*CAPITULO NO CORREGIDO.
DISCULPEN LOS ERRORES EN LA REDACCIÓN
Dejar a Hinata fue sentir que mis dedos arrancaban mi corazón y lo soltaban sobre la acera. Así fue, lo dejé ahí, en Londres, en medio de la incertidumbre, abrazado por el invierno que seguía golpeando con sus heladas. Me sentí desfallecer, pero a la vez, inexplicablemente, me sentí tranquilo porque, de alguna manera, estaba haciendo lo correcto... aún cuando yo creía que lo «correcto» hubiese sido otra cosa.
—Buenos días, hijo. ¿A dónde vas a esta hora?—La señora Thompson siempre regaba las plantas que estaban en las afueras del edificio, aún cuando eso era tarea del conserje. Supongo que una anciana de casi setenta años no tiene nada más que hacer un domingo a las siete de la mañana.
Me subí al carro y mientras me abrochaba el cinturón, le contesté:
—A trotar.
Ella enarcó las cejas y ladeó la cabeza con aires de incomprensión. Supongo que se preguntaba porque me iba en carro, así es que le aclaré:
—Iré a subir algún cerro, quiero ver la vista desde el otro lado—Le sonreí y di arranque al motor.
Ella me devolvió la sonrisa y siguió regando unas margaritas que se asomaban entre los tulipanes.
Habían pasado meses desde que Hinata y yo nos vimos por última vez en Londres. Sé que ha hecho todo lo que ha querido, se que está mejorando—lento, pero mejorando al fin y al cabo—, se que Whatsapp fue el mejor invento del mundo cada vez que nos enviamos algún mensaje preguntándonos alguna trivialidad con la esperanza escondida que alguno de los dos continúe la conversación. Su rehabilitación ha sido algo complicada, al menos eso dijo Menma. Tuvo dos recaídas cuando el invierno terminó y su cuerpo se debilita por los inmunosupresores, pero ¿qué creen? Ella nunca me lo ha confesado. Sus respuestas siempre son alegres, entusiasmadas y llenas de esperanza por ir a Japón y comenzar su nueva vida... donde yo deseo estar.
Por el rabillo del ojo, miré el asiento del copiloto vacío. Pero la verdad era que Hinata había dejado una parte de ella en cada lugar. Todo, absolutamente todo lo mío lo llenó de sus recuerdos. Ese asiento guardaba muchas historias, como la primera vez que se subió en el carro y se equivocó de lado; de la vez que descubrió la botella de ron y se la empinó hasta embriagarse; la vez que se subió temblando luego de lo de Deidara; los tantos besos que nos dimos aquí; su declaración de amor fallida; las discusiones que tuvimos; las veces en que fuimos al tribunal juntos. Todo. Todo sigue aquí.
Intacto.
Imborrable.
Y, aún así... algo inalcanzable. Pero nada se ha ido.
Todo, absolutamente todo... sigue aquí.
—He comprado plantas—le dije un día que hablamos por teléfono. Creo que fue hace tres semanas—Muchas plantas-ttebayo.
—¿Plantas?—Su voz sonaba agotada. Fue uno de esos días en que Menma me había avisado que la ingresaron de urgencias al hospital por un resfrío que la agarró desprevenida. Pero tampoco me lo dijo y yo quise hacer el papel de idiota para que no me evitara.
—Plantas con flores. Llené el apartamento de flores. Quería... no lo sé... llenarlo de color.
—¿Funcionó?
—Bueno... murió la mitad.
La escuché reír al otro lado de la línea y cada una de esas risas habían sido como no haber perdido nada de lo que teníamos.
—Pero...—continué—, nada se compara a todo lo que tu dejaste en ese lugar. Las dejé en la terraza—aclaré la voz —, en esa terraza—enfaticé.
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[FANFIC - NARUHINA] REGLAS
Fanfic[HISTORIA GANADORA CATEGORÍA FANFIC EN LOS CRAZY WRITER AWARDS 2018] "Desde el día que te conocí rompiste las reglas, Hinata. Aquellas que regían mi vida. Rompiste mi mundo y lo volviste armar al son de tu corazón" Uzumaki Naruto es un joven y excén...
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