Back In Time

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—No hagas cosas estúpidas—su corazón se comprimió al decir aquellas palabras.
—¿Como hacerlo si tu te llevas todo el crédito?—Sonrió con pesar.
Ambos hombres se estrecharon en un férreo abrazo.
—Cuídate— susurró James, sabiendo lo que su amigo haría.
—No te preocupes, todo estará bien.
Steve rompió el abrazo y se subió a la plataforma de la máquina del tiempo.
—Recuerda que tienes que dejar las gemas exactamente en el mismo momento en el que las tomamos.—recordó el Dr. Hulk.
—Lo sé, los veo luego—se despidió Steve justo antes de desaparecer por aquel portal.
—¿Cuanto tiempo tomará? —preguntó Sam preocupado por su amigo.
—¿Para él? El tiempo necesario, ¿para nosotros?, unos pocos segundos.
[...]
1970
Como le indicaron, dejó todas las gemas en su tiempo junto al Mjolnir, dejando la gema del espacio para el final.
La música sonaba mientras la pareja bailaba soñadoramente en una pequeña, pero acogedora casa. Habían planeado esto hace treinta años atrás, pero, por circunstancias del destino no se pudo dar.
En cuanto la canción terminó, el hombre de cabellos rubios besó la mejilla de la mujer más baja que él y de cabello castaño.
—Gracias por eso—Peggy se abrazó más a él.
—Gracias a ti, sentí que esto era necesario—Steve besó su frente y luego la soltó, ambos se sentaron en el sofá.
—Es realmente terrible lo que me cuentas del futuro, salvo por el hecho de que ganamos, pero a un alto precio—Peggy tomó su tasa de té y le dio un sorbo.
—Si, perdimos a muchos, pero todas y cada una de sus muertes sirvieron para ganar nuestra libertad—soltó Steve decidido.
—Si realmente te creyeras eso, no estarías aquí—Steve sonrió apesadumbrado—no puedo creer que te hayas casado con  un Stark y menos con el hijo de Howard, es realmente hilarante la situación.
—Dímelo a mi, que siempre critiqué el estilo de vida que llevaba Howard, entonces, conocí a Tony y resulta que es exactamente igual a su padre, salvo por el hecho de que él si logró enamorarme—Steve sonrió con nostalgia, echaba de menos a su amor.
—Se nota que lo amas mucho, siento mucho que lo hayas perdido. —Peggy tomó su mano en señal de apoyo.
—No lo perdí, por eso estoy aquí.
—Aquella visión de la que me hablas, es un poco inverosímil, pero, considerando el hecho de que estés aquí, supongo que es factible, pero, me temo que tendrás que esperar, amigo, tu hombre aún se encuentre dentro de su saco amniótico.
—Lo sé, toda mi vida esperé por él, puedo esperar unos dieciocho años más.
Peggy soltó una carcajada.
—Tu, realmente eres un...
En ese momento sonó el teléfono, Peggy se disculpó y contestó, tras un escueto saludo y un par de palabras, colgó.
—Estas de suerte—Sonrió Peggy y miró con admiración a Steve—tu hombre acaba de nacer.
El corazón de Steve latió desbocado, mentiría si diría que no se había dado cuenta de que había llegado a esa época justo el día veintinueve de mayo, ya que él lo había planeado. Se levantó de su asiento y sonrió.
—Llévame con él, por favor, Peggy.
—¿Acaso piensas llevártelo?—se horrorizó la castaña.
—No, nada de eso, solo quiero verlo, ver como era de bebé, después de eso, desapareceré hasta que sea el momento.
—De acuerdo, te llevaré con él.
Ambos amigos salieron de casa rumbo al hospital, Steve veía las calles con nostalgia mientras trataba de calmar sus nervios. Vería a Tony otra vez, de bebé, pero lo vería al fin y al cabo.
Para cuando llegaron, Peggy infiltró a Steve como si fuera uno de los residentes del hospital que estuvieran haciendo sus revisiones de rutina, mientras ella hablaba con Howard animadamente, él se adentró a una sala llena de incubadoras.
Habían por lo menos unas quince con bebés dentro de ellas, tendría que leer cada una para encontrar a su bebé, pero, no había ni llegado a la primera incubadora cuando un grito lo sobresalto y una pequeña mano se levantaba insistentemente para hacerse notar.
Curioso, se acercó hacia él, su sorpresa fue grande al leer el nombre de aquel bebé de hermosos ojos castaños con pobladas pestañas, cachetes rojos y regordetes como todo él. El bebé de inmediato tomó su dedo en cuanto tuvo la enorme mano del soldado a su alcance. Steve se percató que aquel bebé lo miraba como si lo reconociera, su visión fue cierta, él es Tony.
—Volveré pronto, espérame, bebé.—se acercó y tras acariciar sus cabellos, le dio un tierno beso en su pequeña frente. Sonrió con ternura cuando su bebé comenzó a reír y a patalear con vitalidad.
Steve salió de allí con el corazón compungido por dejar atrás a su niño, pero, con la esperanza de verlo pronto, muy pronto.
[...]
—¡Anthony, te dije que bajes el volumen de esa música!—Gritó un hombre muy enojado a través de un intercomunicador.
—¡No se me da la gana!—devolvió enojado una voz de un joven.
—Este mocoso...—Howard tenía toda la intención de levantarse y darle una reprimenda a su muchacho, pero fue detenido por su invitado.
—No se preocupe—Sonrió el hombre rubio de espesa barba—los muchachos son así, muy apegados a su música y fiel a sus instintos.
—Debe disculparlo, profesor Potts, mi muchacho es un buen  chico, es solo que al ser nuestro único hijo lo consentimos demasiado y ahora vemos los resultados.
—No se preocupe, intentaré ayudarlo en todo lo que pueda, señor Stark.
—No sabe cuanto se lo agradezco—el hombre suspiró aliviado—Bien, vayamos de una vez a su habitación para que pueda conocerlo y que coordinen en qué días podrá darle sus clases de pintura antes que regrese a la Universidad a terminar sus doctorados.
Ambos hombres se levantaron de sus asientos y se encaminaron hacia la habitación del niño de la casa. El corazón de Steve latía desbocado dentro de un pecho, temía que el sonido fuera tan fuerte como para alertar a Howard, pero no podía evitarlo, había esperado pacientemente a que transcurriera el tiempo para reencontrarse con su castaño y al fin, después de tanto tiempo, estaba a escasos metros de verlo y de confirmar si su visión era verdad.
De pronto, se detuvieron frente a una puerta aparentemente normal, salvo por el hecho de que junto al marco de la misma, tenía un identificador ocular y de bajo un identificador de mano y hasta de voz.
—Anthony, ya sé que sabes que estoy aquí, abre la puerta.
—Contraseña incorrecta—se escuchó una voz metálica femenina.
—Tony, no estoy para juegos, tengo a tu profesor de pintura aquí y no quiero que vea como es que te doy una tunda por ser un mal educado—respondió el mayor de los Stark ya a punto de perder los estribos.
Al cabo de unos segundo se escuchó como las alarmas eran desactivadas y la puerta fue abierta lentamente.
Ambos hombres entraron a la señal del Stark mayor a la enorme habitación. Steve se sorprendió de lo pulcra que estaba, salvo por algunos libros y planos tirados por el piso de forma estratégica. Las paredes estaban cubiertas de afiches de películas de culto de la época, de carteles de bandas de rock y uno que otro afiche de mujeres en paños menores. Aquello no le gustó nada al rubio.
—¿Y bien?, ¿por que perturbas mi paz?.
Entonces, lo vio.
Alto, delgado, vestido con una camiseta de los Yankees de Nueva York que le quedaba enorme y un short que dejaba a la vista sus largas piernas. Tenía el cabello corto a los lados y largo y esponjado en la coronilla, tal y como se usa en esta época. Su rostro libre de la barba que por tantos años amó, le dejaron ver sus labios llenos y rojos cual fresas maduras, a esa distancia su piel se veía tersa y lozana, sus manos picaban por tocar rostro.
Sus miradas al final se cruzaron y pudo comprobar que sus pestañas siempre habían sido así de pobladas y largas, pero, lo que le dio un vuelco al corazón fueron su ojos. Aquellos ojos castaños brillaban con la astucia y la vitalidad de su edad, aunque, se veían confusos y hasta molestos mientras le devolvía la mirada.
—Profesor Potts, le presento a mi hijo, Anthony Edward Stark, Anthony, este es tu nuevo profesor de arte, el señor Peter Morgan Potts.
Inmediatamente, Steve estiró su mano mientras se acercaba al joven para estrechar la contraria en señal de saludo, pero el joven ni se inmutó, lo miró con hostilidad y se cruzó de brazos.
—Sigo sin entender por qué te metes en mis asuntos, te dije que no necesitaba ninguna clase de nada.
—Y yo te dije que no me importa tu opinión —replicó Howard molesto ante la descortesía de su hijo— tendrás estas malditas clases y punto, ahora, más te vale tratar bien al profesor, de lo contrario, tu y yo tendremos problemas, jovencito.
Tras aquella amenaza y luego de disculparse por dejarlos solos debido a una reunión que aclamaba por su presencia, Howard salió de la habitación dejándolos solos.
Tony lo seguía viendo con abierta hostilidad y un semblante tenso mientras las esperanzas de Steve morían, no lo reconocía, de lo contrario habría hecho algún además, tal como logró hacerlo cuando era bebé. Ahora, tendría que conquistar su corazón, si había sido difícil ganar su amor y confianza cuando era adulto, no quería ni imaginar el calvario que sería conquistarlo siendo un adolescente. Steve suspiró y se decidió a comenzar de una vez, ya había esperado diecisiete años, lo cual demostraba que estaba dispuesto a lo que sea para tenerlo de vuelta. Llámenlo egoísta, pero ambos habían sacrificado demasiado y merecían estar juntos de una vez y por todas.
—Bien, ¿que días te vendrían bien verme?—Preguntó, intentando no sonar desesperado o inquieto.
Tony estrechó su mirada y se acercó lentamente hacia él, hasta quedar a escasos centímetros del cuerpo fornido que lo llamaba como el canto de las sirenas a los marinos. Se puso de puntillas aun con los brazos cruzados y acercó su rostro al del mayor, de modo que pudiera apreciar mejor sus ojos. El castaño sintió la tensión en el cuerpo del mayor, quería llorar y gritar de alegría, pero debía irse con cuidado, no quería delatarse por si su padre  aún estaba por los alrededores.
Entonces se alejó lentamente, regresando a su posición original.
—Peter, Morgan...
—Si, ese es mi nombre, puedes llamarme profesor si te incómoda...
—¿Donde están? ¿Cómo están ellos?
El corazón de Steve se detuvo un latido, para luego retomar su ritmo frenético.
—Tu... —Su voz tembló debido a la emoción y a las lágrimas que pugnaban por salir.
Soltó un gemido involuntario cuando Tony alzó sus manos y tocó su rostro.
—Lo siento, en verdad lo siento, debiste esperar mucho por mi.
—Ninguna medida de tiempo será suficiente para esperar por ti, ninguna.
Sin esperar más, ambos se fundieron en un beso hambriento, voraz.
—Steve... Mis hijos... —consultó entre besos, quería saber primero antes de entregarse a su marido, a su único amor.
—En casa... A salvo...
Steve dejó de hablar cuando su bendito niño metió su lengua en su boca para tener una batalla de voluntades con su lengua, o simplemente querer tener lo suficiente de él como para volverse loco.
De pronto, la ropa comenzó a estorbar y ambos se deshacían de la misma con mucha prisa, ávidos de sentirse piel con piel después de tanto tiempo. Ambos gimieron cuando los duros músculos de Steve tocaron la suave y tersa piel del joven Doncel que en ese momento era Tony, su piel siempre fue suave y tersa, pero ahora, con su juventud a flor de piel se le antojaba tan suave como el algodón o la mismísima seda.
Sin mucho preámbulo, ambos cayeron en la gran cama del castaño, quien abrió las piernas lo más que pudo para acoger a gusto a su soldado de otro tiempo.
—Dios, como te extrañe, tanto que morí un poco cada día—Steve susurraba contra la piel inmaculada, dejando sendos besos en ella por primera vez.
—Y yo a ti, mi amor, y yo a ti. Te amo.
Tony soltó un gemido en cuanto Steve entró en él, ambos se besaron con ardor mientras se movían al ritmo sensual de las caderas del rubio. El pequeño castaño acarició su rostro cubierto de una espesa barba, arañó su espalda, mordió su pecho, hombros y cuello, sentir nuevamente la piel y el calor de su marido era como tocar el sol con  las manos desnudas.
Lo amaba tanto, a él y a sus hijos que tomó una drástica decisión, hubiera bastado con quitarle una gema o dos a Thanos, pero él no los habría dejado en paz y matarlo estaba resultando ser una tarea realmente difícil, entonces, para salvar a su familia y su mundo, tomó todas las gemas en su mano y chasqueó los dedos, no sin antes desear que haya una forma de que los seres humanos puedan protegerse a si mismos sin que tengan que depender de los súper héroes consagrados.
Si, él moriría, pero, al menos su familia estaría a salvo, ya podría verlos cuando llegara su momento. Pero, no contó con que aquel sacrificio traería consigo una recompensa, la cual estaba disfrutando justo en este momento mientras su marido levantaba sus piernas y las colocaba sobre sus fornidos hombros mientras lo penetraba salvajemente.
Steve hizo que Tony se viniera de forma escandalosa en esa posición, mientras que él, sumido en aquellos ojos hermosos y hundido en su estrecho y suave cuerpo, lo siguió en un orgasmo también devastador. Steve tomó el cuerpo de Tony y lo levantó, de modo que quedara a horcajadas sobre él, abrazándolo con sus brazos y piernas. Al sentirlo tan cerca de él, sentirlo piel con piel, sentir su lazo, su conexión de alma gemela tan vivo dentro de si mismo fue demasiado para él, entonces, se permitió derramar aquellas lágrimas que habían luchado por salir hace una hora atrás.
—Perdóname amor, por favor perdóname —comenzó a sollozar el castaño al ser embargado también por sus sentimientos.
—No, mi amor —Steve comenzó a besar su rostro, secando sus lágrimas—no tienes por qué pedir perdón, tu hiciste lo que un héroe hace, tu nos diste una oportunidad de vivir, le regalaste el mundo a nuestros hijos.
—Yo te dejé solo.
—Tu nos salvaste, en todo caso, el que debería de pedir perdón soy yo, no estuve contigo cuando perdimos a Peter, no estuve contigo cuando trajiste a Morgan al mundo, no llegue a tiempo, no te protegí, perdóname mi amor. —Steve comenzó a sollozar nuevamente.
—Esta bien, amor, todo va a estar bien a partir de ahora, te lo prometo.
Tras secarse las lágrimas, ambos amantes se fundieron en un abrazo, prometiendo no volver a separarse en lo que les quede de vida.
[...]
Presente
—Bien, ahora él volverá en tres, dos, ¡uno!
La máquina se encendió y trajo de vuelta no sólo a Steve, sino también a alguien más.
Dr. Hulk y Sam miraron sorprendidos a los recién llegados, todo fue peor cuando ambos se quitaron los cascos y dejaron ver sus rostros.
—No lo puedo creer, ¡estoy realmente en el futuro!— gritó un muy joven castaño muy emocionado dando saltitos sobre la plataforma mientras miraba todo a su alrededor— Oh por Einstein ¿quien Diablos eres tu?
Preguntó Tony asustado y colocándose detrás de Steve en cuanto vio al hombre verde, quien enfurecido se acercó a los recién llegados.
—Cariño, no creo que...
—¡¿Te volviste loco, Steve?! ¿Como pudiste hacerlo?, tendrás que devolverlo a su lugar, por más que lo extrañes, tienes que regresarlo.
—Hey, yo no soy ningún paquete defectuoso como para que me tenga que regresar a la tienda.
—Silencio, niño, esta es conversación de adultos—vociferó Bruce.
—¡Niño!, ¿como te atreves a llamarme niño?, tu, cosa verde con anteojos.
—Cariño, deja ya esto...
—¿Que esta pasando? —preguntó Sam confuso.
—¿No lo reconoces?—obtuvo una negativa de parte del moreno—ese de allí es Tony Stark, de unos veinte años, cálculo. —soltó James sonriendo de oreja a oreja. Su amigo lo había logrado.
—¡¿Que?!
—¡Tiene que irse!—continuó Bruce ajeno a la plática de los otros dos— por más que nos duela su partida, no podemos tenerlo aquí, él no pertenece a este mundo, su línea temporal se verá afectada si no está él allí, activaré ya mismo la máquina —el hombre verde se acercó al panel.
—¡No!—gritó Steve bajando de la plataforma junto a Tony, quien había llegado junto a Bruce y le había tomado del brazo.
—Bruce, no es necesario, soy yo, bueno, yo de diecisiete años, pero conservo mi mente, conservo mis recuerdos, vamos Bruce boo. Soy yo.
El mencionado de sobresaltó al escuchar ese apodo, de inmediato sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡17! Esta vez si te saltaste la barda, Steve—comentó James intentando no carcajearse mientras Steve le lanzó una mirada en advertencia.
—Eres tu ¿en verdad eres tú?—preguntó nervioso Bruce.
—Si, hermano, soy yo.
—Tony.—el hombre verde prácticamente lo cargó con su brazo bueno para estrecharlo contra su enorme cuerpo—Dios, que bueno tenerte aquí.
—No... Puedo... Respirar...
—Oh, perdón—puso de nuevo en el piso al castaño— pero, ¿como es posible?
—Te lo contaremos todo, te lo prometo, pero ahora—Tony se giró hacia su marido— necesito ver a mis hijos.
—Tony, ya hemos hablado de esto—Suspiró Steve acariciando su rostro, no quería verlo sufrir por si ellos lo rechazaban— Peter quizá lo entienda, pero a Morgan podría causarle una gran impresión.
—Steve, yo quiero verlos y que pase lo que tenga que pasar. Por favor, siento que he estado lejos de ellos hace una vida, cosa que es literalmente cierto, por favor.
—Está bien, mi amor, está bien.
Todos se encaminaron hacia la casa que el castaño había construido para sus hijos, en cuanto entraron, se toparon con una escena que les rompió el corazón. Peter se encontraba sentado en el sofá grande con Morgan en su regazo mientras acariciaba su cabello. Ambos lloraban bajito, Peter tratando de consolarla y buscando las palabras adecuadas para explicarle que papi no volvería a casa, a su vez que él trataba de convencerse de que su papi los había salvado a todos con su decisión, que, era el puto héroe que él aspiraba a ser algún día, pero, no dejaba de pensar que era muy injusto que haya tenido que morir sin disfrutar de su vida un poco más, dejando lo que más amaba atrás. Y eso, dolía como el infierno.
—Quiero a mi papi—Sollozaba la pequeña niña mientras se acurrucaba a su hermano mayor.
—Yo también, nena, yo también quiero a papi.
—Pues, papi está aquí—dijo Tony con un nudo en la garganta, sorprendiendo a todos, sus niños lo miraron extrañados y hasta un tanto asustados, su corazón de padre se estrujó en dolor—lo sé, estoy un poco más joven, pero les juro que soy yo, Pet, Morgoona, soy yo...
En cuestión de segundos y tras escuchar sus apodos, ambos niños corrieron a abrazar a su papi, Tony comenzó a llorar, pero esta vez de alegría.
—Papi, ¿eres tu?—Preguntó Morgan mientras se aferraba a la pierna de su papi.
—Si bebé, soy yo—Tony la cargó para abrazarla a su cuerpo, mientras besaba los cabellos y mejillas de su hijo mayor.
—¿Como?, papi, lo siento, yo debí protegerte, yo...
—Shhh, está bien, mi niño, está bien, no debes sentirte culpable, todo sucedió como el destino lo dictó, ahora todo estará bien.
[...]
—Cuando tomé el Mjolnir entre mis manos, tuve una visión—comenzó a relatar Steve, quien estaba sentado en el sofá abrazando a Tony, quien tenía a Morgan acurrucada en su regazo y Peter sentado junto a él, también acurrucado, no quería perderse ni un momento de su papá, mientras Pepper, Happy, Rhodes, Thor, Loki, Bruce, Sam y Wanda se encontraban sentados frente a ellos.
