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Alba


*CAPITULO NO CORREGIDO.
DISCULPEN LOS ERRORES EN LA REDACCIÓN


La noche pasó sin prisa. Fue eterna, donde el silencio se imponía sobre mí cada vez que me permitía callar un rato para luego volver a hablarle a Hinata, deseando entre cada palabra que despertara. No pasó. 

A las cinco de la mañana llegó una enfermera a quitarle la intubación porque ya estaba respirando por su cuenta. Volvieron a ponerle la cánula, pero sus párpados ni si quiera se inmutaron. 

Los recuerdos se colaban por las grietas que dejaban los minutos. Cuando descubres el amor, el mundo es de color. Sé, que de solo pensar en no tener a Hinata, me vuelvo de papel. Blanco y negro. Grisáceo. Sin matices. Sin color. Sin vida. 

Sakura llamó por teléfono a las siete y veinte para preguntar si habían novedades, dijo que traería ropa para que me cambie y algo de comer. Al final, terminé por enterarme que Neji y Tenten estaban sentados con ella y Sasuke fuera de la sala de cuidados intensivos. Les pregunté si querían pasar, pensé que el recién casado querría ver a su prima, pero terminó diciendo que yo debía estar con ella... Y, en realidad, rogaba porque dijese algo así. 

Las manecillas del reloj marcan las diez y quince. Siento como cada punta de esas cosas me señala con gozo, riéndose en mi cara que no puedo detener el tiempo. Disfrutando de este presente. Con Hinata teníamos razón, el presente es lo único que tenemos, pero este presente es ingrato, es cruel, es morboso. Este presente no es el que yo imaginé en el pasado. Más bien, es el que temí. 

Apoyé mi frente en su hombro. Dejé que mi cabeza reposara en ese colchón que olía a esterilización y químicos y cerré los ojos deseando que todo esto acabara. Es increíble como, de un momento a otro, la vida se reduce a un atisbo de esperanza. Tan sólo eso... Un pequeño grano de esperanza. Un pequeño haz de luz. Un pequeño milagro, aunque nadie cree en ellos hasta que los necesita. De pronto, estás bailando en medio de una fiesta donde celebras el sello del amor y, en un abrir y cerrar de ojos, estás en un hospital, rogando porque el amor, eso que celebrabas hace tan sólo unas horas, sea más fuerte que la muerte. 

El tic tac de ese reloj, que el único fin que tiene es dar el tiempo a los doctores para que ellos declaren la muerte del paciente; El sonido constante del electrocardiógrafo; El susurro de mi respiración entrecortada; Las maquinas cuyos ruidos quieren armonizan con toda esta escena. Pero falta Hinata-ttebayo. Falta la voz de Hinata. 

Las horas pasaron.

Los minutos pasaron.

Los segundos pasaron.

Me desvanecí entre ellos sin darme cuenta. 

Mi mano, que reposaba en su vientre podía sentirla. Pude sentir la débil caricia de sus yemas rozando mi piel. Es demasiado débil, pero aún así logran erizar los vellos de mi brazo. Los sueños a veces llegan a ser tan reales... O, quizá, la realidad puede compadecerse de ti y darle un poco de protagonismo a tus sueños. 

Era eso. 

Era la realidad moviendo su bandera blanca frente a mí. Era una tregua. 

Un apretón en mi mano me despierta. Levanté mi cabeza y la giré con vehemencia hacia el reloj. Once y siete minutos. Entonces, la busqué con la mirada y la encontré. Su mano apretando la mía y sus ojos a medio abrir, observándome con una sonrisa ladeada. Una sonrisa débil, pero sonrisa al fin y al cabo.

[FANFIC - NARUHINA] REGLASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora