Capitulo 40.

2.5K 120 4
                                        

Siento el cuerpo helado, la transpiración comienza a perlar mi frente con pequeñas pintas, me falta el aire por un momento y en cuanto consigo respirar profundo me siento en la cama. Mis piernas tiemblan por completo, cierro los ojos, inhalo y exhalo tranquilamente, llevo una de mis manos a mi vientre donde el dolor se extiende por completo. Estiro una de mis temblorosas manos buscando a Justin del otro lado de la cama. 

—Justin, mierda, Justin despierta —murmuro desesperada.

Lo oigo quejarse despacio cuando se acomoda para seguir durmiendo. No tengo la fuerza suficiente para gritar o elevar siquiera un poco la voz para que no sea un susurro. Corro las sábanas y me siento dejando colgar las piernas sobre el suelo de madera. 

—Justin —comienzo diciendo con tranquilidad e intento respirar—, Justin despierta. 

Mi marido ni siquiera se hace notar, sigue roncando en su séptimo sueño. Me inclino hacia atrás sin quitar mi mano del vientre y estiro el brazo, lo primero que llego a tocar es la cabeza castaña de mi hombre, cierro la mano enredando su cabello en mis dedos y pongo toda mi fuerza para tirarle los pelos. Lo siguiente que sé es que caigo sobre él cuando se sienta. 

—¿Qué carajo haces? —Pregunta con la voz ronca. 

—Mierda, Justin Leah va a nacer. 

—¡¿Qué?!

Cinco minutos antes era un completo vegetal roncando como si no hubiera mañana y de repente lo tenía corriendo por toda la habitación en busca de ropa, zapatos y el bolso de la niña para dirigirnos al hospital.

—¿Dónde? ¿Qué quieres que busque? Isabella, ayúdame.

Siento las contracciones aún más fuertes. 

—Sólo busca mi saco y vamos, no puedo vestirme —murmuro adolorida. 

Los labios de Justin se cierran sobre los míos. 

—Voy, voy. 

Tengo los ojos cerrados para cuando lo siento colocarme las pantuflas y luego procede a sentarme en la cama para abrigarme. Le agradezco en voz baja, y sin abrir los ojos me pongo de pie. 

—Las escaleras, Justin. 

El miedo me consume por completo al enfrentarme a los escalones. Justin me toma por la cintura y baja el escalón antes que yo, tira de mí para ayudarme a caminar. Probablemente estamos quince minutos bajando las escaleras, pero prefiero que Leah nazca en cualquiera de estos escalones a tener que llorar otra pérdida. La fobia a las escaleras de ésta casa no podrá irse jamás. 

—Voy a por el bolso y las llaves, quédate aquí. 

No podría ir a ningún lado en este estado. 

—Date prisa, por favor. 

Una contracción fuerte sacude mi cuerpo por completo obligándome a sostenerme contra la pared, cierro los ojos una vez más y comienzo a controlar mi respiración. Justin corre escaleras abajo y se acerca a mí. 

—Vamos, nena ven conmigo. 

Nos acomodamos en el coche lo más rápido posible. A Justin le tiemblan las manos cuando abandonamos la casa en dirección al hospital. Intento relajarme, él toma mi mano y la aprieta con fuerza durante todo el camino. 

Alrededor de diez minutos más tarde estamos entrando en el hospital, mi marido consigue que nos atiendan en un abrir y cerrar de ojos, y lo próximo que sé es que estoy siendo trasladada al sector de maternidad. Mis manos sudan, siento mi panza contraerse cada vez un poco más y mis ojos están completamente humedecidos, quizá por el dolor, quizá por la emoción, o también podrá ser un poco de ambas. 

Sólo sé que lo que sigue a continuación, marca mi vida por completo. 

Soy oficialmente madre a las 5:32 a.m. Leah pesó 3,45 kg al nacer y tiene todos sus signos vitales sanos. 

—Buenos días —susurra la enfermera entrando a la habitación. 

Mis párpados pesan como nunca antes. 

—Buenos días —responde Justin poniéndose de pie. 

La enfermera sonríe cuando le entrega a nuestra pequeña Leah envuelta en su mantita rosa. Justin la acuna entre sus brazos y besa su frente con extrema dulzura. 

—Felicitaciones, papis —dice con voz suave—. Isabella, tienes que descansar. Cualquier cosa que necesiten presionan el botón rojo al costado de la camilla. 

Asiento levemente con las pocas fuerzas que me quedan. La enfermera se retira y Justin vuelve a sentarse a mi lado con Leah en brazos. 

—Hola, mami —dice con una diminuta voz que hace que intente reír— . ¿No ves lo hermosa que es, mi amor?

Vuelvo a asentir, ni siquiera puedo pronunciar palabra alguna. Justin se inclina y me besa en la mejilla. 

—Descansa. 

Estiro el brazo para tomar la pequeña mano de mi hija.

—Es un pequeño pedacito nuestro. —Mi voz es casi inaudible, pero Justin me oye—. Acércala un poco. 

Se inclina hacia delante dejándome ver el rostro de la bebé. Sus ojos están cerrados por completo, tanto que pareciera que no pudieran abrirse nunca jamás, sus dos manitos están en puños a los costados de su rostro y sus cejas son tan rubias que casi no se pueden distinguir, su piel es suave y aún está un poco rosada de más, y sus pequeños labios forman un piquito enternecedor. 

—Se parece a ti. 

Sonrío.

—¿Viste sus ojos? Son los tuyos. 

Justin niega. 

—¿Los tenía abiertos antes?

—Un poco, son miel. 

Lo veo sonreír. 

—Ni siquiera tiene medio día de vida y ya sé lo sobre protector que seré con ella —dice observándola. 

Cierro los ojos, lo último que sé es que mi hija está a salvo en los brazos de su padre. Toda la tensión acumulada durante los nueve meses de embarazo se disipa al saber que mi hija está viva, está sana y tiene toda una vida por delante. Me dejo caer en el sueño más profundo siendo víctima de una felicidad incomparable.

🌹Hola lindas, espero que les haya gustado el fic. Este es el último capítulo y solo queda el epílogo. Gracias por leer🌹.

Save Me. {j.b}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora