22: La sorpresa de Roxana (Bastián)

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La familia de Elena hablaba con un par de policías cuando llegamos. Nos acercamos a ellos en el instante en el que la mamá hundía la cara en el pecho de su esposo.

―Buenos días ―saludé y luego me dirigí a uno de los oficiales, era el mismo que habíamos visto la tarde anterior―. ¿Tienen noticias? ¿Atraparon a quien hizo esto?

―No, señor Uribe, no sabemos todavía quién lo hizo; estamos trabajando para descubrirlo.

―¿Ni un solo sospechoso?

―Creemos que fue una venganza por algún caso, quizás algún narcotraficante, por el modo de operar. ¿Usted conoce los últimos casos en los que trabajaba? Esperamos la orden del juez para retirar los computadores y revisar las carpetas para buscar los casos.

―No, por supuesto que no, él no hablaba conmigo de eso.

―Bueno, los mantendremos informados. Hasta pronto.

Nos despedimos de él y yo miré a la familia de Elena.

―¿No ha dicho nada el médico?

―No, no, nada ―respondió el marido algo frustrado―, no dejan entrar ni sabemos si puede o no hablar.

Esperamos allí a que alguien saliera a darnos información. Poco a poco fue llegando más gente, familiares que iban a hablar con los médicos que daban sus informes por la mañana.

A pesar de haber llegado de los primeros, el doctor nos dejó para el final en los informes y nos guio hasta su oficina.

―No les voy a mentir ―comenzó a decir―, las cosas no se ven bien para ninguno de los dos. Elena volvió a caer en coma, lo cual no es buena señal, anoche le hicimos algunos exámenes y pruebas, creemos que los que le hicieron esto, la torturaron, presenta síntomas de asfixia y múltiples cortes en su cuerpo.

―A ella... ¿la abusaron? ―consultó el marido.

―No, no presenta rasgos de violación.

El tipo hizo un gesto de alivio que me molestó, ¿de verdad le importaba eso? Su mujer estaba en coma, había sido torturada ¿y le preocupaba si otros hombres la habían tocado? Sí, fue un alivio para todos saber que no lo habían hecho, pero la expresión de su marido fue de: "Sigue siendo mía". O al menos así lo vi yo.

―Del señor Mardones puedo decir que él está grave, se descompensó varias veces anoche y nos ha costado mucho estabilizarlo.

―¿Eso qué significa, doctor? ―pregunté para asegurarme de que lo entendía era lo que había escuchado.

―Su amigo, señor Uribe, está en riesgo vital, las próximas cuarenta y ocho horas son decisivas para saber si se recuperará o hay probabilidades de ello; o se nos va.

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