— ¿Segura que quieres quedarte hasta mañana?—le empaqué la ropa en el bolso.
—Claro, Genoveva y Franchesca me invitaron a quedarme con ellas la tarde, y hacer una pijamada después. Vamos a pasarla bomba—
—Eso si no se duermen antes de las siete de la noche—Douglas se rascó la nariz ocultando la risa y hablando en voz baja.
Le lancé a la cara la ropa interior de la abuela, que ya había doblado y metido en el bolso. Puso mala cara, apartándose los calzones de encima de la cabeza.
—Oye, no hagas eso, Dudi. Bárbara me las dejó muy limpias y no quiero que mi nieto las vuelva a ensuciar—volví a doblarlas, tratando de quedarme seria.
Ayer en la tarde papá me había llamado desde el hogar, comentándome que las amigas de la señora Adelaida, al enterarse de que estaba por volar a Canadá y no volverían a verla, querían pasar todo el día y la noche con ella y despedirse con todos los honores. Se lo dije a Adela y se puso contenta corriendo a buscar lo que llevaría, como si fuera una niña a la que llevarían a Disney.
Douglas y yo tambien teníamos nuestros planes, después de que la abuela se acostara a dormir, nosotros nos quedamos en el cuarto, charlando sobre un sitio que su jefe le había recomendado, y sugirió ir esta tarde para hacer un día de campo. Llevaríamos algunas cosas como fruta, sanduches y una botella de vino que Daniel y Crystal nos habían enviado a portería esta mañana. El padre de la novia, era dueño de un viñedo en California y botellas de vino era el regalo de recuerdo de boda que daban. Tenían mucho dinero.
— ¿Qué harán ustedes? Sé que los dejaré solos y se aburrirán sin mí—asentí fingiendo tristeza.
—En realidad saldremos por ahí, te llevamos al hogar y seguimos nuestro camino—
— ¿Al motel más cercano?—soltó a reír.
— ¡Abuela!—la reprendió Douglas bastante serio.
—Era un chiste, no seas tan sensible, princeso—se acercó a abrazarme a mí— estoy tan feliz de que en unas semanas nos vayamos juntas. Montaremos en avión, viviremos como dos reinas... bueno, yo la reina y tú la princesa—reí cerrando su bolso y colgándolo en mi hombro.
—Yo tambien estoy contenta. En el bolso llevas los medicamentos de la mañana y las pastillas por si te duele la pierna—tomé del cuarto de Douglas mis lentes de sol.
—Sí, y sé que más dirás, que me porte bien. Dudi, soy una anciana, no una niña de seis años—sonreí, cruzándome de brazos.
—Pues lo pareces—besé su mejilla—vamos, tus amigas te esperan—la ayudé a bajar por las escaleras, fijándome que ninguna de las dos fuera a caerse.
Después de subir al auto, yo atrás para que la abuela fuese más cómoda, Douglas emprendió la marcha hacia el hogar, poniendo música en el reproductor, y con Anne Marie sonando por los parlantes. Me apoyé en ambos espaldares delanteros, para estar más cerca de ellos, y la abuela me tomó la mano, sonriendo y siguiendo la canción con su pierna buena. El día era precioso, soleado y sin una nube en el cielo.
—Nos hará un día precioso—se puso los lentes oscuros.
—Ojalá les llueva—se burló la abuela. Ambos le dimos golpes en la cabeza— vean el lado positivo, todo lo ven mal. Si les llueve podrán venir de regreso a casa y la tendrán toda para ustedes, no digo en que la usan porque ustedes son inteligentes. Solo espero que no sea en mi cama—le di un pellizco en las costillas.
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CON EL CORAZÓN
Teen FictionUna joven enfermera, un oscuro pasado y el comienzo de un nuevo amor. Dulce María ha sido toda su vida una enfermera, no con título, se ha desempeñado en un centro para ancianos, junto a sus padres. Ahora con 23 años, tiene tantos conocimientos...
