Felices para siempre

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"Llegó el día de decirte que Sí, para siempre"

Esa mañana de domingo me levanté muy temprano, eran cerca de las seis de la mañana cuando se empezaba a escuchar movimiento en el piso de abajo. Inspiré profundamente al tomar consciencia del día que era, y de todo lo que pasaría hoy.

"No existe un mejor maestro que las experiencias amargas vividas en carne propia"

Había pasado por muchos cambios en los últimos meses, pero nada podría prepararme para lo que estaba a punto de suceder.

Tomé una ducha bien helada, cosa que normalmente era demasiado perezosa para hacer en las mañanas... pero ese día era diferente. En mi cabeza rondaban demasiadas cosas.

¿Y si Miku armaba una escena hoy? ¿O Gumi, tal vez?

Si yo estaba nerviosa, no me imaginaba cómo estaría mi amiga peliturquesa. También sus padres fueron invitados, los cuales conocían bien a Lily, e incluso se consideraban cercanos a Gackupo.

A pesar de que el asunto de Gumi ya estaba más calmado, toda esa supuesta amistad íntima con el policía llamado Fukase me parecía un invento, una mentira muy bien montada por ella... Sin embargo no era a prueba de balas, ¿qué pasaría cuando sus sentimientos estén a flor de piel?

Y, por otro lado... ¿Qué haría Len cuando me vea y se vea forzado a hablarme?

El rubio se había esmerado en evitarme durante todo el día anterior, nunca me habría imaginado que podía ser tan sigiloso. Trataba de no tomármelo demasiado a pecho, sabía que quizás sentía remordimiento por lo que había sucedido entre nosotros... Y no quería presionarlo demasiado.

No podía haber estado más equivocada.

Anoche leí en el diario de Miriam que para un hombre su espacio era muy importante. Según ella, los hombres -entre ellos, mi padre- tardan más en procesar sus propios sentimientos, y a veces huyen de ciertas situaciones cuando no pueden entenderse a sí mismos.

Larga vida a Miriam Akita, sus palabras me habían ahorrado un ataque de nervios.

Aunque no negaría que tenía cierta aversión a pensar que quizás el policía estaba considerando  rechazar mis sentimientos.

Enjaboné mi cabeza, masajeando mi cuero cabelludo con las yemas de mis dedos y esforzándome por concentrarme en ello, tratando de liberar la tensión y dejar ir esos pensamientos negativos.

No quería salirme de mis chakras tan temprano en la mañana.

Salí de la ducha y me sequé. Procedí a colocarme una bata holgada para poder vestir a Josephine, quien también debía estar muy presentable para la ocasión. Como olvidé completamente bañarla, inteligentemente le rocié perfume para canes y le coloqué un lindo lazo rosa alrededor del cuello.

¿Qué más podía hacer?

Procedí a depilarme las piernas, esmaltarme las uñas con un tono pastel, secar mi cabello y pasarle el instrumento de tortura y agresión personal conocido como "planchita", para luego decidir que probablemente unas ondas en el cabello se me verían mejor. No me tardé demasiado debido a la absurdamente corta longitud de mi melena, y luego procedí a abrir uno de esos tutoriales para maquillaje "natural" de internet, y lo seguí como pude utilizando una mínima cantidad de base, rubor y máscara de pestañas, e intentando con todas mis fuerzas no terminar con la cara como un mapache.

EL PACTO | RiLenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora