Capítulo 44

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Todos somos unos egoístas.
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—¿A qué se refieres con eso? —pregunta Zack acercándose a nosotros, está claro que todos escucharon.

Mi madre se aclara la garganta y mira a mi padre. Ambos caminan hasta la punta de la gran mesa y allí nos observan a todos.

—Que la que todos creían no es la verdadera profecía —susurra mi madre.

Los murmullos no se hacen esperar en la gran sala. Grandes y chicos comienzan a hablar entre ellos.

—¿Puedes decir las cosas completas? ¿Cómo es la profecía entonces? —pregunto ya cansada de tanto drama.

Ya cansada de que todos a mi alrededor digan mentiras. Mis propios padres.

-La bruja original no ayudó como se cree que lo hizo. Ella estaba cansada de las constantes guerras en Salem, su pueblo, aquí. Y la maldición que echó fue que... —se detiene para tragar grueso, veo lágrimas formarse en sus ojos.

—¿Mamá? ¿Cuál fue la maldición?

-Cuando la princesa cumpliera los dieciocho años se desataría una guerra entre cazadores y licántropos.

Sí, y yo podría matar al cazador original. Eso ya lo contó.

-Eso ya lo sabemos, Alteza —dice un hombre de la manada, ni siquiera sé su nombre pero tiene razón. Mi madre lo mira y asiente, va a hablar pero se nota que no puede continuar, ¿qué tan grave es?

-Se supone que la princesa mataría al cazador original. Pero en realidad ella nos matará a todos nosotros, cazadores y licántropos, hasta a ella misma.

El aire me queda atorado en la garganta cuando mi padre suelta esas palabras.  Nos mintieron, nos mintieron gravemente. Yo no tengo palabras para lo que acaban de decir, yo no quiero matar a nadie.

Es decir, sí quiero matar al cazador pero no a los demás, no puedo hacer eso.

Los niños que estaban cerca mío se corren con sus padres hasta la otra esquina con un claro miedo en su mirada. Yo no quiero hacerles nada.

-¡¿Por qué lo ocultaron?! ¿Por qué? —grito cuando encuentro la voz, aunque la última pregunta sale casi en un murmullo.

Mis padres se enderezan y me miran.

-Porque es lo mejor que nos puede pasar. Ya todo acabaría aquí en Salem, encontrarían la paz —dice mi madre tan tranquila como siempre otra vez.

-Podemos encontrar la paz de otra manera... me criaron como una maldita arma, ¿verdad? ¿Eso es lo que soy? Estaba mejor con los cazadores, al menos ellos iban a hacer algo sensato.

La cara de papá se vuelve dolida y los ojos de mamá tan azules como los míos.

-Iban a matarte —sisea mamá.

Me río sarcásticamente.

-Ustedes también, solo que conmigo van a morir todos. Es algo demasiado estúpido para llamarse reyes. —Me río y salgo furiosa de la sala.

Camino rapidísimo en el pasillo para ir a mi habitación. Lagrimas empiezan a salir de mis ojos. Todo el maldito y estúpido mundo me miente. Mis padres, mis otros padres, Ethan, Penny y Cristina.

Estoy comenzando a creer que el plan de Cristina tiene sentido. Conmigo muerta antes de mis dieciocho, no habría guerra, no habría muertes, por eso me entregaron a los cazadores, para que me maten.

Me detengo en el pasillo y me apoyo contra la pared cuando siento que el aire no llega a mis pulmones. Me estoy ahogando, maldita sea, voy a morir.

¿No es eso lo que quería?

Abro la boca lo más que puedo pero el maldito aire no entra. No lo siento, me estoy ahogando, no puedo respirar.

<<Aiden, por favor ayúdame.>>No encuentro respuesta de su parte y mi corazón se está agitando más, no puedo respirar.

-¡Emmy!

Mi hermano me sostiene y me mira. Yo me agito cada vez más en busca de aire. Maldita sea. Sí quiero morir pero no así.

Eso no tiene sentido.

-No puedo res... respirar... Ayúdame, voy a morir —digo entre jadeos, esto se siente tan feo.

Empiezo a llorar porque no quiero morir pero tengo que hacerlo. Tampoco quiero matar a dos especies enteras.

Mi hermano toma mi rostro en sus manos y yo solo me siento más ahogada debido al llanto.

—No vas a morir, hermanita. Tranquilízate y respira, puedes hacerlo. —Niego agitadamente con la cabeza mientras sigo llorando y buscando aire—. Cierra los ojos y toma aire, luego cuenta hasta tres y expúlsalo, ¿Si? Repite conmigo.

Le hago caso pero no puedo tomar aire, no me llega nada, maldita sea.

—V-voy a matar a todos, Aiden, te-tengo que morir.

Estoy recuperando un poco el aire pero aún sigo llorando. No quiero esta profecía, no quiero y no puedo dejar que se cumpla.

-No, no tienes que morir. Y yo tampoco quiero que ocurra pero así es la profecía, hay que cumplirla.

Él porque no entiende todo el peso que tengo en mis malditas manos. Separo mi cara de sus manos y me levanto, sigo agitada pero he recuperado el aire.

-¡No es una profecía, es una maldición! Y no quiero cumplirla, ¿Sabes lo que significa para mí hacer todo eso? ¡No, no lo sabes, maldita sea!

Me duele gritarle así pero estoy harta de que le resten el significado a todo solo porque ellos no lo viven.

Yo llevo un enorme peso en la espalda, perdí a Liam y seguiré perdiendo gente mientras esté viva. Seguiré sufriendo todo por una maldición que puso una maldita bruja egoísta. Estoy harta de hacer todo lo que esta estúpida profecía diga, no nací para esto, nací para vivir y esto no es vida, no soy un arma.

-¡Sé lo que significa pero no puedes cambiar el destino, ya está escrito! —grita mi hermano, sorprendiéndome.

¿Qué pensaste, Emmy? ¿Qué se iba a quedar callado y dejar que le grites?

Me limpio las estúpidas lágrimas y lo miro furiosa.

-¡Pues voy a escribir mi propio destino! ¡Esto no es vida, Aiden! Voy a romper la maldita profecía. Por nosotros y por los cazadores, porque a fin de cuenta, estamos todos metidos en la misma bolsa. —Suelto un gruñido y sigo caminando por el pasillo.

Entro a mi habitación y tranco la puerta, no quiero que nadie me moleste. Luego me acuesto en mi cama, la cabeza está haciéndome mierda del dolor.

Voy a cumplir las palabras que le dije a Aiden, una tonta maldición no puede conmigo.

En mis manosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora