Capítulo 29.

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Al otro día me desperté sintiéndome feliz. No me importaba el hecho de que Harry siguiera molesto conmigo y no respondiera mis mensajes, o pensar en que le estaba mintiendo a la única persona que seguía queriendo de mis antiguos amigos de Nueva York. Solo pensaba en lo genial que sería que expulsaran a Margareth y a todos sus amigos.

Me levanté más temprano que de costumbre y me duché, para luego secarme el cabello y vestirme con el uniforme. Para cuando terminé, Catt ya se había ido al comedor, así que solo fui hacia allá. Era un hermoso día, así que caminé lentamente por el campo entre ambos edificios, disfrutando los cálidos rayos de sol sobre mi piel.

Me paré en la fila para tomar mi desayuno de la barra de comidas. Como todas las mañanas, tomé un tazón de leche tibia y algo de avena, y agregué un muffin más a mi porción. Busqué con la mirada al grupo pero no vi a nadie conocido, por lo que me senté sola en el borde de una mesa. Había traído conmigo el último libro del año que Dowers nos había dejado. Me sentía un poco mal por lo que había sucedido con su salón, así que procuraría no darle problemas o trabajo adicional para que pudiera disfrutar de su sufrimiento tranquila. Lo abrí en la primer página y comencé a leer.

Avancé casi un capítulo entero antes de que Rachel y Lucy se acercaran a la mesa cargando sus bandejas.

Alcé la mirada y les sonreí.

-Buenos días, queridas. ¿Han visto a Andy o Catt?

-Deben estar en la enfermería.- dijo Lucy con expresión apesadumbrada.

-Sí, creí que tú también irías.- murmuró Rachel apenas alzando sus ojos a los míos. -Pobre Ben.

-¿Qué? ¿A qué se refieren?- pregunté confundida.

-¿No te enteraste?

-No, no me enteré. Ya, díganme.- exclamé comenzando a impacientarme.

Las dos se miraron mutuamente y luego me miraron a mí. Lucy fue la que habló.

-Esta mañana luego del entrenamiento del equipo, un grupo lo estaba esperando en los cambiadores. Lo golpearon. Cuando el entrenador lo encontró ellos ya se habían ido.

-Oh, no...- fue todo lo que pude decir. Sentí que no había suficiente aire en el comedor para respirar correctamente. -¿Dónde está ahora? ¿Lo saben?

-En la enfermería. Catt fue directamente allá cuando se enteró, creímos que estaría contigo...- la escuché decir, pero para cuando terminó de decir la primera frase yo ya estaba varios metros lejos de ella, yendo a la enfermería.

Salí del comedor y corrí por el campo bajo ese sol que solo unos minutos atrás se había sentido tan bien. Nadie parecía saber lo que estaba sucediendo, todos actuaban como cualquier día. ¿Acaso era la primera vez que ese grupo de idiotas hacía algo así, y aún nadie más se enteraba? ¿O tal vez era muy normal y ya nadie se sorprendía? Cualquiera fuera la respuesta me parecía realmente escalofriante. 

Entré a la enfermería sin pedir permiso o tocar la puerta. La pequeña recepción estaba vacía, no había nadie en el escritorio de la secretaria, pero podía escuchar una voz que me sonaba vagamente familiar. La seguí por el corredor, me llevó a una de las tres salas de atención. Reconocí el mismo acento de Ben en aquella voz, pero no era él. No podía ser él, esta voz sonaba como la de alguien más mayor, y muy molesto. Ben nunca le gritaría de ese modo a nadie. 

Empujé la puerta un poco y ésta se abrió por completo, aunque no era mi intención, solo quería ver quién estaba adentro. Los tres rostros se encontraron con el mío. Aquella voz siguió gritando, pero yo no lo veía, estaba del otro lado de aquella cortina que dividía la habitación en dos.

Best Mistake {h.s.}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora