Ya era martes, y aunque muchas veces habíamos pasado algunos días sin vernos, esa vez fue distinto, no contestaba mis mensajes, ni llamadas, y yo solo intentaba mantenerme serena. Ese día tampoco fui al colegio, pasé toda la mañana y la tarde en mi cama, fingiendo sentirme mal. Le mande mensajes a razón de tres o cuatro por hora, para las cinco de la tarde se habían acumulado uno 25 mensajes de texto y unas cuantas llamadas perdidas, así que se permitió contestarme con una frase vaga y mi pie para invitarlo a casa, pero él me rechazó. En un intento desesperado por verlo, le rogué que venga a estar conmigo, y que por favor deje de rechazar mis invitaciones. Pasaron unas horas y lo estaba amenazando con nunca más verlo, si no aceptaba verme en ese momento, estaba completamente desquiciada, había enloquecido, pero no me importaba y al parecer a él tampoco, porque siguió insistiendo que lo mejor era dejar pasar el tiempo. Lo que consecuentemente hizo que yo enloquezca cada vez mas y le mandé un promedio de 30 mensajes prometiéndole cosas si venia, como cocinarle su comida favorita, devolverle una remera, irlo a buscar al colegio, las cosas iban cada vez siendo más y más absurdas, le decía que si el problema estaba en evitar una situación incomoda, entonces estaba dispuesta a aprender sobre la música que él escuchaba y así tener un tema de conversación, o vestirme como él me lo pidiese, le dije que podía hasta evitar mirarlo a la cara si eso no le gustaba, o si solo refería mantenerse en silencio que es lo que iba a hacer, necesitaba verlo, abrazarlo, y escuchar su respiración. Estaba obsesionada con la idea de tenerlo cerca, y convencida de que él me seguía amando.
Y en mi acto más desesperado producto de un constante rechazo, le dije que no me importaba lo que él me dijera, que y aun así lo iba a estar esperando el jueves de aquella semana en mi casa, que lo iba a esperar con un café y que estaba dispuesta conversar sobre lo que ocurrió, así que sonreí porque realmente creía que eso iba a lograr que el viniera, y así me convencí de que iba a ser una tarde preciosa, iba a cocinarle panqueques, descargar una película que le guste y mostrarle que podía cuidarlo, andes de dormir le mande un mensaje tierno a modo de auto convencerme de que todo estaba bien y nada había pasado, el cual decía "buenas noches mi vida, descansa" su respuesta fue "eso no me conmueve", pero realmente no buscaba conmoverlo, buscaba fingir que todavía estábamos juntos y en el fondo sentía que a él también le gustaba escuchar esas cosas.
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Crisis.
Teen FictionSi tomamos la tristeza como menos y la felicidad como más a continuación obtenemos la suma algebraica de momentos multiplicados por tiempo y divididos por espacio, y obtenemos exactamente un relato de muchas páginas que aburriría a muchos, pero a mo...