Capítulo 9

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Los días pasaron apresurados por los cientos de sirvientes alistando el salón real para la ocasión. Cada uno parecía entre feliz y triste por todo, y en realidad no solo ellos. Melody sentía que su mundo se resquebrajaba lentamente, pedazo a pedazo hasta caer al suelo.

El romance secreto con Warley había continuado, y pese a todo no evitaba el dolor al saber que pronto lo perdería. Era una desgraciada si se enamoraba, pero lamentablemente lo había hecho. Cada día lo recordaba durante más tiempo, y lo extrañaba... con más ansias.

Mientras que las cosas con Redtict iban cada vez mejor. No podía decir que lo quería siquiera, pero al menos ya le tenía algo de confianza. Según él eso era lo primordial ya que al ser su padre debían hablar las verdades de frente.

Y justo hoy era la fiesta.

Faltaban tal vez unas dos horas y ella seguía encerrada en su cuarto sin moverse siquiera de su cama. Si alguien la viese mejor, notaría las transparentes lágrimas que bajaban por su rostro pese a ocultarse los ojos con un brazo. Su Arley la dejaría, se casaría. Y ahora tendría tres semanas para verlo partir lentamente, aunque lo que la hacía sentir peor era saber que probablemente para él esto solo fue un juego, sin ninguna verdad a la vista. Nunca se dijeron "te quiero" y mucho menos un "te amo" que justo ahora significaría demasiado, solo eso y tal vez ella cumpliese su estúpida promesa. Ahora sería una sombra, no debería serle imposible recuperar un reino y dárselo en bandeja de plata, pero cada vez lo pensaba mejor, ¿valdría realmente la pena mancharse las manos de esa manera? Porque era seguro que mataría a alguien en el camino, sino a todos. Se sentía mal por muchas razones.

–Melody –dijo la voz que ella reconoció como la de "su padre", Redtict.

– ¿Qué necesitas? –replicó ella intentando no sonar con la nariz tapada o la garganta hecha trizas.

– ¿Cómo que "qué"? La fiesta de compromiso es en menos de dos horas y según escucho no te has alistado –comentó un tanto enojado, pero ella sabía que eso era su preocupación, nunca se enojaría realmente con ella, tenía esa confianza.

–No voy a ir –respondió ella secamente. Pero él entró y cerró la puerta. Ella lo miró espantada ya que tenía la habitación desordenada. Se sentó de inmediato.

–Ordena un poco luego –dijo mirando todo. Ella se percató de la caja plateada en sus manos–. Vas a ir quieras o no, eres parte de mi familia. Así que acostúmbrate porque de ahora en adelante deberás participar en este tipo de eventos frecuentemente. Toma –replicó colocando el regalo en la cama al lado de sus pies–. Tu vestido.

Ella se quedó en silencio pero de todas maneras aquello le llamó la atención. Había usado vestidos anteriormente... al menos una o dos veces, y era el mismo. No tenía idea de cómo se vería otro. Así que lentamente destapó la caja y quitó el envoltorio de un papel extraño. El resultado fue blanco, lo alzó y miró mejor.

Era realmente largo, tocaba el suelo, aunque a ella debía quedarle perfecto. No tenía joyas, las únicas decoraciones era un encaje con forma de rombos que subía desde la cintura hasta el cuello alto, y una delgada cinta al final de este. No tenía hombros, y la espalda tenía la mitad de descubierta. Y el escote cubierto por la seda era en estilo corazón.

 Y el escote cubierto por la seda era en estilo corazón

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Corte de FalsedadesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora