Llamen al policía

374 49 17
                                        

"Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando"

El día pasó como un soplo. Durante las últimas horas de la tarde me había dedicado a observar el temporal que se nos vendría encima para la hora de la salida, y no me sorprendí de mi desgracia al ver al cielo largarse a llorar justo cinco minutos antes de que toque la campana.

Cuando llegamos a la puerta y en el momento exacto antes de salir a empaparnos, visualicé un vehículo que se me hacía demasiado conocido. Mis amigas sonrieron instantáneamente, era una camioneta blindada de pintura plateada, relucía y destacaba aún con la lluvia encima. Su dueño era Mikuo, y bajó la ventanilla hasta la mitad dándonos una señal para que subamos.

- Lo siento chicas, tengo algo que hacer ahora - traté de explicarles en vano, mientras ellas me observaban con la duda en el rostro y girando la cabeza hacia la derecha levemente.

- ¿Ehh? - respondieron al unísono.

- ¿Me estás diciendo que quieres mojarte? - me preguntó Gumi con incredulidad.

La bocina de la camioneta gris sonó a pocos metros de nosotras.

- De verdad tengo algo que hacer ahora, ¡no puedo ir con ustedes!

Las primas intercambiaron miradas y decidieron dejarme allí, no sin antes hacerme escuchar los reproches de Miku quejándose de que no me pasaría los apuntes si me resfriaba a causa de mi terquedad. Le prometí solemnemente que no lo haría, y recién en ese momento se subieron a la camioneta. Mi amigo me miró extrañado, pero a juzgar por su reacción al subir la ventanilla y salir a una velocidad considerable seguía picado por lo de ayer, porque le pregunté sobre Akita y le saqué información sin contarle que le conocía.

Ya hablaré con él -me tranquilicé mentalmente-, sabiendo que no lo haría hasta que la situación sea inevitable.

Suspiré disfrutando de la soledad por algunos segundos, miraba a los alumnos correr como si eso hiciera que se mojasen menos, y observé mis ropas, lo más sensato sería colocar mi mochila sobre la cabeza.

- No tendrás pensado ir así - escuché a mis espaldas, segundos antes de lanzarme a la calle.

Oliver al rescate. Me miraba con su sonrisa tierna mientras sostenía un paraguas en el que podrían entrar dos personas.

- Te acompaño a tu casa -se ofreció de forma caballerosa como era su costumbre.

- Pasa que no voy a ir a mi casa -le dije con una sonrisa chueca-, tengo algo pendiente.

- Te acompaño -insistió sin perder la oportunidad ni la sonrisa.

- Oliver -pronuncié con algo de autoridad, tratando de ser firme- tengo que ir a la estación de policía -le confesé.

- ¡Perfecto! Siempre he querido conocerla.

Dios santísimo, ¿podía dejar de ser tan adorable solo un momento? Fuerzas misteriosas me hacían querer pellizcarle los cachetes hasta arrancarlos de su mejilla y comérmelos...

¿Solo yo? Ok.

Nuestro recorrido era agradable, Oliver me transmitía totalmente otra energía que mis amigas, y yo también me sentía diferente a su lado. Cuando llegamos, luego de una larga y embarrada caminata de casi media hora, debí ser más dura con él y asegurarme de que realmente no me espere y vaya a su casa.

EL PACTO | RiLenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora