El acuerdo comercial estaba firmado y quién tenía los beneficios era claramente Kozlov y su compañía, y nadie sabía porque.
Todos los humanos habían salido de la habitación, pues la Reunión había terminado. Los socios inmortales se habían quedado, con ganas de preguntar.
— ¿Y el aperitivo? — Esperaban saber del delicioso aroma que flotaba en el aire.
— No hay aperitivo. — Comentó Kozlov levantándose y caminando a las ventanas del auditorium enorme y moderno. Sus guardaespaldas estaban ahí con él, y él simplemente quería cobrarse el desplante del día anterior.
Estaba molestó con sus socios, porque no habían esperado el día anterior, y como si no fuera nada habían hecho caso omiso de la orden.
— Ayer pedí tiempo. — Kozlov evaluó la situación, volteandose a verlos.
— Nadie es tan paciente. — Él en cambio odiaba las excusas.
— ¿Su vida es tan ocupada? — Preguntó Kozlov.
Uno de esos socios inmortales, que ni siquiera llevaba dos años de haber renacido como un completo inmortal le habló, y ojala no lo hubiera hecho.
— Más que la tuya, quizá sí. — Kozlov sonrió a medias, sacando el pequeño tubo que le quedaba intacto en el bolsillo. Batió la sangre un momento, queriendo probar su teoría sobre los demás.
— Ayer estaba ocupado, consiguiendo esto. — Habló destapándolo, y de pronto incluso sus guardaespaldas, y sus secretarías, el resto de socios inmortales lo voltearon a ver con necesidad, embobados por el delicioso aroma en el aire. Todos querían probar si esa sangre sabía tan gloriosamente bien como olía.
— ¿Qué... es eso? — No entendieron de inmediato, Kozlov lo bebió frente a ellos. Y arrojando el tubo al suelo, las gotas que se quedaron esparciéndose hicieron que el frenesí se desatara en los inmortales presentes, y frente a los híbridos inmortales que trabajaban para él éstos simplemente se quedaron descolocados como si no pudieran moverse porque si lo hacían perderían la consciencia.
A Kozlov le pareció maravilloso, maravilloso que tenía a esos inmortales estirados lamiendo el piso de su auditorium en busca de un par de gotas de sangre, la sangre de su asistente.
Los había humillado, y a él le agradaba, sabía que debía mantener a su asistente más cerca por cualquier inconveniente o simplemente cuando quisiera tener un comodín de ventaja sobre otros inmortales.
Salió de el salón como si nada, con la frente en alto, y tal vez le daría la tarde libre a la señorita Heinz por su aporte.
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Monique estaba sentada en el suelo terminando de organizar los expedientes en la oficina del Señor Kozlov, casi terminaba, su cuello dolía un poco y su espalda también por la posición, pero encontrar el orden alfabético en esa pila de expedientes era todo un desafío.
La puerta de la oficina se abrió con rapidez, estrepitosamente decidió ponerse de pie.
— ¿Ya casi termina? — Ella asintió. — Bien cuando termines informame. —
Ella asintió otra vez, volviendo con los expedientes, esperaba ver que él tomaba su silla de cuero frente a su escritorio de cristal, pero sin embargo se sentó en el sillón de cuero grande frente a ella.
Se sintió extraña y un poco incómoda porque sentía la mirada del señor Kozlov en su nuca, aunque cuando volteaba a verlo tenía en su mano una tablet en la que al parecer repasaba sus negocios o estadísticas. Pero en realidad Kozlov si que no podía evitar voltearla a ver cada tanto, tenía curiosidad por ella y su sangre.
— Ya está. — Se levantó lentamente del lugar esta vez intentando parecer profesional. — ¿Alguna otra cosa? — Él negó.
— Tienes la tarde libre. — Ella asintió, un poco más relajada en su interior, porque debía ir por su carta de suicidio. Entonces Kozlov se levantó de su lugar para sentarse en su asiento de cuero, tocó un botón y el primero en entrar fue Leonard.
— Llevala a... ¿Dónde señorita Heinz? — Le preguntó Kozlov a Monique. Ella lo pensó seriamente.
— A la clínica de mi otro trabajo. — Kozlov frunció el ceño hacia ella.
— En su contrato se especifica que sólo puede prestar sus servicios exclusivamente a... — Heinz lo interrumpió con una sonrisa.
— En realidad sólo quería renunciar formalmente. — Leonard se mordió la lengua al notar que la señorita Heinz había interrumpido a Kozlov.
— No vuelva a hacer eso. — Ella asintió un poco avergonzada. — Llevala a donde ella quiera y luego a casa. ¿Cree que puede venir a tiempo desde su casa hasta aquí en la mañana? —
— Si Claro, yo soy bastante puntual. — Ella siempre intentaba estar en un lugar 15 minutos antes.
— Buenas Tardes entonces Señorita Heinz. — Ella asintió.
— Con su permiso Señor Kozlov. — Le sonrió brillantemente, comenzó a caminar hacía afuera.
— Leonard quédate un momento. — El chofer asintió, cuando ella salió de la oficina Kozlov volvió a hablar.
— ¿Si Señor? —
— Fíjate en donde vive, y si hay inmortales cerca. Pediré un informe completo sobre ella mañana. — Leonard no sabía el porqué la atención, simplemente asintió, sabiendo que tenía que cumplir.
Cuando Leonard siguió a Monique donde lo esperaba en el ascensor y ambos estuvieron dentro, Monique soltó aquel suspiró de alivio.
— ¿Ha sido duro el primer día? — Ella negó.
— Prácticamente no he hecho nada. — Admitió con una sonrisa. — Tal vez sólo tal vez aún hay esperanza. — Leonard sonrió, esperanza de morir pronto tal vez.
— ¿Sirvieron los consejos? —
— La verdad sí, aunque yo no sea tan buena siguiendolos. —
— Ya veo. — Leonard cerró los ojos un momento a olfatear para ver si ella era la dueña de la sangre que había escuchado que él señor Kozlov había esparcido en el auditorium. Pero no, no olía nada especial en ella, su sangre quizá hasta era insípida, porque olía como a un humano cualquiera.
Se dirigieron al auto en el que se transportaba el Señor Kozlov cuando lo necesitaba, porque de vez en cuando le plácida salir a pasear por sí sólo, como el día anterior.
A Leonard le pareció extraño que tuviera que llevarla a su casa, incluso pasear por su vecindario, ni siquiera le había pedido eso por las otras dos secretarías, o algunas otras humanas con renombre que habían llegado a su oficina, simplemente las despedía como si nada, y por lo visto la humana que llevaba ahora en el auto no era simplemente nada.
Cuando estacionó fuera de la clínica, se quedó observando a su alrededor, pensante mientras esperaba que la asistente de Kozlov saliera, y cuando lo hizo parecía tener un par de lágrimas en los ojos, además de un par de papeles y un sobre en su mano.
— ¿Todo bien? — Preguntó por cortesía, y Monique asintió limpiando sus lágrimas.
Agradecida de que no leyeran el resto de la carta, o que al menos ni siquiera la hubieran abierto porque tuvieron que cerrar al tener una llamada de emergencia por uno de sus pacientes.
— Así es, todo bien. — Le dió las indicaciones de su bloque de apartamentos que quedaba en la parte más peligrosa y de bajos recursos de la ciudad.
Se aseguró de ver que ella entrará a salvo al lugar de su vivienda.
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Más Dulce que la Muerte.
VampierMonique está pérdida, no encuentra salida alguna más que un horrible intento de suicidio, decide acabar con su vida para no tener que seguir soportando sus problemas como siempre. Un intento de familia que escapó dejándola con tantas deudas que su s...
