Dedicado a: Itachichan
David había sido más duro que antes en el entrenamiento, sin embargo no borraba la sonrisa de su cara. Tal vez le emocionase más de la cuenta el hecho de que hoy Melody no dormiría, aunque no por razones ignotas. La llevaría a un lugar que solo para él y sus AS era consabido. Allí aprendería de los demás, tal vez se cumpliese el sueño de su padre de que ella fuese más fuerte que los otros.
– ¡Arriba a la derecha! –gritó muy deprisa David y ella movió el brazo para salvaguardarse del golpe que él mismo lanzaba en ese momento– ¡Bien!
–No deberías... decirme –replicó ella entre suspiros cansados y de concentración.
–Aún no eres lo suficientemente resistente como para entender mis movimientos sin necesidad de que te los diga. Eso lo aprenderás solo con el tiempo y el trabajo, ¡sigue! ¡Derecha al medio! –lanzó una patada a un costado de su abdomen y ella retrocedió de un salto no sin un pequeño roce. Si hubiera sido una espada tendría una gran herida justo ahora.
Su respiración era dificultosa y el sudor atiborraba su frente. Nunca nadie dijo que sería fácil y vaya si no lo era, pero apenas era solo el comienzo, o eso al menos sentía.
Leo se dedicó y practicar el tiro con arco, cosa que ella aún no hacía. Eso le causaba pesar ya que ella había comenzado antes que el susodicho por varios días y este por su conocimiento ya la superaba.
La noche continuó hasta que sus músculos ardieron tanto que tuvo que detenerse una buena hora de su entrenamiento a descansar. Por primera vez en los días anteriores sentía como su cuerpo le pedía reposo, como el dolor llenaba sus músculos. Aunque una sonrisa se formó en su rostro al saber que esto y cada cosa que hacía era un paso más cerca de Arley. Tal vez un día verdaderamente lograse estar a su lado, pero sabía que no sería como ella quería.
–Leo, son las cuatro. Puedes marcharte –dijo David deteniéndose a él mismo de su entrenamiento lanzando cuchillos. Melody estaba sentada en una butaca negra cerca de su hermano.
–Sí, señor –respondió obediente el niño lo cual los sorprendió a ambos. Luego se marchó en silencio.
Pero ella notó cómo sus ojos se veían nublados y sin mucho brillo, algo había sucedido. Y ella como buena sombra, sin serlo realmente, no se había enterado. Hizo un puchero ante la decepción, la carcomía la curiosidad.
–Bien, entonces... Vámonos –David dejó el largo y delgado cuchillo en una mesa a su lado para luego ofrecerle a ella una mano.
– ¿Tan rápido? ¿No debes hacer algo más? –preguntó ella sin temor de tomar su ofrecimiento. Se puso de pie sobre sus botas negras sin tacón alguno, cosa que no era parte del uniforme de sombra. Se suponía que debía usar unas con tacones adaptados a su trabajo pero seguía sin confiar en su equilibrio a la hora de correr o saltar en esas cosas.
–En realidad no, simplemente me marcho apenas te vas. La noche y su mañana es larga como para desperdiciarla –anunció mientras le soltaba de la mano y empezaba a caminar hacia afuera. Entonces ella lo siguió.
M
Un gran almacén con sus paredes teñidas de blanco se hallaba a las afueras de la ciudad central de Redtict, un tanto lejos pero disponible con el tránsito de esta hora. De la mansión hasta allí solo tardaron veinte minutos en motocicleta, aunque la velocidad a la que viajaba David no era del conocimiento de ella.
Y he allí el lugar donde aprendería a ser una asesina, el propósito aún nublado pero cierto. Ella sería eso pronto, para la guerra y quién sabe qué más.
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Corte de Falsedades
Ficción GeneralWarley es el rey de Asder un pequeño reino reconocido ante los demás por su gobernante déspota y al mismo tiempo un guerrero invaluable. Conocerá a una joven llamada Melody a la que le dará trabajo en el castillo, pero ella lo odiará hasta que descu...
