CAPITULO DE REGALO

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2 AÑOS DESPUÉS

— ¿Dónde pongo estos platos, hija?—volteé a verla.

Mamá tenía los brazos ocupados con todo el montón de platos y cubiertos para la comida de inauguración.

Mi padre y Douglas movían una de las mesas para dejar espacio.

El hogar de Adelaida ya no era solo un sueño. Hoy, después de dos largos años de espera era por fin la inauguración. Doug y yo estábamos felices.

Miré el gran edificio cubriéndome con una mano la frente a modo de visera por el sol y con la otra acariciándome el abultado vientre. Estaba de nuevo esperando un pequeñito, o una pequeña sorpresita como le decíamos mi marido y yo. Estaba de nueve meses casi a punto de que naciera. En dos días según los médicos arribaría por cesárea. Mi esposo así lo quería.

Llevábamos año y medio casados y con Felipe corriendo de un lado para otro. El pequeño era idéntico a su padre. No podía quedarse quieto en un punto. Aunque si hablábamos de parecido en ello era más probable que se pareciera a su bisabuela Adela. Había llegado de noche, en medio de la lluvia, con el llanto de emoción de mi madre, y mis gritos de dolor al dar a luz. Era la cosita más hermosa en este mundo y en poco tiempo tendría una hermanita con quien jugar, o quizás hermanito. No queríamos saber el sexo todavía y lo preferíamos como sorpresa cuando naciera.

—Ponlos en la mesa que acaban de organizar Douglas y papá—traté de ajustarle el moño negro en la camisa a mi hijo—Felipe, deja—el negó haciendo rabieta.

—No queyo, no queyoooo—se zafó de mí echando a correr.

Suspiré moviendo un mechón de cabello suelto hacia un lado. Me dolían la espalda y los pies, y desde hacía una semana había empezado con contracciones leves. Ante la primera, Douglas me había llevado corriendo al hospital, donde Katy mi ginecobstetra y la esposa de Marcos, nos dijo sonriendo comprensiva que no era el momento. Que cuando se estaba cerca de la fecha el bebé buscaba postura y se ponía en posición en el canal de parto. Que éstas durarían algunos días más conmigo antes de que estuviera lista, y que lo mejor era que me fuera a descansar a casa.

 Que éstas durarían algunos días más conmigo antes de que estuviera lista, y que lo mejor era que me fuera a descansar a casa

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"Solo cuando hayas roto fuente será el momento en que tendrás que correr" Habían sido sus palabras.

Dejé el moño por ahí.

Por la fuerza no se lo pondría.

Douglas se me acercó limpiándose las manos y abrazándome contra él. Sonreí recostando mi cabeza contra su pecho y metiendo mis manos en sus bolsillos traseros.

—No se deja poner el moño ¿eh?—reí negando.

—Al parecer opina que se ve un poco femenino con el—miramos a donde él se escondía debajo de las mesas, asomando su cabeza por entre los manteles.

Era precioso, pero un terremoto.

Me moví un poco incomoda sintiendo un poco de dolor en la parte baja de la espalda.

CON EL CORAZÓNDonde viven las historias. Descúbrelo ahora