierro los ojos y suspiro. Justin hace algún ruido que me asusta y tiendo a cerrar la puerta y correr a la cama. Siento sus pasos, sus manos inútiles intentan abrir la puerta, tiro la bata de seda al suelo y apago la lámpara, me meto en la cama asustada y con lágrimas brotando nerviosas de mis ojos. Entra, por fin entra en la habitación y se ríe divertido, acaba con su bebida y deja la botella en el suelo, lleva el cigarrillo a su boca.
—Buenas noches, bonita.
Respiro profundo. Sabe que estoy despierta, no hay vuelta atrás. Enciendo la luz de la lámpara y le sonrío, sé que debo intentar no mostrar mi miedo, pero los pelos de mis brazos se erizan y mis manos sudan descontroladamente.
—¿Me esperabas?
Asiento con la cabeza para no hacerlo enfadar. Justin aún cree que tenemos algo, que lo amo y que mi obsesión por él crece día a día, cuando todo es completamente distinto. Solo le tengo miedo, sus actos me repugnan y me da lástima, lo único que quiero hacer es correr de él. Nada ni nadie sabe de lo que es capaz y yo sólo sé que un día no voy a poder soportar tanta mierda y mi cordura va a irse al carajo.
—¿Qué haces vestida entonces?
Tira su chaqueta al suelo y con sus dedos temblorosos e inútiles intenta desprenderse la camisa. Le tengo lástima porque no entiendo cómo encuentra refugio en la bebida día a día, sus ojos caen pesados y vuelve a llevar el cigarrillo a su boca.
—Tendrás que desvestirme tú.
Asiento levemente y trago saliva con dificultad. Justin se acerca a la cama y apoya sus rodillas al borde, me muevo de rodillas hasta encontrarme frente a frente con él. Tira su rostro sobre el mío para besarme asquerosamente, llenándome de su lengua alcoholizada y el gusto a cigarrillo por toda mi boca. Con su mano busca la mía para apoyarla sobre los botones de su camisa que necesitan ser desprendidos. Mis manos tiemblan, él lo nota y frunce el ceño.
—¿Qué haces? Sabes que no me gusta tu inutilidad.
—Disculpa.
Toma mi brazo y lo estira delante de él, se aleja un poco y presiona el cigarrillo sobre mi piel. Intento quitarlo de su agarre, pero la fuerza que ejerce alrededor de mi muñeca se incrementa aún más. Me muevo y grito con miedo, mis ojos comienzan a dejar caer las lágrimas y mis piernas se mueven con desesperación.
—¡No sirves ni siquiera para desprender una camisa, Isabella! ¿Ahora ves por qué prefiero dormir con putas antes de que contigo?
Me empuja con fuerza. Caigo sobre mis codos sobre la cama, mis mejillas están bañadas en lágrimas mientras todas mis extremidades tiemblan increíblemente.
—Necesito una puta —murmura.
Cierro los ojos como si así pudiera escapar de todo esto y de repente me doy cuenta de que se ha ido, de que ya estoy sola, de que necesito ayuda nuevamente, pero no puedo hablar. Me meto en la cama llorando desconsoladamente intentando calmar mi miedo abrazando la blanca almohada, cerrando los ojos y respirando con fuerza. Mis manos tiemblan nerviosamente, me ahogo una y otra vez en mis lágrimas.
—Todo va a estar bien, va a estar bien —me repito en voz alta.
Pero las lágrimas no cesan, los temblores no se apartan y el miedo se aloja en mi interior. Salto de la cama nerviosamente, mis ojos están hinchados y mojados como nunca antes, tiro de la sábana para luego tirarla al suelo, al rato tiro las almohadas contra la ventana y como mis manos se mueven con rabia comienzo a destrozar todo. Revoleo su ropa al pasillo, tiro la silla y luego corro escaleras abajo. Me dirijo directamente al teléfono de casa, sé que son poco más de las tres de la mañana, pero necesito ayuda. Sabía que un día iba a llegar el momento de contarle todo a mi madre y este es, este día tengo que poder. A ella no va a importarle la hora, ¿verdad? Solo tiene que ayudarme, la necesito.
