2: los sueños fallan(Bastián)

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Golpeé con la carpeta, que me habían entregado hacía pocos minutos, el escritorio. Me sentía furioso, o más que eso, sentía cosas que no pueden ser descritas con una sola palabra.

―Bastián, cálmate ―me rogó mi mejor amigo y mi abogado.

―¿Cómo quieres que me calme? ¿Por qué le vendiste ese terreno a una mujer que quiere colocar un jardín allí? ¡No! Eso lo arrancó mi padre de cuajo de allí porque no quería nada que le recordara a su mujer; tú sabes la historia, tú sabes de la tragedia, tú, menos que nadie, podía vender eso para recordar por siempre a mi mamá.

―Bastián, eso pasó hace mucho tiempo, además, ¡tú ni siquiera vives allí! No sé de qué te quejas.

―¿No te das cuenta que allí surgió el problema que llevó a la muerte a mi mamá?

―Sí, pero no fue el jardín, fue su casa que utilizaba como motel el problema, y no puedes decir que no. Esa casa debieron destruirla, no el jardín que no tenía culpa alguna.

―¿Y no se puede hacer nada?

―No lo sé, tú me otorgaste el poder absoluto sobre tus tierras para venderlas, ya está hecho; si no quieres venderlas, debes llegar a un acuerdo con la dueña legal, aunque dudo que la deje ahora, pues estaba fascinada con el lugar, ella tiene una florería en el sector alto de la ciudad y muy pronto abrirá una sucursal en el centro, así que dudo que quiera llegar a un acuerdo, tendrías, no solo que devolverle el dinero, también tendrías que recompensarla.

Negué con la cabeza. ¡Una florería! Seguramente era una de estas tipas estiradas que miran por encima del hombro a todos los demás que no son de su clase. Y yo soy de esa misma clase, lamentablemente.

―¿Qué dices? ¿Dejarás que se quede con el terreno?

―¿Acaso tengo opción?

―Tú decides.

―No, tú decidiste por mí ―ironicé con rabia.

―Ya, hombre, si no es tan terrible. Es una joven maravillosa, eso te lo puedo asegurar, ama las plantas tanto como tu mamá. Es una de las que se llaman "abraza-árboles".

―Mi mamá abrazaba mucho más que árboles ―repliqué resignado.

―Bueno, entonces, ya está todo saldado.

―No lo creo. ―Sonreí al darme cuenta de un pequeño detalle que mi amigo no logró ver antes.

―¿Qué pasa?

―No, dime tú qué pasará cuando ella se entere que el terreno colindante será un estacionamiento de camiones.

―¿Siempre vas a dejar allí los camiones de la empresa?

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