(𝗔𝗗𝗔𝗣𝗧𝗔𝗖𝗜Ó𝗡 𝗖𝗟𝗔𝗨𝗠𝗜𝗟𝗜𝗔)
La mágica historia de Emilia, una prostituta bien pagada y Claudio, el orgulloso y millonario empresario.
¿Logrará este amor sobrevivir a las habladurías, a la diferencias de clase y por supuesto... a ellos...
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- Claro.
- ¿Dónde están sus padres?- preguntó curioso.
Emilia suspiró- no tengo idea.
- ¿Se ha preguntado dónde pueden estar?- preguntó mientras seguía conduciendo.
- El 30% de mi vida me lo he preguntado el otro 70% lo he dedicado a preguntarme los porqués- suspiró- ¿por qué no están? ¿por qué no me buscan? ¿porqué me dejaron con mi tía?-, suspiró de nuevo-después de tanto tiempo aprendí a resignarme.
Peter apretó el volante por las emociones que lo inundaban- lo siento tanto señorita, todo ha sido muy difícil para usted, ¿cierto?
- Sí, pero no importa, tal vez, tal vez ellos ahora tengan una familia, tal vez hayan tenido más hijos y quieran ser felices.
- ¿Y dónde queda usted?
- Donde he estado todo este tiempo, cayendo cada vez más en el fondo del hoyo.
Y entonces se giró mirando hacia la ventana dando por terminada la conversación, Peter lo supo y decidió no hurgar más.
Unos 20 minutos más tarde Emilia estaba anonadada mientras subía las escaleras de un elegante edificio de muchos pisos.
- Wow- dijo sorprendida- ¿esto es de Kevin?
- De la familia Meyer señorita.
- Vaya, es enorme.
- Acompáñeme- le tomó por el codo- hola Ruth.
La recepcionista le sonrió pero cuando vio a Emilia la miró de arriba a abajo mientras fruncia el ceño- ¿pasa algo Peter?
Peter sacó una enorme sonrisa- nada que no tenga solución, ¿el señor Meyer está en la oficina?
- ¿Padre o hijo?
- Hijo.
Ruth asintió y miró la ropa de Emilia- está en su oficina ¿te anuncio?
Peter asintió- por favor.
Ruth levantó el teléfono mientras Emilia se sentía tan incómoda, la mirada de la mujer le recordaba lo que era.
- El señor Claudio los espera, con el señor Kevin- miró a Emilia de nuevo- disculpa señorita, ¿me regala su nombre?
- Kevin ya está aquí peter- miró a Peter- ¿para qué tengo que darle mi nombre?
Peter sonrió- todos los visitantes tienen que dejar su nombre.
- Oh- miró a la mujer- Emilia Ruíz Palacios.
Ruth lo anotó, Peter le sonrió a la mujer y entraron al ascensor, cuando las puertas se cerraron Emilia soltó el aire que contenía en sus pulmones, estaba asustada, nerviosa, ansiosa.