Capítulo 38

474 59 14
                                        

┏━━━━━━━━━━━━┓
Descubrimientos mentales.
┗━━━━━━━━━━━━┛

EMMALINE.

Tengo muchas ganas de atacar al hombre que tengo enfrente y puedo hacerlo, ya no estoy bloqueada. El tema es que él está armado y me mataría de unos disparos.

—¿Qué miras, princesa mugrosa?

Aprieto mi mandíbula.

Contrólate, Emmy.

—Tu fea cara, cazador asqueroso.

El hombre se ríe sarcásticamente y se da vuelta para quedar frente a la reja. Repentinamente serio.

—¿Qué fue lo que dijiste? —pregunta abriendo la reja.

—¿Eres sordo?

Aprieta su mandíbula y entra a la celda. Camina lentamente hasta quedar a un metro mío. Saca una enorme daga que tiene en su pantalón y yo retrocedo asustada. Aiden tiene razón cuando dice que no siempre tengo que ser así de valiente... o brutalmente directa. Es la misma cosa.

—Creo que estoy demasiado aburrido, quiero clavar esta daga en algún lugar.

—Clávala en tu pecho, nos harías un favor a todos.

Pasa algo totalmente inesperado.

Me empuja al piso de la asquerosa celda y yo caigo de espaldas, intento levantarme rápidamente pero me agarra del cabello y clava la daga en mi estómago.

Grito, grito demasiado. Me duele como la mismísima mierda. Cierro los ojos y aprieto los dientes aguantando el dolor.

Ya van a sacar la daga y te vas a sanar, Emmy, resiste.

Pasa completamente lo contrario. El hombre juega con la daga dentro de mi estómago y yo no puedo hacer nada por el dolor. Grito. Ruego para que deje de hacerlo pero solo se ríe.

—¡Ya basta! ¡Para! —chillo con todas mis fuerzas y siento la daga quedarse quieta en mi cuerpo, aún duele.

Abro los ojos y veo al hombre quieto mirándome fijamente con los ojos azules. Azules como cuando me transformo. Extrañada saco la daga de mi estómago mientras me muerdo el labio inferior para calmar el dolor. Lo mejor de todo es que en unos segundos mi cuerpo queda tal cual a como estaba antes, bendita sea la sangre licántropo.

Me levanto y veo como el hombre está quieto pero mueve los ojos con cada movimiento que hago. Los ojos azules.

—¡Los ojos azules! —exclamo entendiendo todo. Yo hice eso, lo hice con mi habilidad. Me metí en su mente y lo puedo controlar. Sonrío emocionada, tengo que probar esto—. Agarra la daga.

El hombre sigue como está ante mi
nueva orden y yo me voy decepcionando. Tal vez yo no hice nada.

Lo observo unos segundos y el cazador toma la daga.

¿Por qué demoró tanto? ¿Y si me está haciendo caso por gusto? ¿Si me está engañando? Tengo que mandarlo a hacer algo que nadie haría.

—Clávate la daga en el estómago.

Vamos a ver si tú puedes curarte.

El hombre me hace caso. Se clava la maldita daga en el estómago y cae al piso quejándose del dolor. Esto es increíble. Le saco el arma del cuerpo y la limpio con su uniforme. Es ahí cuando miro enfrente mío y me doy cuenta que la reja está abierta. Soy libre.

No espero ni un segundo más y me escondo la daga en el pantalón, luego salgo de esta asquerosa celda.

Por supuesto que no todo iba a ser tan fácil.

Lo único que se ve es un enorme pasillo de piedra, sucio y desgastado. ¿Para dónde se supone que tengo que ir? Aún tengo que encontrar a mi hermano.

Comienzo a caminar a la derecha. Soy zurda y mi vida es una mierda así que me tiro por lo contrario. No sé si eso tiene algo que ver pero con algo me tengo que guiar.

Camino, camino y camino. Lo único que veo es el mismo pasillo oscuro.

—¡Ayuda! ¡Por favor! —Giro mi cabeza para donde creo que viene el grito.

Es una voz femenina y parece estar sufriendo, mataré a todos estos idiotas si capturaron a otra licántropo.

—¡¿Dónde estás?! ¿Quién eres?

Soy consciente de que algún cazador me puede escuchar pero estoy armada y ahora aprendí a usar mi habilidad más que nunca.

La única respuesta que consigo es un fuerte sollozo. Agudizo mis oídos y sigo el sonido, no puede estar muy lejos.

Camino por un corto tiempo hasta que estoy frente a una celda igual a la mía pero sin cazadores de guardias. Dentro de ella hay una chica de aproximadamente mi edad. acostada en el suelo en posición fetal. Parece estar lastimada. Muy lastimada.

Y es licántropo, lo siento por su aura.

La sangre me hierve de solo pensar lo que estos asquerosos le hicieron.

Cuando me siente mueve un poco la cabeza y me ve, puedo ver un poco de esperanza en sus ojos, pobre chica.

Abro la celda con fuerza y entro en ella. La mujer al principio se asusta y retrocede, encogiéndose en el lugar. Doy un paso atrás, lo que menos quiero es asustarla. Le tiendo mi mano y sonrío.

—Hey, no te haré daño. Ven conmigo.

Extiendo mi aura para que la sienta, solo así sabrá que soy licántropo y confiará. Se relaja y se para como puede. Veo que su tobillo está lastimado y vuelve a caer. Me acerco hasta ella y la ayudo a levantarse mientras se apoya en mi hombro. La única forma de que esté lastimada aún es porque lo hicieron con un arma especial.

—Gra... Gracias —murmura mientras salimos de la celda.

—¿Quién te hizo esto?

Es un poco obvio que fueron cazadores pero quiero saber específicamente. La chica me mira, desconfiada.

Tenemos que salir de aquí, apúrate.

No seas insensible, está asustada.

—Caza... Cazadores.

No me digas, genio.

Asiento para no ser grosera y seguimos caminando en el pasillo. El peso de ella no es mucho comparado con la fuerza que tengo.

Caminamos unos minutos más y siento como algo me tira del brazo. Me separaron de la chica. Mierda.

Cazadores.

AIDEN.

No sé como voy a salir de este lugar pero tengo que hacerlo, lastimaron a Emmaline en el estómago. Lo sentí. Escucho como hay guardias en la esquina de los pasillos pero en mi celda no. Tal vez si consigo salir de ella puedo con estos hombres.

Prendo mis manos en llamas y las apoyo en las rejas. No sirve de nada, es una celda especial. Los hijos de perra tenían todo listo.

—¿Qué estás haciendo, Leblanc?

Miro al estúpido individuo detrás de las rejas.

—Sacame ya. ¡Dijeron que no le harían daño! —grito agitando las rejas furioso.

Ni siquiera sé porqué confié en su insignificante palabra. Estoy así encerrado por ellos. El hombre se ríe y llena una jeringa. Voy para atrás. Si quiere inyectarme eso, que entre, lo despedazaré.

—No entraré, lobito. Tengo armas. —Frunzo el ceño confundido. ¿Armas de qué? Un fuerte dolor en la pierna me hace caerme. Pero este dolor no es mío, Emmy–. ¿Qué te pasa, idiota?

Quiero arrancarle la cabeza a este cazador pero no puedo, el dolor es muy fuerte. ¿Qué le están haciendo a mi hermana?

En mis manosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora