041| Final.

1.5K 235 111
                                        

El pasado es un prólogo.

Seis meses después...

—¡Cuidado, Emma!

Tuve tiempo de esquivar el proyectil cuya trayectoria iba dirigida a mi cara. Ahogué un jadeo y mis dedos se cerraron entorno a un cojín que lancé hacia mi agresor.

Mi tiró error en una cantidad ridícula de metros estampándose contra una pared.

El niño se echó a reír ante mi demostrada y profundidad ineptitud en cuanto a temas de puntería. Al menos lanzando almohadas por al aire era un auténtico asco.

—¡No te burles! —amonesté, saltando hacia delante, cayendo en la cama, muy cerca del chiquillo—. Ahora veras.

—¡No! —clamó Josh y empezó a retorcerse cuando mis dedos comenzaron a pellizcar y cosquillear su abdomen— ¡Piedad, por favor!

Su respiración se tornó irregular y las carcajadas subieron de volumen. Me detuve cuando juzgué que necesitaba recuperar el aliento y alcé las cejas con un deje burlón.

—Eres un blandengue —bromeé, hundiendo un dedo en su tripa que ascendía y descendía con rapidez.

Josh soltó otra risita y trató de calmarse.

El tiempo le había sentado bien, logró recuperar el peso perdido y volvía a tener las mejillas redonditas y sonrosadas en aquellos momentos por la actividad. A primera vista parecía un niño completamente sano, pero algo en su interior había cambiado, y el alcance de ese cambio terminaría repercutiendo en ciertos ámbitos de su vida.

Había sobrevivido a un gran trauma, perdido a sus padres, y aún así, tenía energías para reír y seguir adelante. Se había convertido en un héroe y un modelo a seguir para mí.

Por ese motivo pasaba a visitarlo cuatro veces por semana un par de horas, jugando un rato con él, conversando o haciendo cualquier cosa que le apeteciese aquel día.

—Ey, chicos —Stefan Williams hizo acto de presencia, golpeando con sus nudillos la puerta entreabierta. Ambos nos giramos en su dirección—. Hora de la cena.

Asentí, poniéndome de nuevo en pie, estirando las prendas arrugadas con los dedos y adecentándome un poco después de la alocada pelea de almohadas que se había disputado hacía apenas unos minutos.

—Tengo que irme entonces —proclamé, suspirando.

Josh elaboró un puchero con los labios y me sujetó de la muñeca con expresión suplicante.

—Puedes quedarte a cenar —propuso y se volvió hacia su tío—. ¿Verdad?

Negué con la cabeza y le tomé las manos en un gesto cariñoso.

—No puedo, tengo un compromiso, Josh. Pero pasado mañana vendré más temprano, puedo traer unos gofres, hacemos unas palomitas y vemos la película que quieras, ¿te parece? —inquirí con una sonrisa sincera y suave.

Josh afianzó el mohín durante unos segundos antes de rendirse. Terminó suspirando.

—¡Está bien! —manifestó y me lanzó los brazos al cuello. Sostuve su cuerpo entre los míos y lo apretujé muy fuerte. Olía al suavizante de su ropa y al champú— ¡Nos vemos, Emma!

—Adiós, enano —me despedí al tiempo que lo despeinaba con una mano.

Tenía el cabello bastante largo, pero él insistía en dejarlo así y la verdad le quedaba bastante bien, así que no volví a insistir en el asunto.

Dark Clak [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora