Debo admitir que me sentí mal, él tenía un lugar para tener mejor a su gente y yo solo quería un campo con flores. No es que no fuera importante, para mí lo era, pero es que él ya había instalado todo allí, incluso, ya lo había inaugurado y yo, en cambio, ni la casita la tenía ya.
Quizá todos tenían razón y este juego de poder iba a terminar muy mal, sobre todo para mí.
Tomé aire y reaccioné de que me había quedado pegada... Otra vez.
―Disculpa ―le dije.
―No te preocupes, ¿en qué pensabas?
Volví a suspirar.
―¿Qué pasa, Almendra?
―Es que... Hoy pude morir.
―No pienses en eso ―rogó con dolor―, en realidad esos hombres no tenían la intención de hacerlo, solo querían asustarte.
―Ya, pero es que imagina, todo lo que ha pasado entre los dos y...
―Estamos bien ahora, ¿de qué te preocupas?
―Lo que pasa es que...
―Almendra, ¿qué pasa? Si no quieres seguir conmigo, si mi trabajo en realidad te molesta...
Puse las puntas de mis dedos en su boca para callarlo.
―No es eso, es que... ―Tragué saliva―. Tú tienes todo tu cuento armado allá en el campo y yo ni casita tengo ya, ni siquiera la rosa.
―¿Ya? ―Pareció no entender.
―Que te concedo la victoria.
Entrecerró los ojos, no creía en lo que yo le había dicho.
―¿A qué te refieres con ello? ―preguntó al fin.
―A eso. A que te puedes quedar, ya me voy a ir de ahí, te voy a devolver ese terreno.
Apretó la mandíbula, se dirigió a la ventana y miró hacia afuera. Yo me acerqué, no sabía si estaba enojado conmigo o no. Él me miró por un par de segundos y luego me abrazó a su pecho.
―Yo me voy a ir de allí, ayer fui a hablar con los maestros para hacer el traslado de todo.
―¿A dónde te vas a ir?
―Te dije que tenía más terrenos sin ocupar.
―No, soy yo la que está sobrando allí.
ESTÁS LEYENDO
Juego de poder
RomanceUna florista naturalista y un empresario de transportes, ¿qué tienen que ver el uno con el otro? Nada. Si no fuera que sus empresas colindan. El problema es que para Almendra, una mujer que vive la vida de forma natural, los camiones de su vecino e...
