Capítulo 20. Decisiones

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-Hola mamá. -Mascullé y me arrodillé frente a la lápida de mi madre.

En ella estaba su nombre: Eva Ariel Michel. Su fecha de nacimiento: septiembre de 1982. Su fecha de muerte: septiembre de 1996. Y una inscripción: "amada hija, hermana y madre, una verdadera Michel y una gran mujer".

Suspiré con tristeza.

Había dicho que no le llevaría flores pero jamás le quitaría eso. Ni siquiera sabía si ella estaba ahí, sabía que sus huesos lo estaban, pero ella... Pese a eso, me gustaba creer que siempre me escuchaba, que apreciaba las flores, que estaba ahí cuando yo iba a verla.

-Te echo de menos. -Musite dejando las flores en su tumba. -Sé que siempre te grito y que discuto demasiado contigo, y sé que tú metes tus manos en mi vida porque disfrutas viéndome arreglar tus desastres... Pero te amo, y te echo de menos cada día de mi vida pese a que jamás te conocí.

Era impresionante cómo podías amar a alguien sin conocerle, pero yo amaba a mamá del mismo modo que ella me amó mientras estaba en su vientre. No nos conocimos, pero nos amaremos de por vida.

Limpié un poco la lápida y acaricié su nombre con aire perdido.

Mi abuela le había puesto Ariel en honor a su propia madre, mientras que a mi tía Ava le había puesto Carmín en honor a su padre. Mi abuela amó a sus padres, especialmente a su padre, y les puso a sus niñas sus nombres para recordarlos.

Nunca llegué a conocerlos, porque se alejaron de la vida de mi abuela cuando ella decidió escaparse con el hombre que debería ser mi abuelo, a pesar de que él estaba casado con otra mujer. Mi abuela y ese hombre mantuvieron una relación de varios años, el hombre casi dejaba a su esposa, cuando descubrió que mi abuela estaba embarazada de gemelas... Entonces escapó.

Mi abuela, valientemente, se hizo cargo de ambas niñas y, en honor a sus padres, los cuales nunca conocieron a sus nietas, les puso a sus niñas sus nombres.

- ¿Sabes? Sé que sabes todo sobre mi vida. -Mascullé con suavidad. -Sé que estas pendiente de mí, como siempre, y sé que sabes de los problemas en que estoy metida. Me acosté con un hombre, mamá, y fue increíble... Pero no lo recuerdo. Mi tía dice que saque eso de ti, mi borrachera con lavado de memoria. -Sacudí la cabeza. Ni siquiera debería estar pensando en el hecho de que mi madre bebía desde los catorce años. -No importa ahora. Ya sabes eso, te lo dije tras mi primera borrachera, ¿recuerdas eso? Tenía quince años y la tía Ava no dejó de reírse de mí.

Sonreí ante el recuerdo. Tiempos aquellos cuando era una niña y podía hacer las idioteces que se me viniese a la cabeza. ¿En qué momento me había vuelto una adulta? Deseaba volver el tiempo atrás, a mi dulce infancia, cuando mis preocupaciones eran ir a la escuela y asegurarme de que mi borrachera no fuese en exceso. Ahora tenía que trabajar y hacerme cargo de todo lo que me rodeaba, pagar las cuentas y mandar al desagüe mi auto.

-Lo que importa ahora es que necesito consejo de tu parte. -Declaré finalmente. -Y no es con respecto a un libro, de eso ya me hice cargo, creo que estabas conmigo ese día... Te lo recuerdo si quieres, hiciste llover. -Recordé con diversión. -Quiero saber qué debería hacer con William y con la situación en que estoy envuelta. ¿Qué debería hacer, madre? Mándame una señal.

Esperé quince segundos por mi señal hasta que mi teléfono sonó. En la pantalla salía el nombre de Kyle.

Rápidamente mi corazón se aceleró y sentí un ligero anhelo de oír su voz.

- ¿Esta es tu señal, madre? -Pregunté al cielo. Me encogí de hombros y contesté. -Hola, Kyle.

-Hola Des... ¿Cómo estás?

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