Will
Desperté viendo la cosa más hermosa del mundo.
Ya sé, existen muchas cosas hermosas, distintas dependiendo de la persona que se hable, pero para mí, la imagen que presenciaba en ese momento era la más hermosa del mundo.
No solo eso, era tan perfecta que olvidé mi dolor de cuello, el brazo dormido o el frío que sentía en uno de mis pies.
Porque Des estaba ahí, durmiendo junto a mí, con sus piernas extendidas y soltando soniditos muy raros por la boca, que podrían ser ronquidos o palabras en algún idioma desconocido.
Pero era perfecta.
Su cabello caía desordenado por los lados de su cuerpo, mi camisa se había abierto ligeramente y dejaba ver sus pechos con un sostén de encaje rojo sin tiras, y el tatuaje que ambos compartíamos se veía claramente.
Deseo.
No sabía por qué en nuestra embriaguez habíamos decidido plasmarnos eso en nuestra piel, pero existía, y aunque en algún momento pensé en sacarlo, ahora viéndola a ella con el tatuaje me decidí a mantenerlo siempre conmigo.
A fin de cuentas, era lo que nos había llevado a ese punto.
Me acerqué un poco a Des y acaricié con las yemas de mis dedos la piel de su rostro y cuello. Era imposible resistirse a acariciar algo tan perfecto como ella.
Era la primera vez que sentía algo así, que sentía que alguien era verdaderamente perfecto.
Y ese alguien era la mujer que descansaba a mi lado.
Jamás esperé encontrarme en una situación como esa, sintiendo como nunca lo había hecho, musitando las mismas palabras que semanas antes no significaban nada más que una definición sin sentido.
El amor es seguridad, calidez y poder ser uno mismo sin temor a que el otro te rechace.
Y con Des, siempre con ella, podía sentir esas cosas... Si era amor o no, no importaba porque sentía. Yo, William O'Connor, el chico que se había negado alguna vez a permitir que una mujer entrase a su vida más que por unas horas algunas noches, estaba sintiendo muchas cosas por esa pequeña chica junto a mí.
Cosas buenas en su mayoría, pero algunas malas también. Como inseguridad... La inseguridad de no tenerla siempre junto a mí.
¿Qué pasaría si un día ella se iba? ¿Qué pasaría si ella no sentía, al menos no como yo lo hacía? ¿Qué pasaría si eso terminaba, si no era tan fuerte como yo creía?
La noche en que nos besamos algo me había empujado a hacerlo. En mi mente pasó la idea de perder esa amistad, y quise detenerme para mantenerla, pero cuando vi su rostro supe que no podría detenerme, incluso si eso destruía esa amistad que tanto apreciaba.
La besé y sentí como todo en mí volvía a encenderse, como si renaciera de las cenizas. Pude haberme detenido, estuve a punto de hacerlo, pero cuando me correspondió perdí toda cordura en mí.
Fueron solo un par de minutos, yo no iba a detenerlo incluso si eso significaba perder nuestra amistad... Pero ella fue sensata y se separó.
Esa noche no dormí pensando en lo cerca que estábamos, y millones de dudas embargaban. Si acaso se arrepentía, en qué había pensado al besarla, si acaso había arruinado nuestra amistad definitivamente...
Rocé sus labios con mi pulgar y suspiré.
Pero ella estaba ahí, esa era toda la respuesta que necesitaba. Ella estaba ahí, en ese momento, conmigo... Y no se había ido, no había escapado.
ESTÁS LEYENDO
Deseo
RomanceLo único que deseaba era conseguir mi trabajo soñado y poder vivir mi vida tranquilamente, no necesitaba emoción, y tampoco a un chico que tarde o temprano me habría abandonado. Por eso no termino de entender cómo acabe en esta situación. Ahora deb...
