Capítulo 4

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Siete y cincuenta y Guillermo (el chófer) me ha dejado en la universidad, ya que se me hizo tarde para venirme caminando, estaba esperando a que llegaran mis mejores amigos así que me senté en nuestro aula; por el momento leeré un poco. Diez minutos después y llegan estos dos riendo casi como locos ganándose una mirada extraña de mi parte.

- ¡Isabela! – me abraza Mia.

- ¡Preciosa! – correspondo al saludo, lo sé mucho amor pero así nos tratamos.

- Zopenco – miro a Harrison.

- Bruta – nos miramos entre cerrando los ojos.

- ¡Qué gusto verte tonto! – lo abracé y él a mi.

- Lo sé Chabela – ríe, me separo y lo miro mal.

- Sabes que no me gusta que me llamen así – fruncí  el ceño.

- ¡Dejen de pelear ustedes dos! – interviene la peli negra.

- Pues él comen... - mis palabras fueron interrumpidas.

- ¡Hola Isa! – me saluda.

- ¡Hola Sam! – le sonrió nerviosa.

Muy bien, Sam Frost es un chico de un semestre arriba que yo y que estudia fisioterapia, digamos que es mi amor platónico, digo es un tipo guapo, casi peli rojo, con pecas por toda su hermoso rostro, ojos verdes con un poco de café y un atleta del equipo de fútbol en la universidad.

- Me preguntaba si... ¿quieres ir al cine conmigo? – pregunta tomando su nuca nervioso.

¡Oh por Dios!, me esta invitando a salir con él, chico popular con alguien no popular no se puede creer.

- Ammm... y-yo – volteo a ver a mis dos mejores amigos buscando una respuesta, Harrison niega con su cabeza y Mia asiente repetidas veces, ¿a quién le doy la razón?

- ¿Entonces? – me mira a los ojos y siento que me estoy derritiendo por dentro.

- ¡Claro, me encantaría! – un leve rubor se apodera de mis mejillas.

- Ok, paso por ti a las seis en punto a tu casa – me guiña un ojo y se va.

Sigo viéndolo como boba hasta que lo pierdo de vista, entonces Mia se acerca a mi y me toma de los hombros moviéndome fuerte de un lado a otro.

- ¡Vas a salir con el papacito de Sam! – dice emocionada.

- ¡Lo sé y no lo puedo creer! – digo también emocionada.

- Haz cometido un error – el rubio ruedo los ojos y se va a su asiento.

- Hazza, ¿no estás feliz por mi? – me posicionó frente a él con cara de "cachorro".

- Lo estaría si fuera con otra persona – me mira levemente – ¿acaso no sabes su reputación?

- Lo sé pero... puede cambiar – hago una mueca, ok Sam es un tipo guapo y por ende se aprovecha de eso ganándose una reputación de mujeriego.

- Ni volviendo a nacer – cruza sus manos frente a su pecho.

Iba a responder pero el profesor de anatomía llegó al aula, todos nos fuimos a sentar y como siempre me fui con Mia. Estaba realizando un ensayo, estando totalmente concentrada pero eso duró poco.

"Isabela" – escuche el murmullo en mi oído volteando a ver a Harrison ya que fue una voz masculina la que me habló –

Hazza estaba escribiendo ni siquiera me prestó atención así que vuelvo a la actividad, no pasando cinco minutos vuelvo a escucharlo.

"Isabela" – dice alargando la "a" –

Volteo con mi mejor amiga y ella me voltea a ver frunciendo su seño.

- ¿Te pasa algo Isa? – dice extrañada.

- ¿Tú o Harrison me llamaron? – pregunto en susurro.

- No, bueno al menos yo no – contesta de la misma forma.

