—Me imaginaba esta casa... un poco más... grande, y bonita—lo observó todo, caminando de un lado a otro de la habitación.
No comprendía que hacía aquí. Le había dejado muy en claro varias veces que se quedara en Canadá, pero obviamente decirle eso a Meredith, era como pedirle que no fuera ella misma. Ella no aceptaba un no por respuesta.
Su presencia, solo conseguía hacerme más difícil el querer terminar las cosas. Tenía algo con Dulce María, y quería dejar resuelta la situación con Mer, pero no con ella aquí.
Había visto la mirada consternada de la enfermera de mi abuela, cuando Meredith se tiró a mis brazos y luego su comprensión ante lo que pasaba. Era obvio que justo ahora estuviera molesta o dolida conmigo. Jamás le conté de la existencia de ella y lo que teníamos. Y justo ahora me preguntaba porque no. Merecía haberlo sabido.
—Meredith, ¿Cómo me encontraste? O mejor, ¿Qué haces aquí? ¿Por qué razón viniste, además del hecho de querer verme?—se cruzó de brazos, mirándome ceñuda.
—Te estabas volviendo demasiado frío conmigo, hablábamos por teléfono y parecías como ido, como si hubiera algo en este mundo más importante que yo—le tembló la barbilla como si fuera a llorar.
Y por favor que no lo hiciera.
—Y vaya que si había alguien más importante que yo—terminó con desdén— dime, ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Hermosa no es, rica tampoco. ¿O tiene empresas en todo el mundo?—negué.
—Tiene algo que tú nunca podrás Meredith—frunció el ceño, como pensando que podría ser—consigue lo que se propone, y no con ayuda de dinero, con trabajo. Es capaz de ensuciarse las manos por otros, es solidaria, inteligente, dulce, y se preocupa por algo más que por mirarse en un espejo—
— ¿Quién dice que yo no ayudo a los demás? ¿O todo lo que tu describes que tiene ella?—suspiré, negando con la cabeza.
—Antes lo pensaba. Las empresas que dices tener, son regalos de tu padre, que el cosechó en un comienzo. Y ni siquiera eres tú la que las administra, pueden estarse cayendo a pedazos y tú sin saberlo. Porque solo vives pensando en deslumbrar y llamar la atención. No serías capaz de meter las manos en la masa, por cuidar tus uñas. Antes muerta que se te rasgue alguno de tus vestidos Channel ¿o estoy mintiendo?—
—Hay que sacarle provecho a la belleza, ¿Qué a ti no te gusta que te miren por la calle? Antes deberías estar orgulloso de tener una mujer como yo, que los demás hombres admiren y se queden boquiabiertos. ¿No es eso lo que les gusta a los hombres? ¿Qué otros vean lo que tienes y ellos no?—me apreté la sien, sintiendo dolor de cabeza— además, un vestido de estos cuesta una fortuna. No esperarás que los rasgue solo porque si—
— ¡Hay cosas más importantes que eso! Solo es un pedazo de ropa—me observó dolida.
—Un pedazo de ropa demasiado costoso—
Al ver lo molesto que estaba, decidió recapacitar. Suspiró, dejando su cartera en la cama, sentándose y tomándome las manos.
—Está bien, tienes razón. No tengo ninguna de esas cualidades. Lo admito. Pero las puedo llegar a conseguir. Solo dime qué tengo que hacer para ser igual a ella y que te sientas orgulloso y completamente enamorado de mí—me pasó un dedo por la mejilla—podría hacer sacrificios, tu solo dime el precio—
— ¿Estás segura?—afirmó—es una única cosa. Y con eso se cambiará el resto—esperó—mejora tu actitud, se humilde, y amable. Eres demasiado arrogante y pretenciosa. ¿Lo que hiciste hace un momento, lo que le dijiste a ella? Eso no estuvo bien—
ESTÁS LEYENDO
CON EL CORAZÓN
Novela JuvenilUna joven enfermera, un oscuro pasado y el comienzo de un nuevo amor. Dulce María ha sido toda su vida una enfermera, no con título, se ha desempeñado en un centro para ancianos, junto a sus padres. Ahora con 23 años, tiene tantos conocimientos...