Marco su número con dedos temblorosos y cuando da el segundo tono soy incapaz de mantenerme en pie, mis manos sudan descontroladamente y las lágrimas caen por mis mejillas. Mi mamá atiende el teléfono, pero yo solo soy capaz de cortar la llamada, acurrucarme en un rincón y llorar mi pena en silencio.
Un dolor recorre mi espalda repetidas veces haciendo que salte para ponerme de pie. Los recuerdos de la noche anterior se reproducen en mi cabeza al ver a Justin de brazos cruzados observándome desde el otro lado de la sala.
—¿Por qué me pateas? —Pregunto asustada.
—¿Has visto la habitación? ¿Qué has hecho, ah?
Sacudo la cabeza para quitar las imágenes de la noche anterior. Ahora está claramente sobrio, pero eso no quiere decir que sea menos peligroso, solo que ahora es consiente de lo que hace y dice.
—No te importa.
—Si no me importara no estaría preguntando y creo que merezco una explicación. ¡La habitación está destrozada! ¡Mi ropa está en el pasillo! ¿Me estás echando de casa?
Podría jurar que sus gritos penetran en mis oídos y rompen mis tímpanos o están cerca de hacerlo porque siento el dolor presionar en mi cabeza, así también como mis costillas arden por su patada.
—Disculpa, solo estaba mal. Ya voy a ordenar.
Una lágrima se desprende de mi ojo, Justin se ríe tirando la cabeza hacia atrás.
—Quiero desayunar.
¿Y por qué no te haces el desayuno tú? Bastardo inútil. —Si tan solo pudiera hablarle de ese modo sin temer a que me golpee como siempre.
Preparo el desayuno y lo dejo comiendo solo en la planta baja mientras yo ordeno la habitación.
Cada prenda, cada foto, cada almohada o color me recuerda a cada golpe. Cada lastimadura que arde en mis piernas o brazos me recuerda a que estoy casada con una bestia que solo sabe golpear para conseguir lo que quiere. Nada es con amor, todo es a base de golpes para él. ¿Queda algo por hacer? No lo creo, así que si haz pensado que estoy loca y que soy una persona más que débil y temerosa, estás en lo correcto. Pero sobre todas las cosas, no quiero herir a nadie más. Mamá moriría si supiera y papá está demasiado débil como para hacer algo. A mis amigas no les contaría nada de esto ni aunque me pagaran y a mis hermanas, tampoco. Solo me queda soportar los golpes y maltratos para mantener la calma en mi familia y alrededores, aunque cada vez los golpes sean más fuertes y dolorosos.
Me meto en la ducha, el agua caliente escoce mis lastimaduras haciendo que me retuerza de dolor, clavo las uñas en las palmas de mis manos para concentrar el dolor en otras partes de mi cuerpo mientras me curo las heridas. Tengo dos moretones en las costillas, sus dedos marcados en las muñecas y leves rasguños en las piernas y brazos.
Bajo las escaleras acomodando mi cabello en una coleta, Justin me observa desde el sillón y frunce el ceño. Por favor, Dios aleja sus manos de mi cuerpo.
—¿A dónde crees que vas?
—A almorzar con mis hermanas.
—¿Con el permiso de quién?
Me digo que necesito valor para controlar esto.
—Tengo veintiséis años, ¿no crees que estoy un poco grande para pedir permiso?
Una de sus negras cejas de alza sobre su frente, me cruzo de brazos para mantener la compostura. El miedo se abalanza sobre mí rápidamente.
—Vale.
Me sorprendo ante su respuesta aunque el miedo siga alojado en mi cuerpo. Giro para buscar las llaves de mi auto y luego meto mi billetera en el bolso. Sus ojos siguen mis movimientos escaneando cada parte de mi cuerpo.
—Sabes lo que puede llegar a ocurrir si no apareces por casa, Isabella.
Ya decía yo que era demasiado fácil para ser real.
—Lo sé, Justin.
Viviendo bajo las amenazas de un hombre que solía amar.
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Save Me. {j.b}
FanfictionPrólogo Sus manos toman mis muñecas con fuerza obligándome a ponerme de pie, sus ojos buscan los míos cargados de furia y rabia descomunal. Mis manos tiemblan, mis piernas se debilitan al oír sus gritos furiosos y escandalizados. Cierro los ojos com...