—Fue algo realmente impactante para mi en ese momento de crucial importancia en nuestra batalla contra Thanos—continuó el rubio— Yo, vi a Tony adulto convertirse en su versión más joven y me decía repetidamente que lo buscara, en ese momento pensé que mi imaginación me estaba jugando una mala pasada, que, el temor de perderlo me estaba haciendo alucinar, pero no fue así, cuando...—Steve tragó duro, recordar aquello era muy difícil y doloroso, entonces, miró a su esposo para convencerse de que estaban juntos— Cuando chasqueaste los dedos y te vi, me sentí morir, estaba en tal estado de shock que mi mente no quería procesar lo que mis ojos estaban viendo, no pude ni siquiera acercarme a consolar a nuestro hijo, ni siquiera pude acercarme a ti, a pesar de que con tus ojos me llamabas a gritos—unas lágrimas amargas bajaron por sus mejillas—cuando tu reactor se apagó, me quise ir en ese mismo instante contigo, es más, estaba buscando una forma de acabar con mi vida en ese preciso momento.
—¿Te volviste loco? ¿Y nuestros hijos?, ¿no pensaste en ellos? —se exaltó Tony, asustando a Morgan en el proceso.
—Fueron precisamente ellos los que me detuvieron, ver a Peter, al pie de tu cuerpo, siendo sostenido por Rhodes, llorando desconsoladamente, fue lo que me sacó de aquel agujero negro—Steve besó el rostro de su esposo y acarició los cabellos de su hijo— en ese momento, supe que no podía irme contigo por más que quisiera porque me habías dejado lo que más amábamos en este mundo a mi cuidado, que, si no los protegía como debía, me patearías el trasero cuando nos encontráramos en el más allá.
—Sin duda alguna lo habría hecho, Rogers.
—Lo se, mi amor, lo sé, entonces, cuando intentaba hacerme a la idea de que no volvería a ver tus ojos, decidimos emprender el viaje para regresar las gemas y, cuando tomé nuevamente el martillo entre mis manos, tuve aquella visón otra vez, salvo porque ya no apareció el Tony mayor, ahora sólo era el Tony joven el que me llamaba y que me decía insistentemente que lo buscara, entonces lo comprendí, debía buscarte a través del tiempo para reencontrarnos.
—Sin duda alguna, la magia de Asgard y de nuestros padres aún nos protegen—comentó Thor mientras abrazaba a Loki, quien sonrió ante sus palabras y su tacto.
—Pero, ¿como es que recuerdas todo lo que viviste? —preguntó Rhodes más que curioso.
—Para ser sincero, no lo sé—Tony se encogió de hombros—lo único que sé, es que, yo sabía desde que nací que algo no cuadraba, cuando tuve uso de razón, fue cuando mis recuerdos se agolparon en mi cabeza y ocuparon del todo mi mente y comencé a esperar a Steve, ciertamente podría darte mil y una teorías al respecto y jamás acertaríamos con la correcta, simplemente agradezco inmensamente a la fuerza que haya hecho esto realidad, que me haya dado una oportunidad para vivir con mi familia—su voz de quebró por la emoción  y sus hijos y esposo lo abrazaron con fuerza.
—Entonces, si hablamos hipotéticamente, eso quiere decir que muy probablemente Natasha esté pasando por lo mismo que tu en algún lugar en el tiempo—soltó Bruce bastante esperanzado.
—Es muy probable, todo es probable en esta vida— comentó Loki, acariciando su prominente vientre. Él jamás pensó que podría estar junto al amor de su vida y menos que podría cargar en su vientre a su hijo, pero, fue posible.
—Me pondré a ello, entonces, me alegra que hayas vuelto, Tony.
Bruce se retiró de la casa con los ánimos en alto y la esperanza tejiendo sus redes dentro de su corazón.
—¿Que quieres hacer ahora?—preguntó Steve mientras todos comenzaban a intercambiar opiniones y experiencias.
—Quiero estar así por siempre—Tony se acurrucó contra el cuerpo de su esposo mientras abrazaba tiernamente a sus hijos.
—Esa es una excelente idea, te amo.
—Y yo a ti, mi amor, los amo tres millones.

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