Ese hombre me sacaba de quicio a ratos, claro que era solo a ratos, el resto del tiempo era adorable. A veces era como un niño. En ese momento lo era, parecía uno más de los hijos de Roxana. Y yo tampoco es que yo me hubiera comportado muy madura.
Almorzamos en silencio, en ocasiones lo miraba y él, al notarlo, me cerraba un ojo o me lanzaba un beso, yo corría la cara para que notara mi desprecio.
Al terminar, volvió a preguntar sobre lo que necesitaba para ayudarme. Yo no quería contarle lo de mi rosa, pues seguro lo encontraría muy tonto o a lo mejor pensaría que era demasiado trabajo ir hasta allá solo para regarla. Todavía no conseguía un guardia que se quedara a cuidar el terreno y aprovechara de cuidar mi rosa.
―A ver, Almendra Ríos, dime de una vez en qué te puedo ayudar. Yo sé que nos conocimos apenas ayer, pero creo que te he demostrado que puedo ser confiable. Tú estás convaleciente y debes guardar reposo por unos días, si hay algo que debes hacer y no puede esperar, dímelo, yo te puedo ayudar ―habló como en un ruego.
Me rendí.
―Es que es lejos, allá, donde choqué.
―Voy a diario para allá, de hecho, más tarde tengo que ir, así que, si necesitas algo de ese lugar, no es problema para mí.
―¿Trabajas allá?
―No exactamente, tengo unos terrenos y tengo parte de mi negocio allá también.
―Ah.
―Dime, ¿qué necesitas?
―Lo que pasa es que en el sitio cuarenta y ocho, justo donde choqué, voy a hacer un jardín con flores para mis tiendas y se suponía que no había nada ahí porque el antiguo dueño de ese terreno mandó quitar todo de raíz, no sé por qué, el asunto es que un día que fui, lo recorrí y me di cuenta de que hay un pequeño rosal, de hecho, solo hay una rosa florecida y hay que regarla a diario.
―Creo que esa rosa estuvo un buen tiempo sin que nadie se ocupara de ella, es una sobreviviente.
¡Yo sabía que no iba a querer hacer ese trabajo!
―Claro, pero yo le prometí que iría todos los días a visitarla y ahora no podré ―repliqué.
―¿Le prometiste a una planta ir a visitarla? ―me preguntó muy extrañado.
―Sí, ¿por qué no? Son seres vivos, a lo mejor no como nosotros o como los animales, pero son seres que captan las emociones, el medio ambiente, las energías.
Me quedó mirando, yo no pude descifrar su mirada, pero algo en sus ojos, en su expresión, no me gustó, parecía como si me juzgara.
―Si no quieres, no estás obligado, yo te dije que...
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Juego de poder
RomanceUna florista naturalista y un empresario de transportes, ¿qué tienen que ver el uno con el otro? Nada. Si no fuera que sus empresas colindan. El problema es que para Almendra, una mujer que vive la vida de forma natural, los camiones de su vecino e...
