¿Mi papá y don Alfonso se conocían? Eso era toda una sorpresa. Y al parecer, no se conocían en buenos términos.
―No te metas, estoy hablando con mi hija ―le respondió mi papá.
―¿Tu hija? ¿La misma hija a la que querías que buscara para darle una lección?
―Ya te dije que no te metas.
―Escúchame, estoy de franco, pero eso no significa que no pueda usar mi autoridad para sacarte de aquí o llevarte detenido, por si no lo sabías, los policías nunca dejamos de serlo.
Mi papá guardo silencio. Uno de esos silencios que me asustaban tanto de niña, silencios cargados de rabia contenida, de maquinaciones de su enferma mente. Era la calma antes de la tormenta.
Por un momento, pensé en ir con él para evitar más malos ratos, pero, como soy consciente de que siempre meto la pata y tomo malas decisiones, hice lo contrario y me quedé pegada en mi silla, si parecía una damisela en peligro, pues que así fuera. En realidad, así era.
―Almendra... ―me habló Bastián.
Miré alrededor, mi papá ya no estaba y yo era el blanco de todas las miradas.
―¿Estás bien, hija? ―me interrogó don Alfonso
―Sí, sí, gracias.
―Le tienes miedo ―afirmó.
―Creí que ya no.
―Es normal, pero no te preocupes, dudo mucho que vuelva a acercarse a ti.
―Ojalá.
―¿Tu mamá nunca te defendió de tu papá? ―me preguntó la señora Ignacia.
―Su mamá era peor que él ―contestó don Alfonso por mí.
―Él... ¿quiso buscarme?
―Colocó una denuncia por presunta desgracia, tu hermano Antonio apareció poco después rogando que no te buscásemos, él nos contó lo que en realidad pretendía tu papá. Tuvimos las pruebas, pero el problema es que a veces el dinero pesa más y tú ya estabas lejos de él, por lo que no fue necesario hacer nada más. Según mis superiores.
―Pero ustedes se odian.
―Yo no lo odio a él, lo que odio es su impunidad y la del enfermo de Echeñique, su mano derecha; ese tipo no tiene miramiento. Perdóname que te lo diga, mijita, pero ellos están metidos en algo muy feo.
―¿En qué cosa?
―Prostitución infantil.
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Juego de poder
Roman d'amourUna florista naturalista y un empresario de transportes, ¿qué tienen que ver el uno con el otro? Nada. Si no fuera que sus empresas colindan. El problema es que para Almendra, una mujer que vive la vida de forma natural, los camiones de su vecino e...
