Abrí los ojos, estaba sola en la cama, a pesar de que hubiera jurado que Bastián se había dormido conmigo.
Me levanté y di vueltas por la habitación mirando todo, sin tomar nada. Hasta que una fotografía llamó mi atención, era de la mamá de Bastián y de él cuando pequeño, ella y su hijo compartían los mismos ojos. El papá, en cambio, se veía un hombre adusto, algo severo.
―¿Descansaste? ―me preguntó Bastián y yo di un salto, me encontraba de espaldas a la puerta.
―Sí, sí, gracias. ―Dejé la fotografía que tenía en las manos y me sentí una intrusa.
Caminé hasta la puerta con la cara al suelo.
―¿Quieres almorzar?
―Sí... Ya... Ya...
Me sentí fuera de lugar, hasta que alcé mis ojos y miré a Bastián, tenía una sonrisa burlona y una expresión muy relajada, divertida diría yo.
―Te ves muy bonita cuando te sonrojas.
―No te burles.
―Nunca me he burlado de ti, te dije la verdad, te queda bien el rojo.
―¡Ya, pesado!
Largó una risotada y me abrazó del cuello.
―No te sientas mal, ¿a quién crees que me parezco? ¿A mi mamá o a mi papá?
―Tienes los ojos de tu mamá.
―Eso me han dicho.
―Era bonita.
―Y en persona más, las fotos no le hacen justicia.
―Con razón tu papá era celoso.
―¿Vamos a almorzar? ―Cambió el tema, yo no me cansaba de meter la pata.
―Vamos ―accedí avergonzada.
Nos sirvieron el almuerzo en un comedor gigante, la mesa era para doce personas y, al parecer, se agrandaba; las sillas, talladas y forradas con un terciopelo azul; los muebles eran rústicos y la decoración hacía sentir que uno estaba en otra época.
―Desde que murió mi papá no había vuelto a comer aquí.
―¿Hace cuánto...? ―No me atreví a decir la palabra.
―Casi dos años.
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Juego de poder
RomanceUna florista naturalista y un empresario de transportes, ¿qué tienen que ver el uno con el otro? Nada. Si no fuera que sus empresas colindan. El problema es que para Almendra, una mujer que vive la vida de forma natural, los camiones de su vecino e...
