DELILAH:
A la hora del almuerzo decido salir a tomar el aire y me siento en el césped, bajo la sombra de un árbol. No hay demasiada gente en esta parte del instituto y eso hace que pueda estar tranquila leyendo. Saco el libro de licantropía y me dispongo a leer.
Después de unas cuantas páginas leídas veo una imagen en una de ellas, hay un hombre y a su lado hay un lobo, lo que no logro entender es el por qué se muestra así. Permanezco un largo rato observando la imagen.
—Ese es mi sitio.
Una voz me hace alzar la cabeza y cerrar inmediatamente el libro.
Al alzar la cabeza me doy cuenta de que se trata de Tyler. Parece que todo esto esté hecho a propósito, me encuentro con él por todas partes desde que me lo encontré en el bosque.
—Hum... Lo siento, es muy buen sitio.— digo algo rápido.
Me levanto dispuesta a irme pues ya casi es hora de la próxima clase pero Tyler decide hablar.
—¿Cómo vas?—hace un gesto con la cabeza así señalando el libro que he cerrado segundos atrás.
—Lo he comenzado a leer hace poco así que no he avanzado mucho.
Asiente y se sienta en donde estaba sentada, tomo eso como que ya no va a decir nada más y que puedo marcharme, así lo hago.
Las dos últimas horas se me hacen eternas, y la impaciencia por terminar de leer me invade de tal manera que eso hace que no deje de mover mi pie de arriba a abajo durante las dos horas.
Dylan me mira ocasionalmente, como si estuviese tramando algo y la verdad es que no me sorprende en absoluto, siempre está tramando algo; a veces sus ideas son buenas pero también hay algunas que son horribles.
Poco después me pasa un papel con algo escrito.
Podemos leer el libro hoy.
En el pequeño espacio que hay para contestar escribo que hoy debo ir a entrenar debido a que la competición es en dos días y se lo paso cuando creo que el profesor no me va a ver. Afortunadamente no me ha visto y Dylan comienza a leer la respuesta que le he escrito. Me mira con una cara que, si tuviese algo escrito en la frente, sería '¿en serio?'. Quiero reír con todas mis fuerzas pero no puedo, me echarían de la clase así que solo me encojo de hombros mientras sonrío. Lo oigo suspirar y lo puedo ver observando a Olivia, esta vez soy yo la que suspira y le da un pequeño codazo a modo de broma.
Por suerte, el timbre que indica que las clases han terminado por hoy suena y recojo a toda prisa mis cosas. Me despido de Dylan, que tarda más en recoger y me marcho.
Una vez llego a mi casa, mi madre tiene mi merienda preparada y decido agradecerle el detalle.
Me siento para merendar junto a ella.
—¿Cómo llevas el entreno para la competición?
—De momento creo que bien, hoy he de salir, queda poquísimo.
Ella asiente y escucho la puerta de casa abrirse, seguramente será mi padre. Y acierto, mi padre entra a la cocina justamente cuando estoy terminando de merendar. A modo de saludo me da un pequeño beso en la cabeza y yo solo sonrío.
Rato después de conversar me levanto y me dirijo a mi habitación, una vez allí me estiro en la cama para descansar, hace ya unos días que me siento más cansada y no sé a qué se debe. Pienso en coger el libro de la mochila que está colgada en el respaldo de la silla pero decido no hacerlo. Toda la impaciencia que había tenido durante las últimas dos horas se ha disipado, ahora mismo no me apetece para nada leer.
Estoy estirada con mi estomago tocando el cómodo colchón, cruzo mis brazos y dejo reposar mi cabeza de lado en ellos; cierro los ojos y pensamientos sin ningún tipo de relación entre ellos comienzan a cruzar mi cabeza. Sin darme cuenta me quedo dormida poco después; la verdad es que estoy acostumbrada a que esto me pase, pues me gusta dormir y lo hago con facilidad.
(...)
Cuando me despierto son aproximadamente las siete de la tarde, no ha oscurecido aún pero poco falta. El sol no está tan radiante como lo estaba antes de quedarme dormida pero a pesar de ello tomo la decisión de salir a entrenar, son los últimos días que me quedan para entrenar.
No suelo tomarme tan en serio una competición pero ya que me he apuntado voy a intentar dar lo mejor de mi misma, gane o pierda estaré orgullosa por que me he esforzado y como dice mi padre, no se tienen en cuenta los resultados, si no, el proceso para llegar a ellos.
Entre uno de los esfuerzos que he hecho entrenando está la constancia, no me he rendido en ningún momento.
Mientras parece que pensamientos siguen cruzando de un lado a otro en mi cabeza como saltamontes, ya me he puesto mi ropa de deporte. Cojo una pequeña botella de agua que guardo en una pequeña riñonera y ato mi cabello en una cola alta para que no me moleste en la cara.
Salgo de mi casa y mis padres ni siquiera me preguntan por qué salgo a esta hora, pues deben saber que me he quedado dormida y que salgo a entrenar.
Sigo la ruta que hice la vez pasada y tardo diez minutos en llegar a la extraña señal que se me empieza a hacer habitual ver. No me detengo demasiado para observarla y continuo corriendo, así avanzando más de lo que jamás he hecho por esta ruta. La otras veces que he corrido por aquí no había logrado armar el valor para continuar, por que ya estaba cansada.
Pierdo la cuenta del tiempo y no sé cuánto tiempo pasa antes de darme cuenta de que está empezando a oscurecer y que debo volver. Doy media vuelta y esta vez camino para que mi ritmo cardíaco vuelva a la normalidad después de correr y para quitarme un poco la fatiga que llevo encima. Me siento acalorada e incluso algo sudorosa. Saco la pequeña botella de la riñonera y bebo para después volver a guardarla.
Largos minutos después sé que la señal está cerca y la rapidez con la que está oscureciendo me asombra de tal manera que creo haberme quedado embobada con el cielo durante unos cortos segundos.
La carretera está absolutamente vacía y parece que yo soy la única que está por aquí, hace alrededor de una hora que ningún coche circula por esta zona pero, aún así, durante el día tampoco pasan demasiados. De repente, algo me hace girar la cabeza hacia el lado derecho del bosque, he escuchado el crujir de las hojas pero la oscuridad que cada vez avanza más en el cielo no me deja ver con claridad.
Será algún animalillo.
Pienso interiormente.
No me siento aterrorizada en lo absoluto, es más, por alguna extraña razón, siento que estoy calmada y despreocupada. Quizás se debe a lo que he leído en los libros la anterior tarde con Dylan, ningún oso o lobo puede habitar este bosque.
Ni siquiera sé por qué permanezco ahí, absolutamente quieta, incluso parece que haya dejado de respirar ya que no emito ninguna clase de sonido, pero sé de sobras que no es así; sigo respirando solo que mi cuerpo está totalmente parado.
Justo cuando creo que voy a dar un paso, vuelvo a escuchar otro crujir de las hojas que hace que me detenga y vuelva a mirar hacia el mismo lado. Esta vez, el sonido ha sido algo más cercano, aunque no demasiado pues el que he escuchado anteriormente a este sonaba bastante alejado de mí.
Logro ver un destello de unos ojos amarillos, sin duda es de algún animal, ¿de cuál?, no lo sé. Pero no parece algo pequeño, si no que parece ser un animal grande. Siento como mi pulso se acelera poco a poco en cuanto veo que el animal tiene su mirada fija en mí. Al menos me consuela que no avance, por ahora.
Quiero salir corriendo de ahí, no sé que demonios es ese animal ni quiero saberlo en este momento pero esos ojos tienen algo que no me permite mover mi cuerpo.
Cuando por fin logro que mi cuerpo responda, aparto la mirada de aquellos impactantes ojos amarillos, comienzo a mover mis piernas todo lo rápido que puedo y salgo del lugar.
Al llegar a mi casa cierro la puerta con tanta rapidez que temo que mis padres hayan podido escuchar lo apresurada que entraba en casa. Apoyo mi espalda en la puerta y cierro los ojos profundamente, toda la tranquilidad que tenía antes de ver esos ojos se había disipado demasiado rápido.
Dylan debe saber esto.
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BETA© |
WerewolfNOVELA GANADORA DEL TERCER PUESTO EN LOS CHRISTMAS AWARDS EF 2019 NOVELA FINALISTA EN LOS PREMIOS BATTLE ROYALE 2018. Una manada dirigida por el alfa. Él cuenta con la ayuda de sus dos manos derechas, los dos betas. El beta número uno vive el día...
