Le seré sincera,
Me pesa verla tan hundida y sin ganas de salir a inhalar la brisa que se respira fuera del mar.
Lleva años buceando, creándose un castillo de recortes bajo el agua y convirtiendo cada estrella de mar en chuchillas que se clava en pecho, alma y mente.
Se encierra en él, escuchando las voces del fondo del océano, siguiéndolas y creyendo sus falacias, se deja arrastrar por ellas y no se esfuerza en romper con sus tormentos.
A ratos, la he visto correr convertida en tsunami, arrasando con todo lo que le costó construir, por rabia o por miedo a que eso la sacase al aire libre.
He sentido sus miedos, y admito que mi pecho se encogió y mi ojos, como con pena miraron dentro de ella, no vieron nada, había abandonado su esencia, solo le quedaban restos de otro ser que había posado su cuerpo ahí.
Le cogí la mano, intenté acariciar su alma, pero no fue suficiente,
Estaba tan perdida que no quiso subir a mi barco, se negó a mirar hacia la orilla y repetidas veces me aseguró que no podía acompañarme a la superficie, que todo lo que mis ojos habían estado viendo solo era el interior de aquel monstruo que la tenía cautiva, que todo lo que había construido se encontraba dentro de él.
Fue entonces, cuando casi llorando, sentada en la orilla le grité que la esperaba, que no importaba el tiempo que tardase en salir, que yo siempre aguardaría con mi bote para remar por ella mientras pudiese recuperar las fuerzas que había perdido en aquel CAOS con nombre y apellidos.
02:54
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Pasadas las 00:00
PuisiParanoias mentales a destiempo. A veces es necesario sacar algo bueno de un corazón dañado, así como escribir su historia recordándola de la forma más bonita que se merece un sentimiento. Parandose a pensar si realmente todo valió la pena, si tu pec...
