―Yo no tengo miedo a enamorarme de ti ―le dije―, yo tengo miedo a que no podamos estar juntos.
―Eso depende de nosotros.
―Ese es el grave problema. ―Me separé de ella y le di la espalda.
―¿Es por nuestros trabajos?
―¿Te parece poco? Ninguno está dispuesto a ceder.
―No es personal, tú mismo lo dijiste.
―¿Estás segura? ―Me devolví y me quedé muy cerca de ella a la espera.
Me sonrió de un modo maravilloso.
―Siempre y cuando no uses tus armas seductoras en mi contra ―replicó medio en serio y medio en broma.
―Aquí la única que usa esas armas eres tú.
La besé con todas mis ganas.
Sobra decir que nos quedamos juntos hasta las cinco, hora en la que la acompañé a la tienda que abriría; tal como la había visto antes, era muy pintoresca, a ella le gustaban las flores, los colores y los artículos de lana y de género, eso quedaba bien estampado en el estilo de ese lugar.
Ya faltaban los últimos detalles de decoración, pues los hombres ya estaban terminando de acomodar los muebles y las vitrinas.
Luego de dar algunas órdenes y de agradecer por el trabajo hecho, nos fuimos a la otra tienda a ver a Roxana, quien se sorprendió mucho por vernos llegar juntos y de la mano.
―¿Cómo estás? ¿Cómo ha ido todo por aquí? ―preguntó Almendra algo tímida.
―Bien, bien, los hombres siguen engañando a sus mujeres y disculpándose con flores.
―No faltan ―repuso Almendra.
―Hola, Bastián, ¿y tú? Creí que estaban enojados ―dijo con sorna.
―Sí, pero ocurrió algo y...
―Se incendió la casita del campo, la que te conté.
―Oh, qué pena, ¿qué pasó?
―Unos drogos se fueron a meter y como yo llegué temprano, se asustaron y dejaron sus pitos y sus cigarros a medio y se prendió todo.
―Buu, qué mal, pero al menos no te pasó nada, ¿te imaginas los tipos te hubieran atacado? ¿Quién se hubiera enterado? Tan lejos y tan solo por allá.
Almendra bajó la cabeza, creo que no se dio cuenta de la real gravedad del asunto, sino hasta que yo le dije y, en ese momento, lo confirmó.
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Juego de poder
Roman d'amourUna florista naturalista y un empresario de transportes, ¿qué tienen que ver el uno con el otro? Nada. Si no fuera que sus empresas colindan. El problema es que para Almendra, una mujer que vive la vida de forma natural, los camiones de su vecino e...
