"Hay personas que se van de tu vida, y al final no sabes si ganaste o perdiste"
La mañana de sábado me despertó con unos molestos ruidos provenientes del piso de abajo. Noté la ausencia de mi almohada canina, y afiné el oído para escuchar vagamente el ladrido frenético de Josephine, acompañado de varias voces y lo que me parecía que era el movimiento de objetos pesados. ¿Muebles, quizá?
Mierda, hoy se mudan Neru y Len.
Me levanté de un salto y busqué ponerme algo que diga "soy linda naturalmente, y realmente no me estoy esforzando para parecerte linda a ti, Len". Un vestido corto de color blanco me parecía apropiado luego de fijarme que no era una mañana fresca, sino más bien soleada y cálida. Me coloqué un moño blanco que era de mis preferidos, y calcé unas sandalias en mis pies. Con una breve mirada al espejo me aprobé a mí misma, y bajé las escaleras para encontrarme con el desastre que era mi hogar.
Josephine le ladraba desvergonzadamente a todos los hombres de la mudanza, quienes estaban metiendo cajas de todos los tamaños a la casa, y también algunos muebles. Bajaba las escaleras algo confundida cuando vi a Len entrar con dos grandes cajones en sus manos. Al verme, los bajó sin titubear y se acercó hasta mí. Bajé el trecho de escaleras que me faltaba, y nos encontramos al pie de las mismas. Len no dudó en depositar un agradable beso en mi frente.
- ¿Te hemos despertado, verdad? Te pido disculpas -musitó, elevando un poco la voz en medio del griterío que era ese salón. Observé como estaba vestido, se había vuelto uno de mis pasatiempos contemplarlo. En esta ocasión llevaba una sudadera de color blanco y azul, remangada, y el cabello estaba recogido en una coleta improvisada.
- ¿Eh? No... ¡Bienvenidos a casa! Esto... ¿necesitan ayuda?
- Mmm. No nos vendría mal -se sinceró el rubio-. Toma, puedes llevar estas a la habitación del fondo -hizo ademán de darme las cajas que estaba cargando, y palidecí a lo que extendía las manos para recibirlas. Len rió.
- Es broma, tonta. Hay más cajas en el camión, puedes agarrar una más pequeña.
Me enrojecí y fruncí el ceño algo indignada. ¿Acababa de decir que era débil?
- Tú puedes agarrar una más pequeña - le contesté con molestia, y tomé una de las cajas que él estaba cargando sin darle tiempo de replicar.
Uff, estaba más pesada de lo que imaginé.
Pero mi orgullo era aún más pesado.
Sentí su mirada encima mientras me dirigía -con dificultad mal disimulada- a la habitación que posteriormente él pasaría a ocupar. Anteriormente había sido un cuarto para huéspedes, por lo cual la decoración era bastante neutra y no le costaría darle su toque personal. Luego de dejar la caja que treía en mis manos me fijé en los cajones que ya se habían instalado, viendo algunos entreabiertos.
La curiosidad era más fuerte que yo, y me acerqué a una llamativa caja de gran tamaño. Me arrodillé junto a ella y removí su contenido. Con decepción, contemplé que se trataban de puros libros. Solté aire. No sé que esperaba encontrar ahí.
- ¿Estás hurgando en mis cosas, Rin? -me sorprendió Len, y me giré para encontrarlo apoyado en el marco de la puerta.
- ¿Qué? ¡No, y-yo...!
- Tranquila, no pasa nada -me suavizó, acercándose una vez más a mí, y noté cómo volvían a sudarme las manos. Esto estaba volviéndose algo incómodo. Todavía tenía los dientes apretados cuando volvió a hablar- ¿Te asusté?
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EL PACTO | RiLen
RomanceTHRILLER / ROMANCE Rin Kagamine se niega a aceptar que su padre se ha suicidado, por lo que decide ayudar en la investigación policial. La pubertad, la amistad, el amor y la familia tocan su puerta, esperando ser atendidos en esta historia que llev...
