Los días pasaron luego de la muerte de la abuela y todo parecía regresar a la normalidad. Si se sentía su ausencia en todos los lugares y su entusiasmo a donde llegara. En el hogar, ya que pasó su vida en él, se realizaron las novenas para que tuviera un buen descanso y Dios la recibiera con los brazos abiertos. Donde estaba sería feliz. Allá no habría ni tristeza ni sufrimiento. Se reencontraría por fin con su Maggy.
Douglas y yo íbamos cada día a visitarla en el cementerio y hacer una oración por ella. La casa estaba totalmente vendida, y las cosas que de ella nos llevaríamos a Canadá empacadas y selladas en cajas. Mamá lloraba a cada rato porque sabía que en dos días me iba y no me vería más. Eso no era así. La visitaría cada que pudiera y hablaría con ella todos los días.
Mis maletas estaban listas, y mis nervios a flor de piel. Le diría adiós a este país y comenzaría una nueva vida. El jet partiría en dos días a las once de la mañana hora Colombiana. Y mientras eso sucedía, Douglas se quedaba en casa con nosotros, pasábamos tiempo de calidad con mis padres y él nos ayudaba en lo que hiciera falta en el hogar. También regresamos de día de campo al sitio que el amigo de Douglas nos había recomendado, pero extrañamente el letrero ya no estaba. Habían vendido la propiedad.
Terminaba de empacarlo que me hacía falta en mi bolso de mano, cuando el teléfono timbró, con el ringtone que tenía cuando me llamaba Douglas. La bellísima canción que habíamos bailado en la azotea el día de la boda de su primo. Me lancé a la cama, a por el teléfono.
—Hola—sonreí al responder
— ¿Cómo estás?—
—Terminando de empacar, ¿Dónde estás tú?—me senté a la cama.
— ¿Por qué no lo descubres por ti misma?—fruncí el ceño.
— ¿Cómo voy a descubrirlo si ni siquiera sé dónde estás?—
Era lo más absurdo.
—Te doy una pista, asómate a la ventana, y dime si Raúl está en el auto fuera de la casa—me baje de la cama y moví las cortinas para buscar a su chofer.
Efectivamente, estaba de pie fuera del auto negro, vestido de traje y mirando a mi ventana. Movió la mano saludándome. Se lo respondí.
Esto era lo más raro que me estaba pasando el día de hoy.
—Está ahí, ¿Cómo me servirá eso de pista?—
—Sal de casa y ve con él, sabe que hacer, es una sorpresa—
— ¿Sorpresa de que? Douglas que está pasando—fingí molestarme.
—Ya lo verás, solo has lo que te digo, él es de fiar, lo prometo. Te traerá a donde estoy yo, pero va a vendarte los ojos—salí del cuarto y bajé las escaleras respirando para dejar de crear miles de posibilidades a lo que ocurría— ¿podrías no ser tan curiosa?—tomé las llaves y mi bolso, y salí de casa echando llave.
—No señor, y como esto sea una broma ya te las verás conmigo—lo reté.
—Lo esperaré con ansias, te veo en un rato—cortó.
Caminé hasta donde Raúl me esperaba, guardando las llaves y el teléfono en mi bolso, y organizándome la chaqueta de jean encima del vestido.
—Señorita Dulce María—me saludó amable.
— ¿Cómo estás Raúl? Douglas me dice que me llevarás a una sorpresa—me crucé de brazos. El asintió sacando el pañuelo azul de su chaqueta.
—Así es, y debo ponerle esto, ordenes de su novio—asentí dándome la vuelta.
—Si, el me lo dijo—me sujeté el cabello mientras él me vendaba los ojos y ataba el pañuelo atrás de mi cabeza.
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CON EL CORAZÓN
Novela JuvenilUna joven enfermera, un oscuro pasado y el comienzo de un nuevo amor. Dulce María ha sido toda su vida una enfermera, no con título, se ha desempeñado en un centro para ancianos, junto a sus padres. Ahora con 23 años, tiene tantos conocimientos...
