029| Ahondando.

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Voy por sangre; ninguna ley, ningún código de conducta. Me pones en la dirección correcta, alejaste de mí el infierno —Lobezno.

Di un paso hacia atrás cuando las piernas optaron por responderme. Estaba patidifusa, noqueada, impactada... mi mente al completo cortocircuitó por la información tan sorprendente como inverosímil que, sumada a su actitud, me voló las pocas neuronas sanas de las que disponía.

En mi retroceso las piernas me fallaron y trastabillé hacia atrás con torpeza.

—¿De qué narices estás hablando? —demandé saber y la voz me salió aguda y alterada— Estás loco.

Brett sonrió y esa mueca logró ponerme el vello de punta pero no en sentido positivo. Todo su ser parecía desprender un aura de perversidad y retorcida diversión que se me contrajo el estómago.

—No estoy loco, reina. Querías saber la verdad y ahí la tienes.

Volví a negar y me sujeté con fuerza a la barandilla. El aire frío de la noche cargado de humedad barrió los escasos metros cuadrados donde nos encontrábamos y se coló con maestría a través de mi ropa. Temblé pero no me importó estar congelándome en aquellos momentos, necesitaba una explicación lógica... ¡a todo!

—¿A-Acaso tienes pruebas? —mi ceño se frunció y esquivé su mirada.

De repente me tensioné por completo y comprendí muy a mi pesar que empezaba a estar verdaderamente asustada.

—No —lo dijo como si nada y acompañó su negativa con un simple encogimiento de hombros— No de momento, al menos. Pero serán fáciles de obtener, tan solo debemos seguir a tu querido profesor durante el tiempo suficiente como para que nos conduzca al lugar donde tiene al crío. Deberías estar contenta, era lo que querías.

La cabeza me daba vueltas y me forcé a tragar saliva cuando sentí la garganta seca. Las palabras se amontonaron en la punta de mi lengua pero cuando abrí los labios fui incapaz de emitir un sonido coherente. Boqueé como una pez fuera del agua y mi cabeza volvió a sacudirse con desasosiego.

—Nada de lo que dices tiene sentido...

El híbrido dio un paso en mi dirección y aunque quise retroceder me resultó imposible. Quedé acorralada entre su presencia y una caída mortal a mis espaldas. Aunque no podría decir cual de los elementos era el más peligroso.

Aún tenía el sabor dulzón de la sangre en el paladar y el labio inferior me ardía por el leve y morboso contacto de hace tan solo unos segundos.

Sus pies descalzos dejaron huellas de sangre conforme avanzaba. Era un espectáculo hermosamente siniestro. Su figura elegante como un enorme felino que avanza con la seguridad de un gran depredador se cernía sobre mí. Llevaba unos pantalones oscuros y un jersey de cuello alto de color negro que resaltaba el rubio de su cabello que en aquellos momentos se encontraba despeinado a causa del viento.

Y sus ojos... que decir de ellos.

Eran un arma efectiva y mortífera. Dos globos oculares con iris de distinto color en los cuales las emociones parecían competir antes de desaparecer en una espesa capa de férrea indiferencia y un hielo sobrehumano.

—No tengo razones para mentirte, Emma, lo sabes —paseó la lengua por su labio inferior que aún tenía restos de mi propia sangre— Lo sabes.

Hice un ruido extraño.

—No, no lo sé. No sé nada de ti... nada, ¡y ahora vienes a decirme que Alex es un asesino! ¡Sin pruebas! ¿¡Y pretendes que confíe ciegamente en ti a pesar de estar comportándote como... como... ?!

Dark Clak [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora