El chico del pañuelo

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Ahora voy a explicar la razón de este libro, así es, la razón de este libro no es la muerte de mi papa, ni el distanciamiento con mi mejor amiga, mucho menos mi primer novio, la razón de este libro tiene nombre y apellido, ojos azules y una boca perfecta.

Para entender a que me refiero tengo que situarme en otro momento de mi vida, aun antes de empezar a salir con Matías o alejarme de Luciana.

Era una tarde de invierno, hacia frio yo tenía 12 años y había ido a buscar a una amiga a su colegio, el colegio más popular de todo Lanús, aquel colegio donde mi mamá había soñado que vaya, todos eran artistas, y cada uno tenía ese algo que lo diferenciaba, esperando que salga mi amiga, vi salir a alguien que se alejaba mucho de ser ella, más bien era él, un chico rubio, como dije antes con ojos azules, de tez blanca y cara delgada, llevaba puesta una campera negra y algo que lo distinguía de todos los que estaban alrededor, un pañuelo rojo en su cabeza. Si alguien tiene dudas sobre el amor a primera vista, les confirmo que es absolutamente real. La sensación que sentí al conocer a esa persona fue un sentimiento que nunca había experimentado, yo no solo quería conocerlo, o pasar tiempo juntos, yo quería estar con él, quería que me ame, y quería amarlo, fue un instante donde cada parte de mi cuerpo se sintió enamorada, sentí que no había persona en este mundo más hermosa, y que si iba a compartir mi vida con alguien tenía que hacerlo con aquel pibe de pañuelo.

Fue cuestión de llegar a mi casa, y buscarlo por Facebook, solo bastó eso para comenzar a hablar, no solo era precioso, sino que también me trato de una forma súper amable, contestaba mis mensajes rápido y pasaron días hasta que empezamos a hablar por horas, llegó el momento de hacer que él me conozca, hasta ese entonces yo solo era una chica que había visto por fotos y que al parecer le caía bien, pero jamás me había visto en persona. Tan insegura como una chica de esa edad puede estar consigo misma, le aclaré creo que un millón de veces que mi estatura no superaba el metro cincuenta, que era tan flaca como una nena de ocho años, con la excusa de ir a buscar a aquella amiga a ese colegio, le pregunte si quería aprovechar para dar alguna vuelta por esa zona y conocernos, no sé si fueron los planetas alineados, si fue que la vida, o si fue alguna deidad en la cual no creo, pero aceptó. Ahí comencé a contar los minutos para que aquel encuentro pasara, no recuerdo haber estado más ansiosa.

Llegó el día, me puse lo que en aquel entonces debe haber sido "lo mejor que encontré en mi armario", pero no tanto como para que crea que estaba exagerando, recuerdo el detalle que use, fue un pañuelo puesto de manera pin up en mi cabeza, y ¿adivinen de qué color?, así es Rojo... Me paré frente a la puerta del colegio, y lo vi salir, no podía ocultar mi felicidad en ese momento. ¿Cómo puede ser que alguien que viste una sola vez, que ni siquiera conoces, te guste tanto?, se acerco a mí, me saludo y cada detalle de él a medida que se acercaba era mas y mas hermoso, tenía un lunar entre el ojo y la nariz, sus ojos eran chicos y finos, pero también intensos, su pelo era castaño claro y no media mucho mas de un metro 70, tenía una cintura envidiable, y unas piernas de jugador de futbol, todo él era una composición perfecta, era como una obra de arte, podría haberme sentado horas y simplemente mirarlo, no había nada en ese momento que hubiese preferido hacer antes que estar en esa situación, con esa persona, y hablando de lo que sea que hayamos hablado. No me acuerdo la palabra exacta, pero si su voz en ese momento, la tonalidad de sus cuerdas vocales terminaban de completar la perfección de absolutamente todo lo que tenía. Notaba que sus ojos se movían rápido, era tan pero tan intrigante mirarlo. Caminamos algunas horas, y aunque había más gente alrededor, yo solo lo veía a él, éramos él y yo caminando y riendo. Empezó a anochecer y tuve que volver a mi casa, apenas llegué, corrí a la computadora para mandarle un mensaje diciéndole lo bien que la pasé, pero... Afortunadamente él se me adelanto, y yo ya tenía un mensaje diciendo "tus ojos son excitantes". Para contextualizar, tengo ojos verdes, tez blanca, pelo castaño, soy bastante delgada, y mido un metro y medio, soy bastante promedio, pero él notó particularmente mis ojos, ¿Qué más podía pedir? Había algo de mí que le gusto, no podía ser más feliz ni estar más conforme.

Lamentablemente lo que paso después de esto no fue mucho, hablamos, salimos unas cuantas veces y poco a poco se formo una linda amistad. Si, amistad, como cualquier amigo y amiga, como dos personas que se llevan bien. Amistad significa que nunca me besó, que nunca me abrazó ni me miro fijo a los ojos, mucho menos me dijo te amo, ni caminamos de la mano, amistad significa que me confundí cada vez que pude creyendo que algún acto de buena onda era porque le gustaba, y también significa que luego de cada ilusión terminaba angustiada creyendo que nunca me iba a dar bola. Lejos de despreciar a mis amigos, ya que tengo muchos y las relaciones que tengo con ellos son excelentes, pero no hay nada más horrible que ser amiga de alguien con quien no buscas exactamente eso.

Y así fue como pasaron los años y yo me encontré cada vez mas apartada de la idea que había tenido con él al principio, esa esperanza de caminar juntos de la mano, de besarlo, de que me ame, la fui perdiendo y me conforme con verlo casi una vez por semana.

Así fue como paralelamente fui interesándome cada vez más por Matías intentando olvidar lo que alguna vez sentí por ese chico tan hermoso, y limitándome a ser su amiga. 

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