Asiento y volvemos cada quien a la actividad, los únicos compañeros que tengo a un lado es a: Mia obviamente, Carlos y Angie en la mesa de enfrente, Fernanda y Jaz a mi lado izquierdo, Karyme y Julio en la mesa de atrás y Harrison y Kevin a mi lado derecho. Sigo con mi ensayo y durante el resto de clases no escuché más ese murmullo, tal vez sea de esas veces que escuchas que te llaman, pero no es así o algún chistosito de mis compañeros me estaba gastando una broma.

[...]

Tres y treinta, Harrison me dejó en mi casa, al entrar y no veo ningún movimiento dentro de ella, mis papás tal vez están en la compañía y los mellizos con mi abuela, ahora todo tiene sentido lo que decía mamá en el desayuno, había olvidado que debo ir por ellos. Subo a mi habitación y comienzo a cambiar mi uniforme (ya que todos los jueves nos toca llevarlo), ya lista con unos jeans azul claro, una blusa completamente blanca y unos Nike negros, bajo las escaleras sintiendo una vibra rara y una pequeña corriente de viento chocando en mi cara haciendo que me quede estática.

- ¿Todo bien señorita? – pregunta Guillermo.

- Sí, vamos a casa de mi abuela Maru por los niños – bajo del lugar donde estoy y me dirijo al coche.

- Me comenta Matilde que para la comida hará spaghetti, ¿le gusta o desearía que cambien? – me comenta el chico cuando sube al auto.

- No, esta bien – le digo con una sonrisa la cual me corresponde y pone en marcha el coche.

[...]

- ¡Hola hija! – dice emocionada mi abuela y me abraza.

- ¡Hola abue! ¿Cómo estás con los pequeños traviesos? – le digo al separarme de ella y ver que se acercan los mellizos.

- Me la paso muy bien con ellos, son muy bien portados – dice al momento que acaricia la cabeza de Mateo.

- Pasa el truco porque en la casa son todos unos pillos – le dije con burla.

- Eso no es cierto abue – dice Sofía haciendo un puchero.

- Lo sé corazón – le sonríe - ¿Isa te quedas a comer? – me mira en busca de mi respuesta.

- No abue, gracias, es que tengo una cita – le sonrió apenada pues mi abuela cocina de maravilla y no me gusta rechazarla.

- ¿Con quién jovencita? – frunce el ceño.

- Con Sam Frost, un compañero de la universidad – contesto apenada – bueno abue me voy que se me hace tarde – me acerco a ella y beso su mejilla.

- Me tendrás que contar de eso muchachita – me señala.

- Claro, despidan se niños – les doy un leve empujón.

- Adiós abuela – dicen al mismo tiempo, le dan un beso y nos retiramos de la casa para ir al coche y regresar a nuestro hogar.

[...]

Cinco y cuenta; estoy sentada en el sofá esperando a que Sam llegue, mientras tanto reviso mi celular y contesto algunos mensajes. Seis en punto y se escucha el timbre, me levanto del lugar y voy a la puerta para abrirla, lo hago y no hay nadie frente a ella lo que hace que salga del lugar y verifique que alguien la haya tocado pero no. Buscando a alguien aparece Sam en su auto con una sonrisa perfecta a más no poder.

- Hola, veo que ya me esperabas – dice al llegar a mi lado.

- Digamos – respondí nerviosa.

- ¿Nos vamos? – me extiende su mano y yo la acepto, abre la puerta del copiloto dándome paso, al hacerlo rodea el coche.

Miro nuevamente la puerta de la casa y sus alrededores para ver a alguien, pero solamente estamos Sam y yo, me quedaré con la duda, debo despejar mi mente para disfrutar de mi cita con el chico Frost.

𖤐. ❛𝐋𝐀 𝐌𝐀𝐋𝐃𝐈𝐂𝐈𝐎𝐍 𝐃𝐄𝐋 𝐏𝐋𝐀𝐂𝐄𝐑, 𝑡𝑜𝑚 ℎ𝑜𝑙𝑙𝑎𝑛𝑑Donde viven las historias. Descúbrelo ahora