Bastián tenía unas ojeras del porte de un buque, así es que como Roxana se había llevado mi auto, yo manejé el de él. Yo creo que, al agotamiento físico, se le sumaba el emocional, Gustavo era casi su hermano y se estaba debatiendo entre la vida y la muerte.
Antes de llegar a mi casa, pasé por un pequeño restaurant a comprar comida casera para llevar; una buena cazuela de pollo le levantaría el ánimo y le daría la energía que necesitaba.
Tras comer, nos acostamos los dos en el puf... y nos dormimos. Yo desperté cerca de las ocho y media. Me moví un poco y Bastián abrió los ojos.
―Son las ocho y media, ¿te vas a levantar o vas a seguir durmiendo?
―No, voy a levantarme, quiero pasar a la clínica antes de ir a buscar a la familia de Gustavo.
―¿Quieres un café? ―ofrecí.
―Me encantaría.
Me fui a la cocina y preparé las tazas en tanto esperaba que hirviera el agua.
―¿Cómo te sientes? ―le pregunté.
―Mucho mejor.
―¿Descansaste?
―Sí, dormí muy bien.
―Te hacía falta dormir bien.
―Sí, creo que lo necesitaba.
Nos sentamos en el sofá con las sendas tazas de café.
―Bastián, dime algo ―le pedí con cierto temor.
―Claro, dime.
―¿Crees que Gustavo se ponga bien?
―Yo creo que sí, despertó y estaba consciente, según el doctor, eso era un buen síntoma.
―¿Quién pudo hacer semejante barbaridad?
―No lo sé, la policía supone que fue algún cliente que quiso vengarse.
―Espero que paguen lo que hicieron.
―Yo espero lo mismo. El problema será encontrarlos.
―Sí, ojalá que los encuentren y que los pudran en la cárcel.
―Gustavo jamás hablaba de sus casos conmigo, decía que era por lealtad a su profesión y que también era una protección hacia mí.
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Juego de poder
Roman d'amourUna florista naturalista y un empresario de transportes, ¿qué tienen que ver el uno con el otro? Nada. Si no fuera que sus empresas colindan. El problema es que para Almendra, una mujer que vive la vida de forma natural, los camiones de su vecino e...
